Guerra de guerrillas: ¿Ahora por crimen organizado?

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Durante toda la última semana del agonizante 2009, hubo una doble tendencia en el tipo de información que manejaron los medios de comunicación en el país, respecto a la guerra contra el crimen: por un lado, establecieron que por las acciones policiacas y militares contra la criminalidad, el año que terminaba era el más violento de la década; y vaticinaron, según reportes extranjeros, que en 2010 podría acentuarse un cambio de estrategia en las acciones de defensa y ataque por parte del crimen organizado. Se vaticina una ola de terrorismo y de guerra de guerrillas. ¿Por qué?

En el primero de los aspectos, las propias cifras oficiales dejan ver el tamaño de la violencia que se ejerce alrededor de la criminalidad. Según el periódico El Universal, de la Ciudad de México, en 2009 se contabilizaron 7 mil 724 muertes relacionadas con enfrentamientos entre criminales y fuerzas federales, y en disputas entre los propios grupos delincuenciales antagónicos. En el recuento, el diario citadino apuntaba que “en 2005 se contabilizaron mil 573 muertos; en 2006 sumaron 2 mil 221; al siguiente año fueron 2 mil 673 homicidios, y 2008 cerró con 5 mil 630”. Esto es, que la violencia criminal se ha ejercido a ritmos sostenidos de crecimiento en los últimos años.

Toda esa violencia tiene una explicación: en cuatro años, ni la autoridad ha podido imponerse sobre los grupos criminales que existen en el país; pero que, tampoco, en sus pugnas internas, ninguna de las organizaciones delincuenciales ha podido imponerse sobre las demás; por eso, esta guerra genera enfrentamientos y ajustes de cuentas que sólo en 2009 generaron más de 21 muertes violentas por día, en alguna de las distintas regiones y entidades de la República mexicana.

En todo esto, es imposible subestimar el poder de fuego y la capacidad económica que, hoy día, continúan teniendo todos los grupos criminales del país. Durante los últimos años, el gobierno federal —a través de la Policía Federal, y las fuerzas castrenses y navales— han enfrentado a la criminalidad sólo en el ámbito de la acción policiaca y las disputas territoriales. El grado de violencia que se ha ejercido entre todos los involucrados, deja ver feroces intentos —mutuos— de desmoralización.

En todo esto, las cifras oficiales dejan ver que de 2005 a la fecha, en la sumatoria de ejecutados el crimen organizado ha tenido alrededor de 20 mil bajas, y que éste se sigue reabasteciendo de elementos humanos y capacidad de fuego, gracias al enorme potencial económico que continúa ostentando. Sin embargo, todos saben que sostener indefinidamente una guerra de esa naturaleza, tendría altos costos. Por eso hoy se habla de la búsqueda de “variaciones” en los frentes de guerra de los grupos criminales.

Esas variaciones, evidentemente, tienen que ver con la “sustitución” del enfrentamiento directo, por la emboscada, el terrorismo y la manipulación social para incrementar la reprobación ciudadanas a toda acción anticrimen emprendida por el Estado. Ahí es, justamente, donde se inscriben las “nuevas estrategias” que en los últimos han venido reportando los medios informativos del país.

 

CAMBIO DE ESTRATEGIA

En una definición sencilla, citada en Wikipedia, la guerra de guerrillas “es una táctica militar de conflictos armados, que consiste en hostigar al enemigo en su propio terreno con destacamentos irregulares y mediante ataques rápidos y sorpresivos, voladuras de instalaciones, puentes y caminos o secuestros de armas y provisiones”. Es justamente lo que en otros tiempos utilizaron los grupos políticos que optaron por la vía armada, para tratar de conseguir los cambios democráticos que exigían. En buena medida fue de esas estrategias que éstos fueron motejados como “guerrilla” o “guerrilleros”.

Sin embargo, es evidente que si el objetivo es hostigar y menguar a las fuerzas del Estado, una estrategia de esa naturaleza bien podría ser utilizada por otros grupos que, teniendo propósitos distintos al de las organizaciones clandestinas de finalidades políticas, adoptaran formas de lucha armada relacionadas con la guerra de guerrillas. Esa, por tanto, podría ser la nueva estrategia de los grupos criminales. Y la más clara muestra de todo ello, son las emboscadas y ataques sorpresivos con armas de alto poder, en los que recientemente han causado docenas de bajas a las fuerzas federales.

Junto a ello, los grupos criminales bien podrían estar optando por las estrategias relacionadas con formas de terrorismo. Eso era previsible desde antes de los eventos trágicos ocurridos en Morelia, Michoacán, la noche del 15 de septiembre de 2008, en los que emisarios de la criminalidad lanzaron tres granadas de fragmentación en contra de la población que se había congregado en la Plaza Melchor Ocampo para escuchar el tradicional Grito de Independencia. El saldo final de ese ataque, fue de 8 civiles muertos y más de 140 heridos.

Esos ataques fueron perpetrados para atemorizar a la población y para intimidar al gobierno. Fue una reacción “natural” del crimen organizado, ante el incremento de la violencia y el acoso gubernamental en su contra; pero además, todo eso constituye intentos claros por parte de la criminalidad, de hacer ver a la población que el Estado ha fallado en su tarea de protegerlos y erradicar la violencia, así como de combatir eficazmente a los criminales. Es decir, que todo esto es un intento clarísimo de desmoralización, para que la sociedad deje de respaldar la lucha anticrimen y, al contrario, asuma una posición de rechazo y condena por sus fracasos e ineficacia.

Todo esto es lo que podríamos ver en este año. El peligro inminente de todo esto, es que esas nuevas formas de violencia implicarían, ahora sí, de modo importante, a la población civil. Siendo realistas, este podría ser el riesgo más alto para este 2010, incluso por encima de cualquier levantamiento armado relacionado con sublevaciones o revoluciones.

 

EN FAMILIA

Cuando a finales del mes pasado fue anunciada la designación de Ricardo Ruiz Zaragoza como nuevo Consejero Jurídico del gobierno estatal, se establecieron como sus principales datos curriculares que éste es abogado por la UNAM, y que ha desempeñado varios cargos en la PGR y el Instituto de la Defensoría Pública Federal. Pero más allá de su experiencia profesional, éste es yerno del abogado Jorge Franco Jiménez. ¿Para su designación fue determinante la trayectoria o el parentesco? Es pregunta.

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