2010: Asonadas por pobreza, no por bicentenario

+ Rebelión: por agotamiento de sistema democrático

Uno de los temas más recurrentes durante el año que comienza a transcurrir, sin duda será el de un posible alzamiento armado. La llegada de 2010 trae consigo una sensación de incertidumbre por las posibilidades de que, como hace 100 y 200 años, éste sea el principio de un nuevo alzamiento armado, para tratar de cambiar al régimen y al modelo político que actualmente gobierna al país. Es aventurado y poco exacto suponer que por la sola llegada de 2010 algo de eso pudiera ocurrir. Pero si se toma en cuenta el complejo contexto social, económico y político del país, las cosas cambian radicalmente. ¿Podría ocurrir, en el futuro inmediato, una asonada importante en el país?

La pregunta no es ociosa, y va más allá de la sola explicación cíclica de por qué sí podría haber una nueva rebelión en 2010. En realidad, si únicamente se tratara de intentar explicar hechos presentes o futuros, en base a la incidencia de acontecimientos similares en tiempos pasados que ocurrieron en lapsos más o menos parecidos de tiempo, estaríamos frente a argumentos altamente vagos e imprecisos, que nunca han podido ser sustentados a través de métodos e instrumentos comprobables.

Así, no sería extraño llegar a dos conclusiones sobre la explicación “cíclica” sobre las posibilidades de una nueva rebelión armada. La primera de esas conclusiones tendría que ver con el hecho de que si la independencia de México inició en 1810 y la Revolución 100 años después, fue porque en esos momentos ocurrieron hechos determinantes —muchos de ellos meramente circunstanciales o de absoluta praxis política generada en el momento— para definir los alzamientos, y que cada uno de ellos tuvo sus propias circunstancias y derivaciones. Prácticamente nada de eso tuvo que ver con los ciclos.

En esa lógica, nada tendría de raro considerar que si el contexto para el inicio de la guerra de Independencia se hubiera dado en otro momento, éste podría haber ocurrido una década antes o una después de cuando fue, y no necesariamente en 1810; lo mismo, exactamente, ocurriría con el inicio de la Revolución Mexicana. Fueron las circunstancias y no los ciclos los que determinaron esos alzamientos armados.

La segunda de las conclusiones, en esa lógica, tiene que ver con la llegada de 2010. Del mismo modo, nada relativo a este año se encuentra, o tendría por qué encontrarse, determinado por los ciclos históricos. Hoy el entramado institucional del país es mucho más sólido que hace 100 ó 200 años; las condiciones políticas son distintas; y el contexto internacional es diametralmente opuesto al del pasado. Es decir, que si fuera sólo por los ciclos no habría motivación alguna para que éste año tuviera que ocurrir algo excepcional respecto a los potenciales alzamientos armados.

Sin embargo, esta explicación que parece desvirtuar la posibilidad de una asonada en 2010, también da pie a considerar que, al contrario, algo de esa magnitud sí puede ocurrir. Es cierto que México tiene una solidez nada comparable con la del pasado; pero vemos también que continúan existiendo importantes circunstancias que hacen posible que la inconformidad social escale, y que eso pueda llegar a convertirse en un movimiento de magnitudes hasta ahora poco visualizadas.

2010 Y SUS CONDICIONES

Más allá de los ciclos, tenemos que ver que 2010 presenta dos problemas graves que pueden desencadenar una insurrección popular o armada. El primero de ellos, es el de las gravísimas condiciones de desigualdad social, pobreza e injusticia que existen en el país; y el segundo de esos problemas, consiste en el profundo desgaste que presenta el modelo político y democrático del país.

La nuestra, al llegar a su fin la primera década del siglo XXI, es una sociedad lastimada por dolorosos flagelos sociales como la pobreza, y también agraviada profundamente por un sistema político, democrático y electoral que no ha alcanzado a tener la suficiente transformación y evolución, como para dar garantías a la sociedad de que está verdadera y correctamente representada, y de que tiene un gobierno eficaz y legitimado.

En este sentido, no deja de llamar la atención que dentro y alrededor de las principales fuerzas insurgentes, haya una claridad —hasta deslumbrante— de mucho de lo que ocurre en el país, y de las adversas circunstancias propias de nuestro tiempo, que cultivan la inconformidad y que podrían dar pie a un alzamiento más o menos similar a los ocurridos hace 100 y 200 años, respectivamente, en nuestro país.

Las siguientes, son consideraciones de la ex dirigente del ERPI, Gloria Arenas Agis, expuestas en una entrevista concedida a un diario guerrerense, y reproducida por el sitio www.cedema.org; vale la pena comprenderlo y no echarlo en el saco del desperdicio. “El concepto de democracia en este sistema se reduce a las elecciones, la democracia consiste en que haya partidos y entre ellos se elija quién va a gobernar, y el papel de la demás gente es escoger a uno entre esa clase política. Ese concepto de democracia es un distractor para que la sociedad no vea que ella puede construir otra cosa, otro tipo de poder, lo que nosotros llamamos poder popular o poder desde abajo, que no consiste en elegir a alguien de una clase política que ya es corrupta.

“Entonces ese concepto que conocemos de democracia es la parte política que sostiene al capitalismo, si queremos otra cosa diferente y si nos consideramos izquierda anticapitalista, ese concepto de democracia tiene que cambiar. Tiene que ser otra cosa en lo que pueda participar la sociedad, que no esté excluida, porque ahora se llama democracia pero se excluye a la mayoría de las decisiones.”

COCTEL PELIGROSO

Su concepción es importante no porque justifique un alzamiento, sino porque establece lo que debería ser, pero no es, dentro de nuestra sociedad y nuestro sistema democrático. Ahí es donde se encuentra, y donde se ha encontrado, uno de los más grandes y recurrentes males de nuestra nación. Revisemos la historia, sólo para corroborar que México siempre ha “cojeado” de ese mismo pie, independientemente del tiempo y los momentos históricos. Así, es cierto que el modelo político da reiteradas muestras de agotamiento; pero también es palpable que si en ese contexto se combinan la inconformidad por motivos políticos y la incertidumbre por el crecimiento exponencial de los problemas sociales, lo que tendremos enfrente, es un coctel explosivo para una potencial nueva rebelión.

almargen@tiempoenlinea.com.mx

almargenoaxaca.wordpress.com