Candidatura priista: a todos, el tiempo se les acaba

+ Desgaste: ¿por qué ya no crecerán en preferencias?

 

Al menos tres son los hechos que han marcado el comienzo del año entre los priistas: la revelación de resultados de nuevos sondeos, sobre los niveles de popularidad e intención del voto hacia cada uno de los aspirantes a la candidatura a Gobernador; el endurecimiento del discurso y las posiciones que han establecido por lo menos tres de los aspirantes; y la disputa mediática en que todos se enfrascaron ante la imposibilidad de encontrar el camino para lograr una candidatura de unidad. En todo esto, el mes de enero será determinante.

Desde principios de diciembre pasado, comenzaron las especulaciones sobre cuál era el nivel de aceptación de cada uno de los aspirantes a la candidatura priista al gobierno de Oaxaca. Indiscutiblemente, prácticamente todos los precandidatos de facto aseguraban haber remontado a sus competidores y haber alcanzado los mejores niveles de aceptación ciudadana. Hoy, la única encuesta revelada por el diario Milenio al inicio de la semana, indica que el senador Adolfo Toledo Infanzón es el más aventajado de los priistas. Todo lo demás que se ha dicho, no pasan de ser especulaciones y afirmaciones sin sustento.

¿Qué significa eso? Casi nada: que el proceso interno del PRI para la elección de su candidato a Gobernador, está inmerso en una situación de crisis. Es así porque la intención del Jefe Político de impulsar a uno de los aspirantes no ha sido ni simulada ni estratégica sin tan real como parece; pero porque esto, hoy choca no sólo con los resultados estadísticos —que revelan la competitividad real de cada uno de los aspirantes—, sino también con la negativa de todos los sectores priistas a aceptar a pie juntillas una decisión de esa naturaleza, tomando en cuenta la inconformidad que todo esto genera.

Hace ya algunas semanas, el presidente Municipal de Oaxaca de Juárez, José Antonio Hernández Fraguas externó su preocupación por la equidad en el proceso, e hizo llamados para que la competencia se emparejara y para que se tomara en consideración no sólo la preferencia del Jefe Político, sino las posibilidades de triunfo y la capacidad política y electoral de cada uno de ellos. Luego hizo algo más o menos parecido el senador Toledo Infanzón, e incluso el secretario de Administración, José Antonio Estefan Garfias, se sumó al llamado.

¿Qué deja ver todo esto? Que más allá de la confianza que existe entre quienes rodean al supuesto aspirante elegido para convertirse en candidato a Gobernador, hoy la competencia es más real que nunca; el problema para quienes en el priismo consideran que tienen la candidatura aún con las encuestas y los niveles reales de aceptación en su contra, es que sus posibilidades de seguir remontando posiciones y ganar popularidad, están prácticamente agotadas.

La cercanía del proceso formal para la designación del candidato, marcará el comienzo del desgaste natural entre todos, y la estabilización de los números y las posibilidades. Así, puede decirse que lo obtenido hasta este mes de enero, se aparece como el momento climax sobre el crecimiento, la competitividad y las posibilidades de triunfo para cada uno de los aspirantes priistas.

Entendido esto, lo siguiente que debe verse son las posibilidades de sostener la unidad del priismo, las potenciales fracturas y la suma real de todos los factores de poder del tricolor a quien resulte el Candidato a Gobernador. Este punto, aunque no lo parezca, será determinante para el proceso.

 

RIESGO DE RUPTURA

A un principio, los incrédulos aseguraron que era una exageración sostener que más allá de la decisión de una sola persona —el Jefe Político de los priistas—, habría una competencia real entre los aspirantes, y que sin unidad y con fracturas —que no son lo mismo—, el Revolucionario Institucional estaría en peligro real de perder los comicios de julio próximo. Veamos por qué.

Hasta el momento, todas las señales son claras en cuanto a la conformación de la unión de partidos de oposición. Es decir, que independientemente de quién sea el candidato, habrá una alianza entre las principales fuerzas opositoras, que finalmente incluirá a Acción Nacional y muy posiblemente a Nueva Alianza. Ante este escenario, es condición indispensable que en el PRI haya un solo frente, que sea real y no simulado; y que quien sea su candidato tenga la competitividad suficiente para ganar.

¿Cómo lograr ese frente? Con un partido verdaderamente unificado, que sume los capitales de todas sus fuerzas, representantes y factores internos de poder. Esa unificación sólo se podría lograr estableciendo fuertes alianzas internas. En otras palabras: que quien sea el Abanderado, sume a los cinco aspirantes que se quedaron en el camino de la candidatura, y que construya ante el electorado todo lo que le haga falta para afianzar el triunfo.

Si esa lógica se aparece como la más viable, pero el aspirante preferido para convertirse en candidato formal es quien ocupa el cuarto lugar en las encuestas, ¿cómo construir esa alianza interna en el priismo? La única respuesta posible —para realmente ganar y no para seguir en el autoengaño—, es que los tres personajes que se encuentran por encima de él, declinen en su favor, y luego pongan todos sus capitales políticos a disposición del Candidato. Es decir, que la llamada “cargada priista” se hiciera efectiva no sólo en el momento de la unción, sino durante toda la campaña y luego el día de los comicios.

Eso, según parece, no ocurrirá en el priismo. Y no será así, porque tanto el edil Hernández Fraguas como el senador Toledo han sostenido que buscarán hasta el final la postulación de su partido, y porque ellos dos se aparecen como los de mayor competitividad; el dirigente Jorge Franco no se ha pronunciado al respecto, pero es bien sabido que él y Estefan Garfias se encuentran en la misma ruta.

 

ESCENARIO REAL

Al final, si de todos modos se materializa el escenario que Franco, Estefan, Hernández Fraguas y Toledo rechazan, o habrá rupturas, o habrá “institucionalidad” aunque en realidad, ninguno de ellos sume sus capitales al priismo durante el proceso comicial que se avecina. Y en cualquiera de los dos escenarios, las posibilidades de salir derrotados se multiplicarán. Esta realidad no cambiará aún cuando los involucrados cierren los ojos. Mientras, la oposición se frota las manos y afina su estrategia. Una ruptura en el priismo sería el mejor escenario para sus adversarios. Y todos los tricolores deben ver que si pierde uno, finalmente pierden todos.

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