Coalición opositora y el factor Edomex

+ Comicios de 2010 serán espejo de 2012

 

La coalición de partidos de oposición que está en vías de conformarse en Oaxaca, no sólo parte de un ánimo democratizador de esas fuerzas partidistas, ni tampoco se centra en un interés particular en nuestra entidad. Si bien a la oposición codicia la posibilidad de arrebatar al PRI un bastión como el de nuestra entidad para hacerlo parte esencial de sus fortalezas, también es claro que esto es parte de un interés electoral que va más allá de Oaxaca. Veamos por qué.

Como bien se sabe, en 2010 se renovarán los gobiernos de 12 entidades federativas. En varias de ellas, tanto el Partido Acción Nacional como el PRD y las otras que integran el lopezobradorismo (es decir el Partido del Trabajo y Convergencia) se están abriendo con toda libertad al camino de las coaliciones de partidos. El objetivo, en cada uno de los estados en los que el PRI gobierna, es precisamente erigir frentes comunes para combatirlo —y tener posibilidades reales de arrebatarle los gobiernos estatales— para luego conjuntar otras estrategias similares, pero para los comicios federales de 2012.

En esa lógica, Oaxaca se aparece como un ejemplo de esas intenciones, pero no como un caso particular o aislado. De hecho, ya antes de 2004 habían existido diversas coaliciones de todos los partidos de oposición para tratar de arrebatar gobiernos estatales al priismo, y en varios de los casos lo habían logrado. Oaxaca, más bien, fue un golpe al orgullo de las fuerzas de oposición, porque ni aún haciendo uso de todas sus estrategias electorales, les fue suficiente el capital y lo obtenido, como para derrotar al tricolor.

Como contexto, si se recuerda, aquí, una vez pasado el proceso electoral de 2004 dichas fuerzas se confrontaron, y luego esa confrontación se hizo extensiva en los comicios estatales intermedios de 2007. En medio de todo eso, ocurrió la elección federal de 2006, en las que Acción Nacional y el PRD prácticamente se declararon enemigos a muerte.

Aunque en esas condiciones, se pensaba, habría de ser imposible una coalición, esto último es justamente lo que está ocurriendo. Es decir, el peor escenario en una tierra donde el priismo parece más fuerte que en ningún otro sitio. Quizá por eso, las solas sospechas de conformación de una coalición de los más fuertes partidos opositores, se torna particularmente sintomática e incómoda para el Revolucionario Institucional.

Así, en el ámbito estatal existe preocupación en el priismo —aunque lo nieguen—, porque saben que hace seis años la oposición estuvo a punto de ganarles la gubernatura (sólo los aventajaron por 36 mil votos), y porque aún hoy tienen claro que la única posibilidad de que sus adversarios les presenten una verdadera competencia electoral, es uniendo sus esfuerzos y haciendo frentes comunes. Podrán argumentar que de todos modos serán capaces de ganarles, y que les preocupan más otras cosas antes que la conformación de una coalición opositora. Pero lo cierto es que, en esas condiciones, los comicios de julio próximo serán todo, menos el “día de campo” que esperaba el priismo.

 

OAXACA… Y MÉXICO

Echemos un vistazo al pasado reciente, para corroborar que, en realidad, la coalición opositora que se gesta en Oaxaca tiene implicaciones más de nuestro estado: recordemos que en septiembre pasado, cuando por primera vez hablaron públicamente de esta unión de partidos, los dirigentes nacionales del PAN y PRD, la diputación oaxaqueña en el Congreso de la Unión, salió a repudiar dicha posibilidad. Desde ahí se dejaron ver algunas de las claves de todo este asunto.

En aquel momento, los diputados federales del PRI por Oaxaca hicieron un posicionamiento fuerte, y denunciaron que era el secretario de Gobernación, Fernando Francisco Gómez Mont Urueta, era quien había cabildeado personalmente la consolidación de esa unión de partidos. Luego de esa conferencia de prensa ocurrida en la Ciudad de México, se dejó venir casi en cascada, una ola de críticas periodísticas y señalamientos negativos a los intentos claros por coaligarse en Oaxaca, que entonces comenzaban a realizar Acción Nacional y las llamadas “fuerzas de izquierda”.

Nada de eso —como suelen ser las cosas en política— fue fortuito. La diputación federal oaxaqueña del PRI que repudió la alianza opositora, estuvo acompañada, entre varios otros personajes, por el coordinador de la bancada priista del Estado de México en San Lázaro, Emilio Chuayffet. Y se dice que buena parte de la acendrada crítica que lanzaron importantes sectores de la prensa del Distrito Federal a la unión PAN-PRD en nuestra entidad, fue operada por los asesores en materia de medios de información del gobierno de Enrique Peña Nieto.

¿Por qué? Porque en el Estado de México ven como un referente a nuestro Estado no sólo en cuanto a los triunfos priistas, sino también a las estrategias de la oposición. Es decir, que el apoyo a la inconformidad de los diputados priistas de Oaxaca, no fue porque consideraran como una contradicción ideológica que la izquierda y la derecha se unieran, sino porque sabían que si el primer paso era la coalición opositora aquí, el segundo sería una unión de similar naturaleza el año siguiente en tierras mexiquenses.

La razón es muy simple: si Ulises Ruiz pierde los comicios estatales de 2010, aún con la influencia que pudiera seguir teniendo en el priismo nacional, se verían obstaculizadas casi por completo sus aspiraciones de llegar a la dirigencia nacional. Y, en el caso mexiquense, si Peña Nieto no entrega su gestión a un gobernador priista, difícilmente podrá ser candidato presidencial.

Sólo que, para ellos, el riesgo es aún mayor a todo eso, y se centra en 2012. Por eso, en estos dos años es un imperativo vital para el priismo, no sólo ganar las elecciones a las que se presenten teniendo como adversaria a una coalición opositora, sino —si es posible— arrasarlos. Cualquier victoria le dará a la oposición las herramientas y la confianza que necesitan, para pensar que sí le puede ganar al PRI en los comicios presidenciales. Mucho más, si una de esas victorias se las lleva en Oaxaca o en el Estado de México.

MUSTANG SHELBY

Sí, en un Mustang Shelby se ha visto, por las calles de la ciudad, a Jorge Martínez Gracida Orduña, mientras en el gobierno estatal se guarda total hermetismo sobre las investigaciones ministeriales que lo involucran. Arturo Vásquez Urdiales, el otro presunto involucrado en la venta de patentes de notario, hace unos días ya hasta ofrecía sus servicios de fedatario a través de un clasificado publicado en un diario local. ¿Ganará la impunidad y el arreglo discreto en este asunto? Es pregunta.

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