Espino, se hace el “aparecido” cada que la alianza crece

+ Coalición opositora: ¿De nuevo, señales contradictorias?

 

¿Cuándo fue la última vez que estuvo en Oaxaca el ex dirigente nacional panista, Manuel Espino Barrientos? La pregunta no es ociosa: se apersonó en la Verde Antequera a principios de octubre pasado, justo cuando los presidentes nacionales del PAN y PRD, César Nava Vásquez y Jesús Ortega Martínez hablaron por primera vez de sus intenciones de formar una coalición en Oaxaca. Por eso, no es raro que ante el avance actual en la construcción de la alianza opositora, casualmente —sólo en apariencia— éste y otros personajes hubieran de nuevo hecho presencia en Oaxaca, para descalificar esa unión contradictoria de partidos.

Dicen, y lo aseguran bien, que en política las casualidades no existen. Por eso, todas estas situaciones no parecen ser ni hechos aislados, ni parte de una estrategia novedosa. Es una maniobra ya ampliamente conocida del priismo, a través de la cual pretende desestabilizar —y “amarrar navajas”— entre la oposición, haciendo uso del discurso de los claroscuros y del diálogo sin matices. Sólo que para que dicha estrategia le resulte funcional al oficialismo, necesita valerse de elementos nuevos, y de argumentos más sólidos. Veamos por qué.

La presencia de Manuel Espino, como lo dijimos antes, no es casual, y lo que vino a decir a Oaxaca, tampoco. Si lo recordamos bien, él fue quien los primeros días de octubre —hace poco más de tres meses—, se presentó como el primer panista de alto cuño, que no estaba de acuerdo con una unión de partidos de oposición, que incluyera a las fuerzas de izquierda que aún se negaban a reconocer a Felipe Calderón Hinojosa como Presidente Constitucional de México.

Esos señalamientos, rápidamente se combinaron con otros más o menos similares. Por aquellos días, el otrora líder moral del PRD, Cuauhtémoc Cárdenas, aseguró que una alianza del PAN con el PRD, PT y PC sería algo así como la mezcla inicua del agua y el aceite. El resultado de todo esto, junto con las condenas priistas que se hicieron desde la Cámara de Diputados y algunos sectores de la prensa del Distrito Federal, fue el sometimiento a una fuerte presión política y mediática a una coalición que apenas se vislumbraba.

Desde aquellos momentos (Ver Al Margen 12/10/09) en este espacio nos preguntamos si aquello era el principio del fin de la posible coalición de partidos de oposición. Luego de analizar algunas de las posibilidades, establecimos que, o todo eso era la prueba visible de una alianza que se quedaba sin sustento, o también podría ser un intento bien orquestado por los adversarios de la coalición “para desarticular el entusiasmo opositor desde distintos caminos”.

Evidentemente, todas las señales han apuntado a ese segundo camino. Contrariamente a lo que hubieran esperado en el oficialismo, de octubre a la fecha la intención de erigir una coalición opositora en Oaxaca no sólo se mantuvo, sino que se ensanchó. No es casualidad que aún con las contradicciones ideológicas y las desavenencias políticas habidas en esta ruta, hoy todas las fuerzas políticas de oposición (cada una en su tono y particularidades) continúe sosteniendo que exploran las posibilidades de entablar una coalición de partidos para los comicios de Oaxaca.

Por eso, no es raro que ante cada paso que da hacia delante la unión de partidos opositores, el PRI se valga del principio de que “los enemigos de mis enemigos, son mis amigos”, para hacer opinar a todos aquellos que, siendo opositores, no están de acuerdo con las decisiones aliancistas de sus partidos. ¿O apoco personajes como Alejandro Encinas Rodríguez y Espino, son actualmente cercanos a las dirigencias de sus respectivos partidos?

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LA ESTRATEGIA

Es claro que esta estrategia de descalificación sistemática a la coalición opositora, puede llegar a serle muy beneficiosa al Partido Revolucionario Institucional. Esto, por al menos dos razones: primera, porque sin duda las inconsistencias y vacíos ideológicos, además de las numerosas confrontaciones que tienen en sus respectivos haberes fuerzas como el PAN y el PRD, los lleva a enfrentar una debilidad visible y, acaso, irreparable. Y segunda, porque en sí misma esta unión puede manejarse sin ningún problema como una traición a los principios políticos, y como una muestra clara de oportunismo.

Sin embargo, si dicha estrategia pretende ser realmente exitosa, debe trascender el discurso de los claroscuros y situarse en un debate mucho más de fondo. De no hacerlo, a los detractores de la coalición pronto se les acabarán los argumentos, y con ello las posibilidades de tener éxito en su empresa desestabilizadora. Abundan las razones por las cuales debe haber más concreción y altura en el debate político que todo esto lleva implícito.

Pero vayamos por partes. Los detractores de la coalición han asegurado que ésta es como el agua y el aceite. No les falta razón. Y se han regodeado frente a argumentos como los dichos recientemente por algunos de los principales actores en la coalición. César Nava, dirigente nacional panista, aseguró que ellos no irían con ningún candidato lopezobradorista. Y casi al mismo tiempo, el senador Gabino Cué dijo que no se deslindaba del tabasqueño, pero que sí reconocía a Felipe Calderón como presidente Constitucional de México.

¿Es esto un obstáculo insalvable para la coalición, o para el senador Cué? Probablemente sí, si las posiciones no se flexibilizan. Sin embargo, no parece del todo posible que quienes pretenden coaligarse hayan hecho tanto como para quedarse detenidos por una cuestión de ese tipo. De hecho, en los círculos cercanos al senador Cué se sostiene que, contrariamente a lo que trascendió ayer, el pasado martes éste sí se reunió en privado con el presidente Calderón.

 

ELEVAR LA CRÍTICA

Por eso, quienes habrían de estar detrás de esas declaraciones aparentemente coincidentes y fortuitas de los opositores inconformes, deben ir más allá. Este discurso se les terminará si esas posturas aparentemente incompatibles transigen y llegan a acuerdos. La estrategia de descalificar utilizando el diálogo de los claros y los oscuros (es decir, negando la existencia de matices y puntos medios, en los que también existen contradicciones que pueden ser explotadas exitosamente) es eficaz pero sólo en el corto plazo. Si estas reprobaciones actuales no llegan a ser lo suficientemente poderosas como para minar estructuralmente a la coalición, dentro de poco ninguno de esos argumentos tendrá peso.

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