PAN-PRD: ¿Cómo coaligarse sin ceder posiciones?

+ Perredistas, grandes perdedores de uniones políticas

Hace tres días, el dirigente nacional del Partido Acción Nacional, César Nava Vásquez, aseguró que había disposición para buscar alianzas con los partidos de izquierda en entidades como Hidalgo, Oaxaca y Durango, pero que su partido no respaldaría a candidatos ligados con Andrés Manuel López Obrador, y que tampoco cederían en ciertas posiciones como el rechazo al aborto, a los matrimonios entre homosexuales, y en todas las discusiones relativas a la legitimidad del presidente Felipe Calderón Hinojosa. Más allá del tema ideológico, ¿cómo emprender una alianza en esas condiciones?

Este asunto tiene, en apariencia, una implicación estrictamente ideológica. Podría considerarse que con decisiones como esas, Acción Nacional dejaría a salvo sus principios morales y políticos más de fondo, y con eso tendría las pautas suficientes para lanzarse a una auténtica guerra por el poder tomados del brazo del Partido de la Revolución Democrática y las demás fuerzas de izquierda que lo acompañan.

Nadie se ha percatado, hasta ahora, que al asumir dichas posturas y decidirse a continuar con la empresa aliancista, ningún partido resulta ser más oportunista que el propio Acción Nacional. Del mismo modo, hasta ahora nadie parece iniciado una labor de autocrítica que los lleve a dilucidar que, con esas posiciones asumidas por los azules y convalidadas por los amarillos con su silencio, nadie perderá más que el PRD, no sólo en Oaxaca sino a nivel nacional. Veamos por qué.

En un primer momento, parecería que Acción Nacional está dejando a salvo sus posiciones ideológicas más acendradas, al señalar que ni va con lopezobradoristas, ni pondrá en la mesa de las negociaciones temas como el del aborto o los matrimonios entre homosexuales. Pareciera que esa es la salida más digna que encontraron frente a todos los cuestionamientos que se han vertido en su contra por las contradicciones que le resultan de la unión con las fuerzas de izquierda. En realidad, lejos de dejar a salvo cualquiera de sus principios, con esas posturas lo único que hace el PAN es profundizar la posición desde la cual ellos más que nadie resultan indefendibles.

Las razones son evidentes. Se supone que, teóricamente, en una alianza de partidos se conjuntan no sólo las postulaciones a cargos de elección popular (es decir, todo lo relativo al tema electoral que se dirime en los comicios), sino también las estructuras políticas, las plataformas de gobierno y las propuestas que llevan en conjunto al ciudadano para que éste confíe en ellos como una opción viable en lo electoral y en lo político.

En este sentido, no debe olvidarse que para unos comicios como los de julio próximo en Oaxaca, no sólo se elegirá Gobernador sino también diputados locales y presidentes municipales. Así, ¿cómo pensar en la unificación de una plataforma electoral y un programa de gobierno, cuando algunos, o todos, se reservan posiciones que consideran imposibles de negociar?

Acción Nacional, lo que en realidad está dejando ver, es un falso puritanismo y una marcada doble moral, en la que se niega a aceptar que, en pos de la alianza, los agravios del pasado sean superados, y sus temas tabú puestos a reconsideración; pero en la que, del mismo modo, no se decide a excluirse porque sabe que sólo de ese modo tendrá posibilidades de acceder al poder en entidades federativas que serán cruciales para el futuro, pero en las que ellos tienen una presencia política mucho más que escasa.

DERROTA PERREDISTA

Si en Oaxaca triunfa la coalición opositora, quien finalmente ganará será su candidato y el partido que lo postule. Ese es el escenario que se reproducirá en todas las entidades federativas donde potencialmente pueda ganar una alianza de partidos, en la que vayan coaligados Acción Nacional, el PRD y las demás fuerzas de izquierda. Es notable, en todo esto, el hecho de que independientemente de los triunfos y derrotas que puedan sufrir esas uniones partidistas, quien menos ganará será el partido del Sol Azteca.

El caso de Oaxaca ejemplifica este asunto a la perfección. El senador Gabino Cué Monteagudo es militante y dirigente moral del Partido Convergencia en Oaxaca. Su ascendencia política ligada al ex gobernador Diódoro Carrasco Altamirano, lo liga particularmente con el panismo; y su cercanía no renegada con Andrés Manuel López Obrador lo liga más con el PT que con el perredismo. ¿Habrán ya calculado en éste último partido esa situación?

La respuesta podría ser, lo mismo, afirmativa que negativa. Sin embargo, es evidente que la propia situación del perredismo nacional lo ha llevado a convertirse no sólo en aliado de sus otrora adversarios, sino incluso en su rémora. Ganando o perdiendo el gobierno de Oaxaca, de todos modos ese partido tendrá pocos dividendos que difícilmente podrá capitalizar en el futuro para incrementar sus niveles de aceptación entre el electorado.

Es decir que, si en el supuesto la coalición ganara los comicios de gobernador y la mayoría en el Congreso del Estado, al final el Gobernador electo no se asumiría como militante del PAN-PRD-PC-PT, sino como integrante de una sola de esas fuerzas políticas. Suponiendo también que Gabino Cué se convirtiera en Gobernador, éste no tardaría en reiterar su militancia convergente. Y encaminaría todos sus esfuerzos a ensanchar los capitales políticos de su partido a través de las acciones de gobierno, haciendo alianzas con sus fuerzas más afines.

Esas fuerzas partidistas más cercanas serían todas menos la perredista. La convergente, por razones obvias; la panista, porque ahí se encontraría a una parte de las posiciones que comparte con sus ascendientes políticos; y con la representación lopezobradorista, porque ésta habrá de ser una parte esencial de sus posteriores aventuras políticas. ¿Y el perredismo? Ese otrora icono de la izquierda democrática del país, podría quedar en el papel de comparsa, de conformista o de segundón.

MÁS OPORTUNISMO

Ayer, la prensa local dio cuenta de un encuentro entre María del Carmen Ricárdez Vela, Rosa Nidia Villalobos, y las diputadas Carmelina Cruz Silva, Claudia Silva, Eva Diego, y Paola España, para exigir que en el proceso electoral que se avecina se respeten las cuotas de género, y se tome en cuenta a los cuadros femeninos priistas. Toda una muestra de democracia, que se vio empañada porque, aseguran, Ricárdez Vela convocó a las demás priistas a un desayuno, pero sin decirles cuál era el motivo del encuentro, y mucho menos que había convocado a diversos medios de información. Vaya modos de la Directora del Registro Civil.

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