Académicos de la UABJO: ¿hay autocrítica?

+ No debía haber baños de pureza en el STAUO

Es cierto que el gobierno estatal, la Rectoría de la UABJO, e incluso la dirigencia del Sindicato de Trabajadores Académicos de la Universidad de Oaxaca, el STAUO, tienen muchas cuentas pendientes respecto a su actuación y pulcritud en el manejo de los recursos públicos. Sin embargo, es claro que junto a ellos también se encuentra un grupo más que, por si fuera poco, también se ha resistido a la autocrítica real sobre su desempeño: los profesores universitarios.

En efecto, es claro que tratar de ver hoy sólo de forma unidireccional, un asunto como el de los dineros destinados al pago de los trabajadores académicos de un centro de estudios de nivel superior como la UABJO, es tan erróneo como tratar de asegurar que todo es un mito. En realidad, asuntos como estos se agravan por la suma de factores. Nadie, en ese sentido, está exento de responsabilidades.

¿Por qué voltear también a ver a los trabajadores académicos? Porque aún cuando algunos son verdaderos universitarios, comprometidos con su labor y con la enseñanza en el nivel superior, también es claro que en diversos sectores se han anidado innumerables vicios que debían ser corregidos, a la par de la retabulación salarial que exige su sindicato, y que ya ha venido otorgando La Federación. ¿De qué hablamos?

De que los mismos académicos de la UABJO deberían hacer una labor autocrítica, para determinar que en su ámbito no todas las cosas son tan perfectas como lo pretenden aparentar, y que tampoco son tan inmaculados como parece.

Todo aquel que conoce la Universidad y sus entresijos, sabe que en diversas escuelas y facultades ocurren groseras prácticas de ausentismo, de acaparamiento, de engaño a la universidad, y de defraudación a la educación superior que dicen impartir los catedráticos. Todo esto ocurre, nada menos que a manos de profesores universitarios.

Veamos algunos casos en específico. Uno de ellos, acaso el más socorrido, tiene que ver con el abierto descontrol y discrecionalidad que existe en el otorgamiento de horas/clase en prácticamente toda la Universidad. En ese sentido, no es raro que muchos catedráticos se resistan a tener plazas de medio tiempo, o de tiempo completo, porque económicamente les resulta más redituable ser beneficiarios de esa aparente anarquía en el control de las horas frente a grupo.

Y es que, en efecto, aunque todo aquel que está, o alguna vez ha estado frente a un grupo impartiendo una materia en instituciones de educación superior, conoce las complejidades de preparar diariamente una clase, y sabe de la inversión de energía física e intelectual que ello requiere, en la UABJO existen profesores universitarios que, se supone, diariamente imparten hasta seis u ocho materias distintas.

De nuevo, un verdadero académico, entiende que eso es materialmente imposible o que, en su defecto, quien tiene la capacidad de impartir esa cantidad de materias todos los días, es porque debe ser un auténtico erudito en su campo de estudio, y que debe tener conocimientos francamente enciclopédicos para lograrlo.

Todo eso, sin embargo, no importa en la UABJO. Ahí, gracias a la posibilidad de obtener beneficios de ese tipo, o de impartir clases de pésima calidad, muchos que son sólo trabajadores académicos de nombre, pero que no se han ganado auténticamente ese calificativo, hoy exigen una retabulación salarial como si de verdad la merecieran.

Junto a ellos se encuentran, además, todos aquellos que imparten cátedra universitaria sin siquiera contar con un título profesional que los avalen; quienes cubren su tiempo completo en ausencia, pero enviando a adjuntos que no tienen ni el perfil profesional, ni la experiencia ni los conocimientos suficientes para hacerlo. O quienes auténticamente defraudan a la Universidad, y a sus alumnos, cobrando por un trabajo que no realizan.

POLÍTICOS-UNIVERSITARIOS

Empero, en un segmento especial habría que analizar hasta qué punto los empleados académicos de la UABJO, que además tienen responsabilidades en la administración pública, cumplen cabalmente con las actividades para las que les paga la Máxima Casa de Estudios.

Ahora mismo, por ejemplo, personajes como el subsecretario de Gobierno, Fausto Díaz Montes, comparten sus responsabilidades públicas con el trabajo académico que se supone que debería estar realizando en la Universidad.

Hasta ahora, él es uno de los que ha dicho nada respecto a la situación en que se encuentra su plaza de tiempo completo en la UABJO, y sería abominable corroborar que sigue cobrando como profesor-investigador, cuando hoy tiene responsabilidades de otro tipo que le deben estar absorbiendo el cien por ciento de su tiempo.

Pero esa situación no es nueva. Profesores universitarios como el doctor Evencio Martínez Ramírez, Pedro Celestino Guzmán, Heriberto Antonio García, y muchos otros personajes que recurrentemente figuran en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la UABJO como profesores de medio tiempo, o de tiempo completo, nunca solicitaron licencia a esa responsabilidad, para ocupar los cargos públicos que ostentaron, o que ostentan.

Es a todas luces imposible —e inmoral, y antiético— que un Secretario General de Gobierno, un Procurador General de Justicia, o un Ombudsman estatal, puedan cumplir con todas las obligaciones y responsabilidades que implican sus cargos, y también puedan ser profesores universitarios, como a varios de ellos hoy tiene la UABJO.

Es evidente que esta parte de la crítica no les acomoda a los maestros de la Máxima Casa de Estudios. Aunque hay muchos académicos verdaderamente comprometidos con su labor, también es cierto que en otros se anidan los deseos de aprovecharse de sus momentáneas buenas posiciones políticas, para abusar no solamente de la Universidad, sino también del compromiso académico que claramente no tienen, y que debía ser en ellos el motor para poner siempre el ejemplo de lo bueno, y no de lo malo como recurrentemente hacen.

 

PEDRO Y EL LOBO

Qué mal se ha visto la contralora Perla Woolrich “anunciando” los procesos judiciales que están en puerta para los funcionarios corruptos. Lejos de ayudar, con eso ya les dio el “pitazo” a todos los posibles indiciados para que desaparezcan, o tomen medidas preventivas. A ver si no le termina pasando como a la historia de Pedro y el Lobo. Debería demostrar eficacia, y bajarle cuando menos dos rayitas a su lenguaraz actitud de protagonismo.

Publicado por

Adrián Ortiz Romero Cuevas

Licenciado en Derecho. Maestro en Derecho Constitucional. Periodista. Profesor universitario. Ha colaborado en diversos periódicos y revistas de Oaxaca y de la Ciudad de México.

Un comentario en «Académicos de la UABJO: ¿hay autocrítica?»

  1. Fausto dias montes es un corrupto porque cobra en la uabjo sin trabajar, tiene sueldo como funcionario y tiene el cinismo de cobrar en una universidad carente de recursos, miserable viejo, que investigador va a ser ese canalla, da verguenza este señor bigotes de morsa

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