Sección 22: ¿sindicato o grupo de lucha social?

+ Dualidad le permite estar en todo… y en nada

Pocos ejemplos existen en el país, de organismos tan singulares y temidos como la Sección 22 del SNTE. Aunque formalmente ésta no es sino una representación estatal del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación, aquí asume también la faceta de organización de lucha social. Ello le permite no sólo luchar por sus intereses, sino también —cuando le conviene— abanderar “las causas del pueblo de Oaxaca”. Lo grave es que, en realidad, ésta nunca se ha hecho verdaderamente responsable ni de los problemas de su gremio, ni de las causas que más afectan a la ciudadanía.

No parece una exageración asegurar, en primer término, que la Sección 22 es hoy uno de los organismos aglutinadores de intereses diversos, más perfeccionados que existen en el país. Aún cuando su existencia está determinada por la defensa de los intereses laborales de los trabajadores de la educación, es claro que ésta ha buscado meterse en todos los ámbitos de la vida pública oaxaqueña, para sacar provecho de ello.

El problema es que, al poner su actuación a contraluz, pueden verse las enormes grietas que tiene su supuesta moral intachable. ¿Por qué? Porque se supone que su principal motor de lucha y existencia, radica en la defensa de los intereses y las conquistas sindicales de los educadores. Sin embargo, puede verse que más allá de las mejoras salariales, el control sindical no ha servido más que para mantener a raya a sus agremiados, y obligarlos a cumplir inopinadamente con las determinaciones de la dirigencia magisterial.

¿Por qué es grave esto? Porque se supone que en una sociedad verdaderamente organizada, el gremio auténticamente más combativo, plural y suministrador de ideas a la sociedad, debía ser el de los educadores. Sólo que aquí, el control sindical impide que cada trabajador de la educación discierna por sí mismo, decida qué hacer frente a los problemas que aborda su gremio, e incluso tenga la posibilidad de expresar libremente, y llevar a los hechos, sus discrepancias con el grupo que lo representa.

Sin embargo, todo esto podría ser lo de menos. El asunto de fondo, es que en aras de su lucha sindical, los trabajadores de la educación son los primeros que han permitido la erradicación de todas las posibilidades de que ellos mismos elevaran su nivel intelectual, la calidad de su trabajo, su competitividad e incluso la construcción de una verdadera conciencia social. Es decir, que su lucha gremial les ha impedido por completo la posibilidad de ser verdaderamente libres no sólo para actuar, sino también para pensar y decidir.

Esto podría parecer lo de menos. En realidad, los trabajadores de la educación en Oaxaca han decidido asumir una posición de comodidad, a través de la cual desprecian todos los señalamientos que les son adversos, y ensalzar todos los que justifican una lucha social que les ha dado más recursos, pero que les ha coartado su verdadera posibilidad de tener conciencia.

Aunque pudieran sentirse respaldados por su sindicato, por su dirigencia, e incluso por su superioridad numérica, lo cierto es que esto es lo único que los sostiene. Son nulas las verdaderas posibilidades de que su actuación como gremio superara favorablemente el tamiz de un verdadero análisis de su comportamiento como organización sindical, de sus logros más allá del mero asunto económico, y de sus perspectivas para el futuro no sólo de su gremio, sino también de todo lo que se encuentra a su alrededor.

LA “LUCHA SOCIAL”

A la gran mayoría de los oaxaqueños que no pertenecen a la Sección 22, les molesta el hecho de que los profesores de la educación tengan salarios tan elevados e inmerecidos, frente a la cantidad de tiempo que cotidianamente invierten en su labor, frente a la calidad de la instrucción que ofrecen a los educandos, frente a su inestabilidad y las intermitencias de su trabajo, y frente a los resultados que acumuladamente le han entregado a Oaxaca en las evaluaciones educativas.

Sin embargo, ellos no sólo se asumen como una representación sindical, sino como un auténtico grupo de lucha social que, además, está llamado a defender y proteger los intereses de todos los oaxaqueños. Esto llama particularmente la atención, porque ni aquí, ni en la mayoría de los estados que integran el país, existe variedad de grupos como éste que lo mismo se diga llamado a defender sus intereses, que supuestamente los de toda la población.

En ese sentido, es necesario analizar las particularidades de la Sección 22. Ésta no tiene ningún tapujo en asumirse como una organización gremial, y defender exclusivamente sus intereses, cuando por ejemplo exige cada año la revisión de su pliego petitorio al Gobierno del Estado, o cuando, como ahora, exige la destitución de funcionarios por un asunto que exclusivamente los concierne a ellos. De hecho, esa es la razón por la que hasta “pide disculpas” a la ciudadanía por las afectaciones causadas.

No obstante, la 22 también se asume, cuando le conviene, como defensora de los derechos y garantías de toda la población. Esto es lo que hemos visto particularmente acentuado después del conflicto magisterial y popular de 2006. El sindicato magisterial en Oaxaca se asumió como un efectivo grupo de lucha, que encuentra la posibilidad de hermanarse a cualquier otra causa aunque no les incumba, pero que sí les pueda reportar algún beneficio político.

Y todo esto podría tomarse como válido. Lo malo es que, de nuevo, al pasar por el tamiz del análisis riguroso, su actuación como grupo de lucha social, podremos encontrar que son más los quebrantos que los logros que han conseguido en su lucha. En realidad, la 22 siempre ha estado lejos de ser un auténtico grupo de tutela de los intereses de los que menos tienen y, al igual que a sus agremiados, sólo ha utilizado esas banderas para seguir buscando la satisfacción de intereses bastante específicos, que poco o nada tienen que ver ni con la lucha social, ni con la defensa de los intereses de sus agremiados.

¿CAMBIOS EN PUERTA?

Por cierto, aseguran en los corrillos de la política estatal, que el Gobierno del Estado pronto cederá las renuncias que exige la Sección 22. Particularmente, se dice que al IEEPO llegará uno de esos personajes de larga trayectoria y experiencia en la vida pública de Oaxaca, para comenzar a encauzar esta relación que está innecesariamente deteriorada. Sólo que algunos de los “caza priistas” y “puristas del cambio”, se sentirán agraviados. ¿Será?