Consulta AMLO a conveniencia

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Sin que aún haya asumido el alto cargo que consiguió luego de más de una década en campaña política para la presidencia de México, AMLO afirmó hace días que cuando sea presidente del país cumplirá con sus promesas y de inmediato hará todo lo correspondiente para cancelar la Reforma Educativa y de esa forma quedar bien con todos los que pretenden que los niños pobres que no pueden asistir a clases en una escuela privada, sigan hundidos en mediocridad e ignorancia académica, al menos en el caso de Oaxaca, donde los profes de la Secta 22 y normalistas del magisterio saben bien y enseñan con el ejemplo cómo bloquear calles, secuestrar empresas, saquear camionetas repartidoras o instalar barricadas, pero poco les importa enseñar con calidad y responsabilidad docente a los niños más humildes.

AMLO dice que llevará a consulta popular la continuidad y construcción o cancelación del nuevo aeropuerto de CdMx, como si taxistas, boleros, burócratas o campesinos supieran algo de aeronáutica, sustentación aérea, diseño de pistas de elevación y aterrizaje, operación de torres de control, logística aeroportuaria y todo lo que implica y requiere la operación de un aeropuerto internacional, donde absolutamente toda actividad requiere de expertos y profesionales que garanticen la seguridad de pasajeros, tripulaciones y personal de tierra; mientras que, para la cancelación de la Reforma Educativa, no hace lo mismo, no propone una consulta popular o con expertos para analizar si la respeta o cancela, porque en el caso de la educación escolar, en actitud incongruente y absolutista afirma que por su omnímoda, omnisciente y todopoderosa voluntad presidencial la cancelará, sin preguntar o consultar a quienes realmente saben de educación, pero respecto del aeropuerto, lo consultará a conveniencia, porque da imagen política arremeter contra quienes con dinero suficiente utilizan aviones para viajar y no se trasladan en camiones de “fletes y corajes” cumpliéndole a los profes qu lo apoyaron para ganar la presidencia, porque es políticamente correctamente, aunque los perjudicados sean los niños escolares ya que, si para bien o mal, la Reforma Educativa no es ideal como ha iniciado, al menos, como casi todo en principio no es perfecto, pero con una consulta a expertos psicólogos, pedagogos e intelectuales, no a padres de familia o taqueros, se puede perfeccionar, por lo que, si AMLO fuera congruente en sus declaraciones y gobierno, sometería a consulta con expertos la construcción del nuevo aeropuerto y por igual la Reforma Educativa, de la misma forma que todas las posteriores propuestas de su gobierno, no únicamente las que le conviene y otras no, porque no se trata de quedar bien únicamente con los morenos, sino con todos los mexicanos, especialmente con los niños de Oaxaca, Chiapas y Guerrero, donde los sindicatos magisteriales estatales han hundido en la mediocridad la instrucción escolar, porque no es igual la enseñanza escolar básica en Querétaro que en Oaxaca, o en la Salle y el Federico Froebel que en la primaria pública de la Volcanes.  

Las más grandiosas bandas sonoras

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Hace algunas semanas, en tertulia con los amigos, a alguien se le ocurrió preguntar (y aclaro porque no sólo a mí, sino fue como una pregunta que se puso sobre la mesa), qué banda sonora considerábamos de las más simbólicas dentro del cine mundial. Obvio, entre todos mencionaron algunas que merece la pena no pasarlas desapercibidas, sin embargo hay que aclarar algunos puntos:

Cuando hablamos de banda sonora, hablamos de la que comúnmente llamamos música incidental o música de fondo. Y aunque algunos de quienes estábamos en la mesa, mencionaron temas como Over The Rainbow de El Mago de Oz; Beauty And The Beast de La Bella y la Bestia, I Just Call To Say I Love You de La Chica de Rojo o As Time Goes Bye de Casablanca, esas son canciones y no banda sonora. Obviamente entré al juego a mencionar algunas canciones, sin embargo, creo que no es por demás destacar algunos de los más grandes compositores de bandas sonoras, es decir, de partituras originales o lo que en inglés llaman Score y aquí trataré de poner algunas de las canciones y algunos de los compositores, obviamente estimados lectores, esperando también puedan mencionar a alguno que se me haya pasado o que consideren también, valdría la pena citar.

Creo que comenzaré con nada menos que Ennio Morricone, músico, compositor y director de orquesta italiano. Sin él, no concebiríamos el cine y algunos clásicos. Desde cintas que han marcado toda una época como “El Bueno, El Malo y El Feo” de 1966, de donde se desprenden quizá dos de las partituras más famosas en la historia del séptimo arte, el tema que da nombre a la película y el extraordinario The Ecstasy Of Gold, que los mismísimos grupos Metallica o The Ramones la utilizaron para abrir y cerrar sus conciertos respectivamente. Incluso, Metallica fue nominado a un Grammy por su versión de esta gran composición.

Sin Morricone, no entenderíamos la grandeza del cine, pues su música no solo ha contextualizado, sino que ha embellecido más la pantalla de plata. Otras grandes cintas que ha musicalizado son “Días de Gloria”, “Cinema Paradiso”, “Lolita” y “¡Átame!”, por citar algunas (y que quede claro el “algunas”). Morricone recibió su primer Oscar honorífico hasta 2006 y el segundo, por la partitura de “Los 8 Más Odiados”, en 2016.

Otro grande las partituras y créanme, de quien cuesta trabajo elegir una sola, igual que con Morricone es nada menos que Henry Mancini, que aunque por el apellido, muchos piensan que es italiano no lo es; es estadounidense. Mancini le puso música a cintas de gran influencia como “Desayuno con Diamantes” o “Victor Victoria”, pero sin duda, es “La Pantera Rosa”, hecha para la película de 1963, por la que Mancini será eterno.

Si hay una banda sonora que al menos a mí, me emociona hasta la médula es la que compuso el gran Nino Rota para la que es, para gusto de muchos (y me incluyo), la mejor película de todos los tiempos: “El Padrino”. Coppola le encargó este score a Rota dándole indicaciones precisas sobre la personalidad y sonido con el que Don Corleone debía identificarse, quedando un vals nostálgico, elegante y oscuro. Rota fue nominado al Oscar por esta memorable partitura, pero no lo ganó sino hasta la segunda parte.

Hablemos de John Williams. “Tiburón”, “La guerra de las galaxias”, “E. T. El extraterrestre”, “Superman”, “Indiana Jones”, “Parque Jurásico”, “Salvando al Soldado Ryan”, “La lista de Schindler”, “Mi pobre angelito” o la saga de Harry Potter. Todas un icono de la música y el cine. ¿Cuál les gusta más?

La banda sonora más terrorífica es sin duda para “Psicosis”, esta cinta de Alfred Hitchcock y que arregló Bernard Herrmann. Y aunque el compositor también le puso música a películas perpetuas como “El Ciudadano Kane”, “Fascinación”, “El hombre que vendió su alma” o “Taxi Driver”, pienso que por “Psicosis”, se ha ganado un lugar no solo en el cine, sino en la historia.

Las películas de superhéroes siempre han tenido un lugar especial para la música incidental o partituras, pero creo que “El Caballero de la Noche”, merece una mención especial, por esa partitura llamada “Why So Serius?”, y que acompañó a El Guasón interpretado por Heath Ledger. Hans Zimmer es el responsable de esa espeluznante e insólita composición, tocando el cello nada menos que con navajas de afeitar para lograr el característico sonido.

Ya sé estimados lectores que faltaron muchos compositores, muchas partituras y muchas películas, pero dejémoslo hasta aquí por esta entrega. Prometo hacer una segunda y hasta una tercera parte hablando de la música en el cine, pero también me gustaría saber su opinión, así que ojalá puedan dejar un comentario.

La ‘cuarta transformación’ ocurrirá sólo si logran cambiar alguna de las inercias nocivas

Alternancia y transición no son lo mismo, como tampoco lo sería la posibilidad de un cambio de régimen frente a la sola rotación de las personas en los cargos públicos. La llamada “cuarta transformación” que promete el presidente Electo Andrés Manuel López Obrador, sólo podrá comenzar a ver la luz si logra modificar algunas de las inercias más importantes de nuestro país. Mientras se insista en que el cambio llegará sólo por las personas, no habrá otra certeza más que la persistencia en el error.

En efecto, a pesar de la aparente claridad en el ambiente político —una victoria electoral contundente, un gobernante que adelanta los tiempos para evitar especulaciones, funcionarios designados que de facto ya ejercen sus cargos—, es evidente que hay mucha bruma y que los ciudadanos parecemos estar extraviados en ella. En el gobierno electo hay prisa por comenzar la transformación, pero hasta ahora los ciudadanos nos hemos quedado con la idea de que ese cambio anhelado llegará a partir de algunas de las coordenadas que hemos visto hasta ahora. Y estamos equivocados.

Una de ellas es el regreso de la maestra Elba Esther Gordillo Morales a la escena nacional. La realidad, en todo lo que envuelve al rubro educativo y al destino sindical del magisterio, está sometida a un intrigante juego de espejos. Con asombro, los ciudadanos vimos cómo el propio Presidente Electo le espetó en la cara al Presidente Saliente, que al iniciar su gobierno cancelará la reforma educativa.

Ese mismo día, la maestra Gordillo anunció su regreso y dejó ver tanto la cercanía y la simpatía que tiene del próximo gobierno para ejercer sus derechos y regresar a la política, y al mismo tiempo se manifestó a favor de los maestros del país y de una educación de excelencia de la que ella, y millones de niños que reciben instrucción pública en México, no han sido testigos ni beneficiarios en los últimos años. Así, el anuncio de López Obrador y el regreso de la maestra Gordillo parecen ser las coordenadas fundamentales del futuro de la educación pública y de la evaluación docente en el país. ¿Debiera ser esto así?

En la lógica lineal parece que sí, y hasta hay quienes están contentos. El haber corroborado la aplastante victoria de López Obrador en la jornada electoral, y la liquidación —literal— del régimen priista que no terminó de irse en estos 18 años de alternancias sucesivas en el poder presidencial, para muchos es motivo suficiente para aplaudir cualquier decisión o anuncio que haga la administración federal que arrancará el 1 de diciembre. Es cierto que para la gran mayoría en el país el cambio de grupo gobernante era una condición indispensable. Y sin embargo ello no debiera respaldarse en una visión acrítica de lo que verdaderamente necesita el país para cambiar.

En esa lógica, algo más o menos similar ocurre con la maestra Gordillo. Hay quienes hoy se regodean y saludan su regreso, porque la ven humillando públicamente a quien hace cinco años y medio decidió meterla en la cárcel a partir de la invención de delitos. Hay también quienes ven con agrado la cancelación de la reforma educativa, no porque compartan los argumentos de un importante sector magisterial sobre la inviabilidad de poner la evaluación —y el cese a quien la repruebe— como punto medular de toda la reforma educativa, y no como su puerto de llegada, sino simplemente porque es una reforma impulsada por un gobierno priista y particularmente por Peña Nieto.

COORDENADAS EQUIVOCADAS

En realidad, tanto la reforma educativa como la práctica judicial debieran tener coordenadas distintas para una transformación de fondo. En esa lógica, la práctica de inventar delitos para encarcelar a un adversario es deleznable y debiera ser uno de los ejercicios que deberá ser erradicado de fondo, si es que de verdad se pretende dar la idea de un nuevo régimen.

Respecto a la evaluación, y a lo que debe contener una reforma educativa con un matiz distinto al actual, ésta tendría que estar basada en otros aspectos que no fueran necesariamente el rechazo total a la actual por ser una reforma priista o por haber sido la razón del encarcelamiento de la maestra Gordillo.

Pensar en eso sería incluso equivalente a pronunciarse a favor de una cancelación lisa y llana de la reforma educativa, cuestión que no debiera ocurrir dada la progresividad del derecho fundamental a la educación, que tendría que obligar al nuevo régimen a buscar alternativas distintas a las actuales pero sin lesionar el derecho —inacabado, es cierto— de los niños mexicanos a recibir educación de calidad y a que sus maestros reciban procesos constantes de actualización y capacitación para realizar mejor su trabajo, independientemente de si son despedidos o no cuando no logren alcanzar ciertos objetivos o estándares de evaluación.

Ahora bien, frente a todo eso, y analizando las circunstancias con miras a la responsabilidad, vale la pregunta: ¿la maestra Elba Esther Gordillo puede representar una alternativa de cambio a la situación actual del magisterio? La respuesta tendría que venir a partir no de su pleito con el régimen saliente del presidente Peña Nieto, sino con sus determinaciones como dirigente sindical.

Durante su larga gestión al frente del Sindicato Nacional, ella defendió denodadamente todos y cada uno de los privilegios del magisterio, así como el incremento progresivo de sus condiciones de trabajo y salario, pero sin que esto viniera acompañado de la contraprestación de los procesos de evaluación, para que el público —los niños mexicanos, sus padres, y la sociedad en general que se beneficia de manera colectiva del correcto cumplimiento del derecho a la educación de niños y jóvenes— pudiera conocer qué se hace a cambio de los privilegios de los que gozan las y los maestros del país.

De hecho, esa fue una razón material que llevó al gobierno de Peña Nieto a decidir encarcelarla, como una forma de anularla de su liderazgo y permitir el avance de su reforma educativa. Correcta o errada en su visión y objetivos, lo cierto es que fue un intento de cambio, y ahora tendría que hacerse patente la disyuntiva de si la maestra Gordillo está a favor o no de un cambio de circunstancias o de simplemente volver al pasado. Queda claro que por supervivencia puede optar por una posición progresista respecto a su sindicato. Pero será no por una convicción sino simplemente por hacerse parte de los nuevos tiempos y sobrevivir dando únicamente lo indispensable, pero sin poner en riesgo sus privilegios.

CAMBIO DE INERCIAS

Al final, la maestra Gordillo terminará —como siempre— cumpliendo su rol de dirigente sindical, tal y como lo aprendió de los tiempos en que se forjó como tal: defendiendo hasta la ignominia, si es necesario, los privilegios y conquistas —quién sabe si los derechos— de los trabajadores adheridos a su causa. Eso puede ser bien visto por algunos sectores pero no necesariamente puede traducirse como una equivalencia de progreso. Si al final, todos juntos, logran cambiar la inercia histórica de la educación, entonces sí habremos dado pasos sustantivos como país. De lo contrario, de nuevo habremos incurrido en la estratagema de suponer que con el “quítate tú para que me ponga yo”, todo puede cambiar. Y no.