Banksy… ¡Maldito genio!


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Creo que hablar de Banksy siempre es sumamente complejo. Y no por la representatividad de su arte, sino por lo misterioso de su personalidad y lo poco convencional que resulta incluso para el complicado círculo del arte ‘underground’; y miren que eso ya es decir.  Y es que desde su aparición en Bristol hace más o menos (y digo “más o menos” porque en realidad una fecha exacta que conste, nadie la tiene) quince años, la secrecía de su imagen ha sido algo de lo que se ha hablado mucho; es algo así como la pregunta de los 64 millones. Reiteradamente se ha mencionado que en realidad es Robert del Naja, conocido como 3D, líder del colectivo musical Massive Attack y que tuvo sus inicios en el arte en esa ciudad de Reino Unido como grafitero; rumor que cobró fuerza gracias a una investigación del periodista Craig Williams quien documentó que el ‘street art’ de Banksy coincidentemente aparecía en los lugares que visitaba Massive Attack como parte de sus giras, sucediendo esto en ciudades como Melbourne en Australia; Toronto en Canadá o Boston y Nueva Orleans en los Estados Unidos. También se ha dicho que su nombre podría ser Robert Banks o Robbin Banks, sin embargo esta hipótesis es descartada por muchos por la similitud en pronunciación con la frase “robbing banks” que en español sería “robando bancos”. Se insinúa también que su nombre podría ser Robin Gunninghan. Nada se ha probado.

Lo cierto es que pese a todo el misterio que lo rodea, Banksy es un activista del arte que es venerado en todo el planeta. Su obra va más allá de lo que estamos acostumbrados a percibir como arte, ha sido una crítica al sistema y a los gobiernos, a las apariencias y a lo políticamente correcto. Siempre ha tenido la capacidad también de que nadie se percate del momento en que realiza su obra en las calles de las ciudades en donde se encuentra su grafiti, simplemente aparecen de la noche a la mañana. El tópico recurrente de Banksy siempre ha sido la burla hacia lo que se le podría conocer como arte en los círculos intelectuales y los versados.

El artista en prácticamente toda su obra, ha tenido la temática de detracción hacia temas como el capitalismo, la monarquía, el ‘merchandising’  y la guerra. Esto lo dejó claro en 2005, cuando realizó su arte urbano en el muro de Cisjordania en el lado palestino. Se sabe que el artista planeaba convertir ese muro en la más grande galería del arte underground en el mundo. Ante ese acontecimiento, Banksy envío un comunicado al diario español El País, donde decía: “Me pareció excitante transformar la estructura más degradante del planeta en la galería más grande del mundo, para fomentar el libre discurso y el mal arte”.  Sin embargo, al paso de los años, muchos de quienes fueron sus seguidores más fieles, han destruido algunas de sus obras callejeras rociándolas con spray negro al considerar que se ha convertido en lo que más odió, un artista comercial valuado en millones de euros y víctima (o no tanto) de la comercialización y los negocios; y señalan por ejemplo como Banksy inspiró a Thierry Getta para transformarse en Mr. Brainwash y diseñara la portada del álbum recopilatorio “Celebration” de Madonna, editado por Warner Bros. Records en 2009; “¿habrá algo más ‘pop’ que eso?”, se preguntaban sus prosélitos que también señalaban su intromisión para que el markenting se infiltrara en el arte. Incluso en el mismo Cisjordania, Banksy relata en el comunicado a El País que en Ramalá tuvo problemas con el ejército israelí quienes dispararon al aire para intimidarlo; asimismo, un anciano se le acercó para decirle que su arte embellecía el muro, a lo que el artista le agradeció, pero el anciano le contestó que nadie quería que ese muro que representaba no otra cosa más que vergüenza y horror fuera bonito; así que le dijo que se largara a casa.

El pasado lunes, Banksy nuevamente fue noticia y tendencia en todo el mundo, pues la prestigiosa casa de subastas Sotheby’s vendía el cuadro de su obra llamada “Girl with balloon” (Niña con globo) en 1.2 millones de euros a un comprador desconocido. Así, justo al momento en que el mallete golpeó para anunciar la venta, una alarma se activó y un triturador de papel que se encontraba oculto en el marco, destruyó la mitad de la obra. Ante la mirada atónita de todos, el personal de la casa subastadora decidió retirar el cuadro. Sin embargo y conociendo la lógica de Banksy, nuevamente se ha hecho notar y ha protestado con los ojos del mundo puestos en su reconocida y famosa creación. Su filosofía es que siempre el arte, aunque sea feo, en sus mismas palabras, no debe tener un valor específico ni debe ser propiedad de nadie, sino debe estar a los ojos de las masas para que pueda ser apreciado por quienes realmente lo valore o a quienes les provoque algo. Por eso, el mismo Banksy ha compartido en su cuenta de Instagram un video donde explica la forma en cómo planeó esa destrucción para evitar la comercialización y menciona: “Hace unos años construí en secreto una trituradora por si acaso salía alguna vez a subasta”. Es decir, todo fue premeditado. Ese Banksy es un loquillo.

Ya después del escándalo, la auto destrucción de su cuadro ha sido catalogada como una obra de arte reinventada dentro de su mismo arte. Al esa peripecia tener el interés y cobertura mediática de la que gozó, el cuadro seguramente ha aumentado de valor por lo menos al doble; pues él mismo sabe que destruir es también una especie de creación y en su misma cuenta de Instragram, acompañando también al video, escribe una frase que le endilga a Picasso: “El impulso de destruir también es un impulso creativo”. No es por nada, pero después de todos estos años de conocerlo, nos sigue sorprendiendo.

Percibir a Banksy siempre será tan misterioso como su identidad, pero tampoco podemos negar su genialidad y activismo a las causas que considera justas. Aún con eso, para muchos se ha convertido en lo que nunca deseó, un grafitero transformado en artista que es aclamado en los más selectos círculos de la cultura y el arte, pero también apreciado y ambicionado por los más ricos y poderosos; pero citemos al mismo Banksy cuando dice que: “El arte debería confortar a los perturbados y perturbar a los confortables”. Así es Banksy.

Becas para ninis

Carlos R. Aguilar Jiménez.

Serán becarios, no empleados de la Iniciativa Privada. Las becas para “ninis” costarán al gobierno 108 mil millones de pesos, dinero en cantidades astronómicas con el que el programa de becas: “Jóvenes Construyendo el Futuro”, de AMLO pretende becar a mas de dos millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan (ninis). El programa que busca combatir esta tendencia (dice el presidente electo), “contará con una partida presupuestal de 108 mil millones solo en 2019” un poco más de los 106 mil millones de pesos que recibió este año para su operación la SEDESO, dilapidando y atomizando así miles de millones de pesos de impuestos de mexicanos que sí trabajan y cumplen con sus obligaciones fiscales, en adolescentes y jóvenes que ni estudian, ni trabajan y lo más probable es que nunca harán algo útil en su triste vida futura, porque así fueron educados y sabemos que: “Infancia es destino”.

Los “ninis” son jóvenes que crecieron sin que sus padres les exigieran algo, dejándolos que transcurrieran los días de su vida en total improductividad, indolencia, flojera, pereza, desidia y abandono por todo, excepto quizá por cierto interés hacia sus cuates, el alcohol, futbol, billar, juegos electrónicos o lo que sea hacen para entretenerse o divertirse sin ninguna utilidad para nadie, porque sus padres o familiares como responsables directos de su desarrollo, si bien se preocuparon relativamente porque aprendieran a leer, escribir y realizar operaciones matemáticas elementales, nunca se interesan porque sus hijos, si no estudian, por lo menos aprendan un noble oficio, y, en talleres de herrería, carpintería, mecánica, hojalatería o artesanías, se convirtieran, primero como aprendices o discípulos, después en maestros expertos con potencial de instalar un taller, un negocio que ofrezca servicios que son bien pagados, porque nadie puede negar que plomeros, electricistas, tapiceros, fotógrafos, maestros de obras o taqueros ganan bien, mejor que algunos profesionistas o burócratas, porque no únicamente son exitosos los jóvenes que se licencian y ejercen una profesión, sino también los que hacen negocios, empresarios, comerciantes y vendedores, pero todo esto requiere disciplina, compromiso, levantarse temprano, hacer las cosas bien y comportarse serio, no estar esperando que los demás, incluida la divina providencia o AMLO, hagan algo por ellos, por lo que 2.3 millones de ninis únicamente pulverizaran el dinero de sus becas, porque no me los imagino teniendo que trabajar bajo mis órdenes con un horario de entrada a las 08:00 de la mañana, y una jornada diaria de ocho horas que demande intensa actividad y compromiso para cumplir con el desempeño de forma eficiente, cuando han estado acostumbrados a desobedecer, holgazanear y hacer lo que les dé su regalada gana, y, de repente por dos mil pesos tenga que acatar órdenes que implican respeto, compromiso y trabajo duro, sin saber hacer algo. Dilapidar dinero en dádivas sociales es populismo, es no entender que vale más enseñar a pescar que regalar pescados. Todo lo demás son anécdotas.