Recorte a la educación

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Todos sabemos, especialmente los sociólogos, psicólogos y antropólogos, que mientras más ignorante, analfabeto y religioso, sea un pueblo (como el mexicano), mejor viven los políticos y gobernantes porque así es más fácil manipular, engañar o condicionar a la gente, prometiendo lo que sea, organizando encuestas a modo o simplemente ofreciendo hasta lo imposible con tal de dejar contentas a las masas, aunque en la realidad no se pueda llevar a cabo, así que, una vez que seamos gobernados por  oclocracia (gobierno electo por rencor e ignorancia) lo que sigue es reducir la inversión en educación pública, disminuyendo el presupuesto de universidades estatales, del Conacyt y dependencias culturales y artísticas, para que de esa forma se cancele el escepticismo, la crítica y refutación al gobierno.

El próximo subsecretario de egresos del gobierno federal dijo que el proyecto de presupuesto que propondrá la nueva administración será dado a conocer en tiempo y forma: “El respectivo techo presupuestal en el Programa U006 Subsidios Federales para Organismos Descentralizados de la SEP contempla un recorte del 32 por ciento en comparación con el ejercicio que esta por terminar, pasando de 58 mil 437 millones de pesos aprobados para universidades públicas estatales y de apoyo solidario en 2018 a 39 mil 429 para el próximo año. Según la información, en el caso de las universidades politécnicas y tecnológicas, pasarían de 4 mil 397 millones a 2 mil 764 millones para 2019. Así también, los Institutos Tecnológicos descentralizados su presupuesto bajaría de 3 mil 472 millones de pesos a 2 mil 342 millones, de acuerdo con los techos presupuestales que envió la Secretaría de Hacienda a la SEP, situación financiera que de ser cierta y cumplirse, obligará, primero a las instituciones educativas de nivel superior, como la UABJO, a disminuir su matrícula, cancelar o disminuir los privilegios extremos que gozan los sindicatos y la galopante corrupción que facilita que amparados en su autonomía, se apropien del dinero destinado a la educación y sirve para enriquecer a porros, líderes sindicales, funcionarios y especialmente rectores, quienes una vez dejan el cargo, millonarios de por vida siguen viviendo del presupuesto; porque quienes tienen recursos económicos, se han encumbrado en política o manejan una religión, les conviene la ignorancia, el analfabetismo total o funcional y toda forma de desconocimiento, para así conseguir votos de muchedumbres enfadadas e ignorantes, hundiendo aún más la instrucción escolar y la educación familiar, porque si bien no todo en cuestiones educativas es culpa del gobierno, también mucho de lo que mantiene en el atraso e ignorancia a la gente es su contexto familiar, ambientes en los que no existen libros, jamás visitan museos, galerías, ferias culturales o cualquier lugar donde se instruya a la población a ser culta e informada o escéptica, así que bien por el gobierno de AMLO que prometió mejorar la calidad de vida de los jóvenes, que ahora arruinará en beneficio de los ricos, de la mafia del poder, aliándose con ella para soterrar los pobres conocimientos que aún reciben los estudiantes entre paros, bloqueos, manifestaciones, carencias y porrismo estudiantil e intereses mezquinos sindicales y políticos.  

Necesitamos a “Roma” en el cine Â¡ya!

Ismael Ortiz Romero Cuevas


El pasado 11 de septiembre, en este mismo espacio hablaba sobre el reconocimiento que la nueva película de Alfonso Cuarón, “Roma”, había tenido en los festivales y en aquella ocasión, mencionaba que la cinta había obtenido el León de Oro en el festival de cine de Venecia, además de una ovación por parte de los asistentes a la proyección.

Todo se vislumbraba con un futuro glorioso para esta historia, quizá la más personal para Cuarón en cuanto a que posiblemente, explore parte de sus origines y su propia historia en la ciudad de México. Con ese camino de éxitos, nada podía salir mal. La película rodada en un formato en blanco y negro y distribuida ahora por Netflix y no por Warner Bros., con quien solía trabajar el cineasta, parecía tener un camino de logros asegurados después del reconocimiento que tuvo. Y en efecto, la película fue acogida de forma excelente en gran parte del planeta, donde se admira al visionario director mexicano.

Sin embargo, siempre pasa algo con las películas mexicanas que nada más no acaban de convencer no tanto al público, sino a quienes deciden sobre este negocio y resulta que ni siquiera son atractivas para exhibirse. En un primer momento, se dijo que Netflix, productora de la cinta, tendría la primicia para la proyección en la plataforma; sin embargo, esto le quitaría posibilidades para continuar con su sendero de éxitos y reconocimientos. Ante esto y viendo el potencial del nuevo trabajo de Cuarón, aceptaron enviarla a que se proyectara en salas de cine comerciales. La respuesta en muchos países fue inmediata y la colocaron en cartelera; pero eso en México, no pasó.

Estamos acostumbrados a que el cine mexicano se inunde de comedias románticas y tramas demasiado ligeras y sencillas, limitando la visión de otros directores de experimentar con géneros distintos y más elaborados. Comentarios de gente que se queja de lo “rara” que pueda parecer una película son la generalidad cuando no se trata de un género que termine siendo un melodrama telenovelero; lo vimos con cintas como “Purasangre” de Noé Santillán-López y más recientemente con “Museo” de Alonso Ruiz Palacios. Todos la vimos, pero a nadie le gustó por muchos elementos que contienen que en nada tienen qué ver con el tipo de historias que protagonizan Martha Higareda o Karla Souza. Insisto, no siempre pasa, pero es la generalidad.

Así, la semana pasada, un usuario en Twitter le reclamaba a Alfonso Cuarón las pocas salas donde era exhibida “Roma”. El director lamentó también esa decisión argumentando que él, nada tiene qué ver con la distribución de la película que ha sido aclamada en diversos festivales. Cuarón, contestó al ‘twittero’ que “Roma” solo estaba siendo proyectada en cuarenta salas en el territorio nacional, a diferencia de países como Polonia donde estará en 57 espacios o Corea del Sur, donde también su exhibición rebasa las cincuenta salas. Lamenta también el poco interés que ha existido de parte de las dos principales cadenas en nuestro país (Cinépolis y Cinemex) por tenerla, pese a que es una de las trece películas preseleccionadas para representar a México en los premios Oscar 2019 y también en los premios Goya.




Oaxaqueña rumbo al Oscar

Otro elemento a destacar de “Roma” y por lo que debería tener prácticamente nuestra atención completa, es por la estupenda actuación de Yalitza Aparicio, actriz oaxaqueña de origen indígena y que además no tiene formación en arte dramático; su interpretación de Cleo, protagonista de la historia, es tan convincente y emotiva que se comenta de manera insistente que incluso, podría ser nominada a un Oscar en la categoría de Mejor Actriz y asimismo Marina de Tavira, quien también podría ser nominada a Mejor Actriz de Reparto.

La grandeza de “Roma” es innegable y siempre, quien sale perdiendo al no contar con suficientes copias en las salas de proyección es el público, que de verdad, ha mostrado un gran interés por presenciar la que se dice, es la obra cumbre del cineasta mexicano que le dio personalidad a Harry Potter en el cine. La prueba, es que en Oaxaca fue exhibida en el festival “Oaxaca Cine”, donde las entradas se agotaron varios días antes de su proyección. Asimismo, comentarios en redes sociales donde se pide de manera casi unánime que Cinépolis y Cinemex lleguen a un acuerdo con Netflix para poderla disfrutar. La condición que Netflix pone a los dos complejos de exhibición cinematográfica es que parte de la taquilla, sea donada a organizaciones sin fines de lucro. Ambas cadenas, no han dado una respuesta.

“Roma” cuenta la historia de superación de una familia de clase media en la ciudad de México en la década de los setentas, y que pese a los problemas domésticos y abandono, la complicidad y protección de Cleo, la nana, se vuelve de vital importancia para desenmearañar la emotiva trama y la sicología de los personajes, y así ambos elementos se conviertan en algo entrañable y digno de una ovación de pie. De verdad, ¡necesitamos a “Roma” en los cines! ¡Pero ya!