Eliminar la corrupción


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Eliminar la corrupción de México, exterminar para siempre la falta de probidad, extirpar la inmoralidad y cancelar por decreto oficial la deshonestidad, equivale a convertir al país en una especie de paraíso terrenal donde se supone convivan lobos con corderos, al estilo cristiano del Vaticano, que si bien pregona y defiende diez mandamientos y prácticas nobles, lo que la historia de la religión mexicana, católica, apostólica y romana demuestra e incluso prueba en la actualidad, es la inmoralidad más obscena y extrema corrupción que pueda existir en el universo, desde sus Cruzadas –asesinando miles de infieles–, su Santa Inquisición, excomuniones y el Martillo de las Brujas, en tiempos no muy lejanos, hasta su alianza con los conquistadores españoles, acuerdos con conservadores anti juaristas, y actualmente los abusos abusos sexuales de los curas con niños.

Eliminar la corrupción, si bien es una buena intención del gobierno, en realidad jurídica y legal, al gobierno no le corresponde inmiscuirse, porque se trata de asuntos de ética o moral que competen exclusivamente a cada quien, a su personalidad, idiosincrasia o moral religiosa, excepto en países declarados musulmanes o aliados con determinada religión, pero México, por ser país laico únicamente puede el gobierno sancionar y castigar delitos tipificados en las leyes y la constitución, no y de ninguna forma la bondad, maldad o comportamiento íntimo, personal o social, como parece pretende AMLO con su Constitución Moral, documento con que el gobierno se quiere entrometer en lo que no le importa, en lo que yo o usted queramos hacer, sin perjudicar los derechos de los demás, porque entonces todos seremos inmorales, perversos, malignos o herejes en espera de una condena inquisitorial oficial, porque son corruptos absolutamente todos los políticos, son crueles y corruptos todos los policías, especialmente los viales que se dedican a asaltar vehículos, son corruptos los profes de la secta 22 que perjudican a escolares pobres, son corruptos los líderes sindicales, especialmente de la UABJO, son corruptos los integrantes de la CTM que extorsionan, son corruptos los taxistas que abusan de todo, son corruptos los camioneros y concesionarios del servicio de pasaje que transportan en formas infame, son corruptos los abogados que engañan a clientes, los dizque  médicos alternativos, quienes que se pasan altos de semáforos, quienes se estacionan en doble fila, los que no respetan a los demás, los vendedores ambulantes, son corruptos los normalistas, son corruptos los patrones que explotan a empleados, los MP, son corruptos los burócratas de Derechos Humanos que defienden delincuentes, los que roban, mienten, los que venden piratería, los que compran cosas robadas en tianguis, son corruptos los que venden litros incompletos, contando al crimen organizado. Una persona corrupta de las antes mencionadas, así sea el policía que acepta un soborno o el jefe de la oficina o empresa que en contubernio con otros realiza transas, siempre será corrupta, jamás se portara honestamente y nunca rectificará, contaminando a los demás, salpicando su deshonestidad. Por supuesto existen muchas más personas nobles e incorruptibles, dedicadas a su trabajo de quienes su dignidad está por encima y es ajena a la conducta proterva de políticos y funcionarios que pretenden ser intachables y morales, siendo corruptos en forma directamente proporcional al cargo que ostentan.

Netflix complace a sus usuarios y le cuesta 100 millones de dólares


Ismael Ortiz Romero Cuevas

La vida apresurada de estos tiempos, nos ha hecho a muchos de nosotros ya no poder ajustarnos a los horarios de la televisión y se ha perdido la costumbre también de llegar a casa corriendo a una hora determinada para sintonizar nuestro programa predilecto. Por eso, las plataformas en streaming se han vuelto una parte casi esencial en cualquiera de nuestros dispositivos móviles, ya sea un smartphone o una tableta; casi todos tenemos la aplicación de Netflix en el celular justamente porque en cualquier instante que tengamos libre, podemos ver nuestra serie o película favorita, además que tiene un costo bastante accesible.

Y entonces queridos lectores, déjenme contarles mi experiencia. Al pasar gran parte del día fuera de casa, ya sea cumpliendo obligaciones o por cualquier motivo, Netflix se ha vuelto un compañero inseparable en mi móvil, porque no solo puedo ver series originales en la plataforma, sino algunas otras que me hacían recordar aquellos años de adolescencia cuando mi única preocupación era aprobar exámenes, tener amigos, ver MTV y mis series favoritas. Así, pude revivir series como “La niñera”, que creo que la vi unas tres o cuatro veces, “El príncipe del rap”, “That 70’s Show”, “Gilmore Girls”, “Dr. House”, “Lost” o “Grace Anatomy”. Todas, haciéndome pasar momentos de nostalgia increíbles, sin la presión de horarios establecidos por la programación de la televisión. Creo que para muchos, Netflix se ha vuelto la gran opción de entretenimiento precisamente por su portabilidad. Y justamente eso me pasa con “Friends”, una serie que sin temor a equivocarme, a todos los de la generación X, nos marcó de una manera importante y que disfruto demasiado casi en cualquier lugar.

Sin embargo, los contratos de Netflix con las compañías productoras de las series caducan y al ver la gran audiencia que tienen, cada vez exigen más dinero para que puedan ser exhibidas en la plataforma. Así, hace poco más de dos años, Sony terminó el contrato y Netflix dejó de tener entre sus opciones a “La niñera”, que había reportado más de 100 millones de usuarios viéndola, una audiencia que nunca tuvo en televisión ni siquiera en este tiempo, que se sigue transmitiendo en TV por Comedy Central los domingos por la mañana, incluso en Claro Video que ahora la tiene, pero con una audiencia muchísimo menos numerosa. En noviembre pasado, NBC también retiró de la plataforma a “El príncipe del rap”, sitcom que llevó a la fama a Will Smith y que también es sumamente entrañable para quienes fuimos chavos en los noventas. Al retirar ambas series, muchos seguidores protestamos porque de alguna manera, teníamos la seguridad de tener la serie guardada en nuestra lista y volver a verlas en el momento en que quisiéramos o pudiéramos. Y hace unos meses, estuvo a punto de suceder una tragedia (sí, y no exagero), AT&T, el emporio de medios que es dueño de Warner, anunció que “Friends” estaría nada más hasta este año en la plataforma. ¡No!, de verdad que muchos lanzamos protestas enérgicas en las redes sociales, casi exigiéndole a Netflix que si ya se había atrevido dejar ir a “La niñera” y “El príncipe del rap”, no lo hiciera con “Friends”, otro icono de nuestra generación y que los millennials nunca entenderán aunque les expliquemos con manzanas los motivos.

Se generó demasiada polémica. Incluso Netflix contestó en su cuenta oficial de Twitter, que trataría de negociar con la compañía dueña de la sitcom y llegar a un acuerdo que beneficiara a ambas partes. Sin embargo, se supo también que hasta este año, AT&T, había vendido la serie al emporio de programación por internet en 30 millones de dólares y que para dejarla por lo menos un año más, exigía mucho más del doble. Y ayer miércoles corrió como reguero de pólvora que “Friends” se queda en la plataforma para complacer a sus fans; pero que tal hazaña le había costado 100 millones de dólares. Sabemos que si Netflix pagó esa cantidad a la compañía dueña de los amigos, es porque ha reportado más de 140 millones de espectadores y sabe también, que muchos de sus suscriptores la seguimos por las series originales, que algunas son brillantes y otras no tanto, pero también por el gran negocio de este tiempo: la nostalgia. Por ello, Netflix percibe que “Friends” es muy importante para el grueso de su mercado, que somos precisamente quienes fuimos adolescentes noventeros y que ahora tenemos poder adquisitivo.

Gracias al éxito de Netflix, compañías como Disney, Warner, Fox o HBO han lanzado o planean lanzar sus respectivas plataformas y es por ello, que le suben el precio de sus producciones a la corporación pionera con el fin de que ésta rechace las series por los altos costos y así, cada productora pueda tener los derechos de su programación y vender sus contenidos por internet. Por ello, Disney ha anunciado ya Disney +, y pronto Warner hará lo propio. Así también Fox Premium y HBO Plus se han vuelto un negocio redondo, además de que la competencia con Amazon también se ha vuelto casi feroz. Con todo y eso, Netflix sigue empeñándose en hacer series y películas originales buenas o malas, pero que hacen que su popularidad siga en ascenso.

Pero por lo pronto, podremos ver todavía a Chandler Bing, Phoebe Buffay, Monica y Ross Geller, Rachel Green y Joey Tribbiani en Netflix. Al menos en 2019.

Y ya lo último. ¡Que ni se le ocurra a Netflix quitar “Breaking Bad”!, porque entonces sí, vendría el caos.