Corrupción de ambulantes


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Si existe ejemplo de los peor de la corrupción que existe en la sociedad de Oaxaca es la de vendedores ambulantes, autobuses urbanos de pasajeros, materialistas y taxistas, siendo todos prueba irrefutable que los privilegios que tienen y abusos que realizan – amparados en la violencia, amenazas de bloquear calles o secuestrar la ciudad-, les facilita conseguir lo que quieren sin que les importe nada más que sus mezquinos intereses, siendo los primeros, los vendedores ambulantes y los tianguis quienes  más perjudican la economía del comercio establecido y el paisaje arquitectónico de una ciudad patrimonio cultural.

Aprovechando la corrupción que ahora dice AMLO y militantes de su partido combatirán a fondo, la “Mafia del Poder” que gobernó el país hasta hace una semana, consistió, facilitó y abrió la puerta, calles, banquetas, atrios y parques públicos a vendedores ambulantes y tianguistas, despojando a la ciudad de espacios públicos como el Llano, Jardín Labastida, Andador Turístico, calles contiguas a mercados del centro y otros lugares para instalar sus horrendos y putrefactos puestos de piratería, objetos robados, alimentos insalubres, baratijas y toda clase de productos de pésima calidad y dudosa procedencia, poniendo de rodillas a autoridades municipales que humillaban con intimidación, desafíos, resistencia social o advertencias de generar violencia, sabiendo que al final conseguirían lo que exigían, como pretenden hacer de nuevo pretendiendo regresar su hediondo y putrefacto tianguis al Llano y, otros apoderarse no solo del atrio de Santo Domingo (la calle de Gurrión ya es un tianguis) sino también de la calle de Alcalá y, si se puede de todo espacio público, porque hasta el 31 de diciembre 2018 sometieron al Ayuntamiento, no obstante, dadas las promesas de AMLO  de terminar con la corrupción e impunidad, lo que procede ahora es acabar también con los ambulantes, quienes aunque tengan permisos y autorización municipal para instalar puestos mugrosos en la vía pública, todos sabemos que los consiguieron por influyentísimo amenazas o violencia, y esto es: corrupción, así sea de un simple vendedor de perros calientes, hasta los dueños de las cantinas que invadieron impune y corruptamente los portales del zócalo. No se que ocurrirá, ¿volverá el tianguis al llano, se convertirá el Centro Histórico en horripilante tianguis? O se acabará la corrupción y así como se rescató de vendedores el Jardín Labastida o el Llano, se aplicarán las ordenanzas municipales y tendremos un buen ejemplo de lucha municipal contra la corrupción. El tiempo lo dirá…

Hablemos de David Bowie (I)


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Rendirle homenaje a David Bowie resulta entre tantas cosas, una tarea bella, titánica y complicada. Simplemente por todo lo que representó al mundo de la música y las letras a lo largo de casi 50 años de carrera. Siempre pensar en festejar a Bowie que un día como hoy, 08 de enero, cumpliría 71 años me resultó en varios días de ponerme a pensar qué es lo que escribiría, qué diría, o si simplemente sería buen momento para hacer un recorrido por su vasta creación en el mundo de la música.

Y cuando hace unas semanas pasaba eso por mi cabeza al recordar que sería su aniversario, llegó a mis manos un regalo excepcional, el libro “Bowie” de Simon Critchley, un filósofo contemporáneo que ha dedicado su vida a la academia, al razonamiento y a la enseñanza, pero además, un fanático de David que descubrió que las letras de “su camaleónica majestad”, le habían contribuido de varias maneras para que él decidiera dedicarse a la filosofía.

Mi lectura comenzó en la noche descubriendo que,  el viaje sobre los distintos ensayos cortos que el filósofo hacía sobre Bowie eran simplemente fascinantes. Nos narra como llegó a su vida, lo que representó y cómo su madre tuvo mucho qué ver para que se enamorara de la personalidad y fuerza del cantante cuando lo descubrió en el programa “Top Of The Pops” de la BBC en 1972, cantando la memorable “Starman”.  Critchley tenía 12 años en ese entonces y describe que la experiencia de descubrir a Bowie encarnando a su alter ego, Ziggy Stardust esa noche: con su vestuario, androginia, letras y concepto era algo, dice, que se asemejaba a una experiencia sexual. A su primera experiencia sexual.

Así, es como vamos descubriendo a lo largo de la lectura, la forma en la que Bowie inspiró al filósofo y la importancia que además tenía en su vida; de los temas recurrentes que trata en sus canciones y su evolución como artista desde los conceptos, la plástica, su simbología o su dualidad hombre-mujer; la forma en cómo Bowie evoca la nostalgia, critica la guerra, se enamora del espacio, la ciencia ficción y la filosofía; así como sus relaciones idílicas con amigos como Iggy Pop, Mick Jagger o Andy Warhol o sus amores, son tomados en cuenta por el autor del libro que nos adentra en su experiencia y hace que miremos a Bowie desde su perspectiva. Y si lo amamos, terminaremos idolatrándolo por las emocionantes y emotivas líneas que plasma sobre el cantante.

“La clave es que durante los setenta, sobre todo de 1974 en adelante, Bowie fue capaz de poner en marcha una disciplina artística de una intensidad, de una audacia y un arrojo aterradores. Todo lo contrario a la complacencia de una estrella del rock. Es como si Bowie, de un modo casi ascético, casi eremítico, se hubiese adiestrado para convertirse en una nada, una nada fluida e inmensamente creativa que pudiera adoptar caras nuevas, generar ilusiones nuevas y crear formas nuevas.”, nos dice Simon Chritchley en el capítulo del libro titulado “Disciplina” y donde también concluye que el tema “la nada” es uno de los periódicos e toda la obra de David.

Entre vivencias y razonamientos, el autor nos hace un recorrido estupendo de las canciones más reconocidas e icónicas del cantante, así como el predominio que tuvo en otros cantantes y músicos; nos describe desde sus más gloriosos momentos, hasta los menos creativos. Menciona temas como “Heroes”; “Space Odity”, “Ashes To Ashes”, “Station To Station”, “Fame” o “Repetition”, marcando en muchas de ellas lo más sobresaliente de sus letras e ideas, hasta que llega a los años noventas, con el álbum “Heathen” como su carta de presentación y lo que considera un resurgimiento artístico y filosófico del cantante, describiendo a éste álbum como uno de los mejores de “Su camaleónica majestad”.

Y en ese recorrido llegamos a “Blackstar”, su último disco de estudio y que presentó un 08 de enero de 2016, el día de su cumpleaños 69. Presenta también a su último alter ego, llamado “Lazarus”, personaje central del álbum; quizá el más oscuro de su carrera. El mundo aclamó el trabajo y fue noticia mundial al entender que el paso de los años le habían dado una madurez inusitada al ya de por sí dotado artista, pero algo devastador estaba por llegar… (continuará)