PJE, hacia una justicia humana, eficiente y transparente: Magistrado Eduardo Pinacho


  • En un mensaje a la ciudadanía, el titular del Poder Judicial dio a conocer las nuevas acciones adoptadas en la institución en Materia de Violencia de Género


El Poder Judicial del Estado (PJE) avanza hacia una justicia más humana, eficiente y transparente, afirmó el Magistrado Presidente, Eduardo Pinacho Sánchez al dar a conocer las nuevas acciones adoptadas en la institución en Materia de Violencia de Género -ante la emergencia sanitaria por Covid-19- y que permiten una mejor atención de los casos en este contexto.

En un mensaje dirigido a la ciudadanía, transmitido a través de la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión (CORTV), enfatizó que la independencia y la división de poderes no suponen una relación de distanciamiento, sino de colaboración entre las instituciones fundamentales del Estado, cuyas actuaciones deben orientarse en el sentido de satisfacer las necesidades de la sociedad.

Las medidas anunciadas son: 

1.- Para atender asuntos urgentes como juicios de alimentos, juicios relacionados con violencia contra la mujer, niñas, niños y adolescentes, separación provisional de cónyuges, guarda o custodia de menores, órdenes de protección y de convivencia familiar, entre otros, se mantendrá personal de guardia física en cada uno de los juzgados en materia familiar o juzgados mixtos que conozcan de la materia familiar, así como en todos los órganos administrativos dependientes del PJE.

2.- En el caso de mujeres víctimas de violencia deberán canalizarse al Centro de Justicia para las Mujeres (CEJUM), a los refugios o centros de atención de víctimas pertenecientes a instituciones públicas u organizaciones civiles.

3.- En Materia Penal deberá darse continuidad a las funciones de los Juzgados de Control en aquellos casos que se consideren urgentes, entre ellos los relacionados con violencia de género; las audiencias urgentes para el libramiento de órdenes de aprehensión, cateos y controles de detención, podrán realizarse a través de las plataformas zoom o skipe.

4.- Se establece como línea de atención adicional el número 800 719 22 32 a la que podrá acudirse para lograr que actúen los órganos jurisdiccionales o administrativos que corresponda, así como obtener información de los servicios que se mantienen.

5.- Para fortalecer una comunicación efectiva con las organizaciones civiles involucradas en la protección de mujeres y niñas en situación de violencia, se instruye al titular de la Dirección de Derechos Humanos del Consejo de la Judicatura, que establezca una adecuada interlocución que lleve a una actuación conjunta y armónica con dichas organizaciones. 

Durante el anuncio, el Magistrado Pinacho Sánchez destacó que el PJE coincide con la propuesta planteada por el Gobernador del Estado el 7 de abril de este año; por lo cual, magistradas, magistrados, consejera y consejeros, juezas y jueces respaldan esta iniciativa y en un ejercicio de responsabilidad, de justicia, solidaridad y amor por Oaxaca, decidieron voluntariamente aportar el 10% de su sueldo durante los siguientes tres meses.

El mensaje íntegro del titular del Poder Judicial del Estado se puede consultar aquí:

La guerra de los mundos


Carlos R. Aguilar Jiménez.

La naturaleza, que ni es buena ni mala, estrictamente es, se comporta como debe y la terrible pandemia que nos agobia no es más que otro de los fenómenos biológicos que cíclicamente sucedían aislados en el mundo, pero como ahora existen vuelos internacionales, lo que debiera ser local se convierte en mundial, y las epidemias en pandemias, algunas llevando a especies casi a la extinción, como en la Guerra de los Mundos donde la especie de marcianos viene a exterminar a los terrícolas, que son salvados por virus o bacterias. En nuestro mundo en su historia biológica han ocurrido extinciones masivas, algunas derivadas de cataclismos geológicos, pero otras por infecciones de gérmenes para los que no existen resistencia, porque mientras exista radiación solar, energía, la vida en la tierra, especialmente la del mundo de los microbios seguirá proliferando, porque la Tierra no es nuestra, nunca lo ha sido, es de los virus y bacterias que desde hace 3 mil 800 años pululan sobre agua, tierra y aire.

El sol es fuente de vida y donde haya luz solar y agua se reproducirá; si en lugar de luz y agua hay hielo y resequedad la vida no se reproduce, como dentro de un congelador, así que en función de los requerimientos básicos de la vida, ya seamos mamíferos, reptiles, insectos, bacterias o virus, las mejores condiciones para su reproducción son las que ahora estamos viviendo astronómicamente, porque al moverse el sol hacia el norte luego que en equinoccio llegó al ecuador, los meses más calientes del año son abril y mayo, período en que proliferan todos los seres vivos, iniciando con las plantas que renacen y siguiendo con los animales: zancudos, moscas, cigarras, cucarachas o ratones, para terminar con bacterias y virus que, siguiendo la misma dinámica biológica se reproducirán igual o más, circunstancia que quizá aplica al Covid-19 y demás virus, de tal forma que al tener al sol arriba la radiación es mayor, como sucede ahora cuando el sol esta casi en el cenit de Oaxaca y el próximo 8 de mayo llegue a nuestro meridiano, iniciando inmediatamente la temporada de lluvias, que si lamentablemente el vital líquido no extermina virus, si cambia las condiciones ambientales y dado que los virus ni están vivos ni muertos, son únicamente una molécula de genes sin capacidad de reproducirse si no infectan células, el cambio de estación podría ser, pero solo podría ser, circunstancia favorable para los humanos al morirse por sí solos los virus, como cuando los virus nos salvaron de los marcianos en la novela La Guerra de los Mundos de H.G. Wells. Nada podíamos hacer frente a la tecnología marciana, como ahora nada podemos hacer frente a los virus, excepto escondernos de ellos, por lo que es probable, pero solo posible, que el cambio de estación, de sequía a  lluvia pudiera ser un medio ambiente menos favorable para la reproducción de virus, pero no lo sabemos, únicamente es una especulación, por lo que debemos seguir en cuarentena para evitar el contagio de los virus invasores del mundo microscópico, en La Guerra de los Mundos.

Covid-19, y la necesidad de un nuevo pacto federal


Adrián Ortiz Romero Cuevas

La crisis global generada por el Covid-19, en México tendría que llevarnos a repensar nuestro federalismo. Ante la crisis sanitaria, económica y laboral generada por las medidas de aislamiento social, se esperaba que el gobierno federal impulsara medidas extraordinarias de apoyo a la economía y a las clases sociales media y baja, que serán las más afectadas económicamente por la pandemia, y capitaneara eficazmente las medidas de protección sanitaria para toda la población. No ha sido así. Y ante el vacío federal, algunos gobiernos estatales están impulsando medidas emergentes que tendrían que derivar en una reformulación de algunos aspectos del federalismo mexicano, que está demostrando su anacronismo y su incapacidad de responder a las circunstancias actuales del país.

En efecto, si bien como forma de Estado la federación establece un sistema de distribución de competencias para fortalecer integralmente a todas las partes integrantes del conglomerado, lo cierto es que el federalismo mexicano ha sido más bien un espejismo que ha permitido la unión de los estados, pero a partir de un fortalecimiento desproporcionado del ámbito federal. 

En tiempos de tranquilidad, ese modelo tropicalizado a la circunstancia mexicana explicaba su existencia en la comodidad y la conveniencia mutua, particularmente por el hecho de que la federación decidió asumir una actitud paternalista y suplir a las entidades federativas en el cumplimiento de diversas responsabilidades, y éstas lo aceptaron por parecerles lo más conveniente. 

No obstante, en medio de una crisis inusitada y extraordinaria como la generada por el virus Covid-19 —y sus efectos en prácticamente todos los rubros de la vida social y económica del país—, el federalismo tendrá, en el corto y mediano plazo, una de sus más duras pruebas de subsistencia por la necesidad del reacomodo de sus viejos y agotados equilibrios, a partir de las acciones que, frente a la crisis, están tomando los gobiernos estatales para hacer lo que el gobierno federal no hizo. Y en eso, el aspecto fiscal juega un papel determinante.

Y es que a lo largo del siglo XX, el gobierno federal mexicano —un ente centralista en toda su estructura, a pesar de su careta federal— decidió concentrar prácticamente todas las facultades fiscales para sí. De este modo, dejó sólo algunos impuestos menores en la competencia de los estados, pero sin márgenes importantes de maniobra. 

En esos tiempos, esto fue cómodo para todos: el gobierno federal siguió fortaleciéndose —siguiendo las enseñanzas del caudillismo revolucionario— y las entidades federativas y los municipios dejaron de ejercer la engorrosa e impopular labor de cobrar los impuestos de mayor cuantía. Apareció así el sistema de coordinación fiscal, y entonces los estados eran únicamente “ayudantes de cobro” de los gravámenes federales; a cambio recibían porcentajes de esos ingresos federales, independientemente de si éstos cobraban o no los impuestos que les correspondían.

Eso explica por qué los sistemas recaudatorios estatales son pobres e ineficientes. Las entidades federativas se quedaron con poquísimos impuestos —a la nómina y el hospedaje son los más relevantes— y los municipios se quedaron con el cobro de ciertos derechos y el impuesto predial. Todos los impuestos relevantes —ISR, IVA, IEPS, etcétera— los cobra la federación vía el SAT. 

EMERGENCIA ECONÓMICA: ¿Y LA FEDERACIÓN?

¿Por qué todo esto es relevante hoy? Porque la emergencia sanitaria por el Covid-19 ocurre en el contexto de una crisis económica que ya tenía existencia propia. Las medidas de aislamiento social resultan draconianas para una economía que ya de por sí está en aprietos. Por eso el gobierno de López Obrador intentó por todas las vías posibles minimizar la verdadera gravedad de la contingencia y aplazó excesivamente el momento de decretar la emergencia sanitaria —otra decisión que, del mismo modo, tendrá que ser pasado por el tamiz del federalismo—. Y se esperaba que el gobierno impulsara medidas emergentes para paliar la crisis económica, ahora agravada por el coronavirus. 

Nada de eso ocurrió. Por eso, han sido algunos gobiernos estatales los que han emprendido la tarea —difícil, por su propia precariedad recaudatoria— de impulsar apoyos al empleo y a la economía de la clase media. En el caso de Oaxaca, el gobernador Alejandro Murat anunció medidas que, si bien intentan contribuir a la preservación de empleos y de la economía de las clases trabajadoras y emprendedoras, lo cierto es que éstas se circunscriben a los limitados alcances financieros que tienen las arcas estatales, a partir del hecho de que cobran pocos impuestos y tienen una recaudación baja, si se compara con la federal. 

De hecho, la sujeción del presupuesto oaxaqueño a los fondos federales —y por ende, la estrechez de sus márgenes autónomos de maniobra— es evidente: en 2019 el gobierno oaxaqueño reportó (https://bit.ly/2VoiIUQ) que, de su gasto anual, que ascendió a 80 mil 879 millones 770 mil 812 pesos, sólo 5 mil 117 millones 993 mil 754 pesos fueron de ingresos generados por impuestos y derechos estatales. Ello deja ver que más de 75 mil millones de pesos —el 93.75% del gasto público estatal— llegaron a Oaxaca por transferencias y participaciones fiscales federales.

En la misma sintonía, los gobernadores del noreste del país anunciaron que presentarán un plan conjunto de rescate de las micro y pequeñas empresas, ante la ausencia federal. Uno de los mandatarios estatales, Jaime Rodríguez de Nuevo León, incluso reprochó algunas de las muchas injusticias fiscales que existen en México: “…recibimos migajas, y aún con eso hemos sabido sacar adelante nuestra región, lo cual se debe precisamente a los empresarios, que no son sólo los grandes, sino también el taquero, el que tiene un restaurante, y el pequeño proveedor que surte al grande”, al tiempo de recordar que debe haber un nuevo pacto fiscal (https://bit.ly/2XtNhuX).

De hecho, las entidades del norte del país se quejan porque ellas aportan más al PIB, que lo que la federación le devuelve en participaciones fiscales. Le reprochan a la región sursureste que recibe más de lo que produce. No es una injusticia en sí, sino el reflejo de un desequilibrio de origen del sistema federal mexicano, que no logró procurar un desarrollo homogéneo en todas las regiones del país, para que todas produjeran riqueza al mismo nivel.

Además, nuestro sistema fiscal está lejos de una distribución justa, en la que tanto el gobierno federal como los estados tuvieran sistemas recaudatorios simétricos, en los que todos gravaran parcialmente la producción de riqueza, la renta y el consumo, y con eso tuvieran mejores márgenes y equilibrios para disponer de manera autónoma de sus recursos.

En realidad, el federalismo fiscal mexicano es totalmente centralizador. Por eso, cuando el gobierno federal decide no invertir —ya sea en temas de salud, infraestructura, apoyos económicos, etcétera—, los estados se quedan totalmente inmovilizados porque no tienen una capacidad recaudatoria al menos aceptable para tomar sus propias decisiones. Se vuelven rehenes de los caprichos o las decisiones federales, y entonces sus medidas emergentes son insuficientes, porque tienen una recaudación pobre de la cual echar mano.

NECESARIO, UN NUEVO PACTO FEDERAL

El rubro fiscal es un botón de muestra de algo mayor: el sistema federal ha venido engullendo muchas de las facultades esenciales que antes eran de concurrencia o de coordinación con lo gobiernos estatales. Hoy, aspectos como la salud, educación, el fomento económico, la organización electoral y muchas más, están totalmente en manos del poder central, a pesar de que en la Constitución federal son facultades concurrentes con los estados.

Hoy, la crisis sanitaria revela la necesidad de un replanteamiento del sistema federal, pues ésta no sólo ha puesto en evidencia las insuficiencias del llamado pacto fiscal, sino también deja en el aire diversas preguntas que tendrán fuertes repercusiones: ¿por qué el Consejo de Salubridad General —un órgano integrado por los tres ámbitos de gobierno— decretó la emergencia sanitaria mucho tiempo después del momento en que los expertos internacionales lo recomendaban? ¿Actuaron los gobernadores en el marco de sus atribuciones llamando al aislamiento social antes que la federación? ¿Qué responsabilidades tendrá el gobierno de López Obrador por sus dilaciones y negativas a intervenir en rubros importantes de la economía, la salud y el bienestar de las personas? 

Una consecuencia indispensable de esta crisis debiera enfocarse en un reordenamiento clarificador de la distribución de competencias federación-estados; y sobre todo, en el hecho de que los gobiernos estatales asuman —por primera vez en décadas— su relevancia dentro del pacto federal, para lograr ahora sí la equidad —tantas veces aplazada, pero justa y necesaria— en su relación con el gobierno central.