Refuerza Poder Judicial medidas preventivas contra el Covid-19 mediante campaña de sensibilización


  • El Poder Judicial de Estado exhorta a las y los oaxaqueños a sumarse con responsabilidad s las acciones emprendidas para disminuir la propagación de la pandemia

En su compromiso con el cuidado de la salud del personal y los usuarios del servicio de administración de justicia y ante la importancia de continuar reforzando las medidas de prevención, al encontrarse Oaxaca en el pico más alto de contagios por Covid-19, el Poder Judicial del Estado inició una campaña de sensibilización e información sobre los lineamientos de higiene y recomendaciones emitidas para disminuir la propagación de la enfermedad.

Con mensajes sobre las formas de interacción social ante la Nueva Normalidad, como “Que no te de vergüenza seguir con las medidas sanitarias aunque veas que los demás no lo hacen”, “La responsabilidad de cuidar de ti y los tuyos es solo tuya”, “¡Prevenir está en ti!” y sugerencias sobre el trabajo en casa, a través de carteles se busca concientizar a trabajadores y ciudadanía. 

Aunado a lo anterior, se refuerza esta campaña con la entrega de materiales para la higiene y limpieza así como labores de sanitización en juzgados y las diferentes áreas del Tribunal Superior de Justicia y del Consejo de la Judicatura, las cuales se han realizado desde el inicio de la contingencia sanitaria.

El Poder Judicial de Estado exhorta a las y los oaxaqueños a sumarse con responsabilidad a todas las acciones emprendidas por las autoridades federales y estatales en el combate a la pandemia, al ser un aspecto de vital importancia con el cual se podrá mitigar el avance del Covid-19 y evitar mayores contagios. 

Asimismo, externa su reconocimiento y gratitud al personal jurisdiccional y administrativo que con responsabilidad y compromiso desempeña sus funciones, al ser la administración de la justicia una actividad esencial que no puede quedar paralizada a pesar de la contingencia que se vive actualmente.

Colapso total


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Son incontables las aldeas, pueblos, ciudades e imperios que en el transcurso de la Historia han colapsado; civilizaciones que alcanzaron niveles prodigiosos de desarrollo, economía y riqueza, de repente o gradualmente puesto que no hay algo que sea para siempre, las circunstancias cambiantes del ambiente, ecología o modificaciones políticas y sociales las llevaron a la ruina, después al colapso y desaparición. Troya, Jericó, Teotihuacán o la antigua Roma son los ejemplos más emblemáticos del mundo de ciudades poderosas y dominantes que por invasiones, guerras, sequías, hambrunas o epidemias fueron borradas del mapa al tener sus pocos sobrevivientes tener que abandonar para buscar en otro lugar oportunidades y, si bien en tiempos modernos ya no es fácil que cualquier ciudad colapse debido a la comunicación por tierra o aéreas que pueden llevar ayuda en cualquier momento, lo cierto es que si bien no colapsan como ciudades, si colapsan en su economía y perspectivas de conservación de contextos o posibilidades de progreso y desarrollo.

 La actual pandemia de Covid-19 que asola a la humanidad no hará que colapsen ciudades del planeta, como sucedió a Tenochtitlán por la viruela y armas de fuego, sin embargo, las economías si colapsaran, como la de México, país de tercer mundo sin tecnológica propia que depende del petróleo y remesas de migrantes para sustentar su PIB, donde la perdida de casi dos millones de empleos, incremento de costos de materiales de alta tecnología indispensables en la vida moderna subirán tarifas y precio, colapsando en primer lugar el poder adquisitivo de la clase media y de quienes viven al día colapsando sus posibilidades, llevándolos de pobreza media a extrema, y de extrema a paupérrima, porque al colapsar restaurantes, hoteles, negocios, comercios o prestadores de servicios, la quiebra colapsará la demanda aunque haya oferta, colapsando la economía personal, familiar, social y nacional, porque el colapso de empresas que dan trabajo a millones, al colapsar por falta de apoyo, no rescate, del gobierno, será imposible conseguir empleo, hundiéndose en pobreza quienes antes vivían al día y ahora y después no tendrán ni para comer. Al colapsar las ciudades aumenta la delincuencia, inseguridad, rapiña, robos y es caldo de cultivo para sicarios, jóvenes paupérrimos quienes ante la falta de oportunidades y valores morales, optan por unirse al crimen organizado donde fácilmente tendrán riqueza y poder, y, dado que desde el principio no tienen para comer ni que perder, la consecuencia social del colapso es vivir después de la pandemia en una sociedad insegura, peligrosa, arruinada, como parece ser será la Nueva Normalidad, porque también en colapso crece la ineptitud, impunidad  y corrupción, transformándose lo que antes era tranquilo y seguro en peligroso, no solo por virus sino por delincuencia derivada de la pobreza y facilidad de delinquir sin riesgo de ser arrestado y condenado, porque también colapsa la autoridad ya en decadencia.