Se requiere la ciencia


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Si para bien o mal, según las circunstancias de cada quien o de la sociedad en el transcurso de las últimas generaciones hemos vivido situaciones extremas de enfermedad y muerte; dos guerras mundiales y en México una revolución, además de pandemias, unas de ellas no tan infecciosas como el SIDA y otras si como la influenza, lo cierto es que nunca se había tenido tanta esperanza o expectativa en la ciencia y su método para que a través de investigación, teorías, ensayos, tentativas, experimentos y posterior comprobación o demostración, la humanidad completa está esperando los científicos inventen la vacuna y/o tratamientos farmacológicos o clínicos contra el Covid-19, virus casi mortal que desde que escapó de un laboratorio en China, ha infectado a todo el planeta causando millones de muertos y cientos de millones de infectados, algunos recuperados gracias a procedimientos científicos, utilización de oxígeno y respiradores electromecánicos con terapias médicas avaladas por la OMS o Colegios Médicos de especialistas científicos. 

La pandemia de Covid-19 que ha paralizado la vida social, académica y económica de todos los países del mundo, como sucedió con la peste bubónica, gripa española, influenza o SIDA en sus respectivos tiempos, no terminaron hasta que casi murieron todos o inventó un protocolo o vacuna para evitar contagios y defunciones, porque casi no había algo que hacer ya que aunque sacaban imágenes religiosas de templos y en procesión se pedía a Dios acabaran las muertes, se oraba, rezaba o untaba agua bendita, hoy sabemos que eso no servía para nada, porque las bacterias y virus no se mueren o desintegran con rezos o pedimentos, sino con antibióticos o en el caso del Covid, con alguna sustancia que deshaga su cubierta proteínica, así que la esperanza de terminar con la pandemia ahora está exclusivamente en la ciencia, en la investigación que realizan virólogos, bioquímicos, genetistas, biólogos moleculares, biofísicos, cristalografos, bioquímicos y muchos otros especialistas que trabajan cumpliendo los requisitos de la ciencia y su método, entendiendo que si para algunos la fe mueve montañas o los rezos sanan a enfermos, entonces sería ahora el momento en que debieran demostrar su efectividad y compartir el remedio para posterior reconocimientos y premio Nobel.

 Cuando se dice que por medio de algún rezo, hechizo, conjuro o acto de fe alguien sanó alguien de “x” enfermedad, lo que se expone no pasa de ser anécdota o chisme, porque no vale que solo a uno le sirva y no a todos, demostrándolo objetivamente, así que aunque durante esta pandemia aparecen charlatanes y chiflados que dicen han encontrado curas a o tratamientos, en realidad se trata de fraudes, porque no se puede demostrar que funcione lo que venden para curar, frente al rigor y requerimientos de la ciencia, de tal forma que será únicamente la ciencia la que encuentre la vacuna tan buscada para inmunizarnos del covid-19 y así poder dar por dominada la pandemia, que hoy más que nunca está sirviendo para reivindicar a la medicina científica y a la ciencia en general.  

Ennio Morricone: La música absoluta del cine


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Ayer lunes, amanecimos en este continente, con la lamentable noticia del fallecimiento del gran Ennio Morricone. Quizá el compositor más prolífico en la historia del cine. Y es que no podemos imaginar la historia del séptimo arte sin su versátil talento, que lo llevó a trabajar con cineastas como Sergio Leone; Pedro Almódóvar; Terrence Malick; Giussepe Tornatore o Roland Joffé y creando verdaderas obras maestras para las bandas sonoras también de enormes cintas. Tenemos que ser honestos también, muchas veces las composiciones de Morricone resultaban incluso mucho más icónicas que la misma película que contextualizaban como aquella película “Los ocho más odiados”, por la que ganó el Oscar en 2016, pues la producción y notas que imaginaba se convertían casi de inmediato en piezas regentes no solo del cine, sino de la música en general. 

Hace unos años, llegó a mis manos un libro tremendamente especial, una obra que alguien que sabe que amo el cine sabía que disfrutaría como lectura especial por lo que ha significado Morricone en el cine. El libro lleva por nombre “En busca de aquel sonido: Mi música, mi vida” y se compone de una serie de entrevistas y conversaciones que el artista tuvo con quien fuera uno de sus discípulos y también reconocido compositor Alessandro De Rosa. Entre tantas vivencias, tantos amigos, tantas películas y tantas partituras, hay una anécdota que a mí me pareció emocionante, pues relata como una solicitud en la que no quería trabajar por exceso de ocupaciones, lo llevó a crear una de sus obras más reconocidas y elogiadas y cito: “Son cosas que pasan en la vida: a veces te topas sorpresivamente con algo que has de atreverte a seguir. Aquella escena me impactó muchísimo ya en la página escrita. Cuando vi cómo la había realizado Tornatore en la pantalla, confirmé la primera impresión que había tenido de su valía y de su talento narrativo y cinematográfico. Narrar la historia del cine a través de los besos censurados por un cura de pueblo me pareció una idea fantástica. Nunca he entendido por qué le pidió a Cristaldi que me llamara, en vez de hacerlo él mismo: quizá Peppuccio (Tornatore) fuera demasiado tímido. Preparé enseguida el tema del cine: Cinema Paradiso”. Esa narración que el músico le hace a De Rosa explica por qué dejó en pausa la creación de la obra musical para “Gringo viejo” y se dedicó a realizar el que es considerado su trabajo más triunfante. 

A cualquiera que le guste el séptimo arte, es casi obligatorio conocer parte de la obra de Ennio Morricone, pues musicalizó cintas del género western emblemáticas como “El bueno, el malo y el feo” o “Por un puñado de dólares”, pero también producciones hollywoodenses grandiosas como “Bugsy”; “La leyenda de 1900” producción ítalo-estadounidense; o “Pecados de guerra” de Brian de Palma entre algunas otras. Uno de los puntos a destacar es que su celebridad llegó más lejos que cualquier reconocimiento, y mientras obtuvo premios importantes como el BAFTA o el Globo de Oro, ganando seis y tres galardones respectivamente, la Academia de Ciencias y Artes Cinematográficas, es decir, quienes entregan el Oscar, lo tuvo en un olvido histórico, siendo nominado en seis ocasiones y recibiendo solo dos estatuillas. La primera en 2006 como un galardón honorífico, pues seguramente pensaron que Morricone ya no sería capaz de producir una banda sonora a la altura de sus obras maestras, sin embargo, fue en 2016 cuando subió a recoger su Oscar a Mejor Partitura, gracias a su trabajo en la película “Los ocho más odiados”, llevándose un aplauso de pie, pues muchos expertos del cine afirmaron que hacía muchos años, que Morricone debió haber recibido el máximo reconocimiento del celuloide. 

Temas emocionantes como “Cinema paradiso”; “The Ecstasy Of Gold”; “Il Bouno, Il Bruto e Il Cattivo”; Carlotta”; “Gabriel’s Oboe” o “Once Upon A Time In The West” son algunas de las composiciones más conocidas y loadas del italiano, que dejó de existir según notas periodísticas, en la madrugada del 06 de julio (hora de Roma) a consecuencia de una caída donde tuvo una fractura de fémur. El músico dejó, sin embargo, un catálogo de composiciones emblemáticas y sin las cuales, no se entiende el cine en su conjunto. 

Mi Twitter: @iorcuevas