Impartirá Poder Judicial curso en línea sobre psicopatología forense


La capacitación está dirigida únicamente al personal de la institución y el registro de postulaciones concluye el martes 13 de octubre

El Poder Judicial del Estado, a través de la Escuela Judicial, convoca a servidoras y servidores públicos de la institución al curso en línea Psicopatología Forense, Coordinación Parental y Tribunales de Justicia, que será impartido por el reconocido académico e investigador del Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), doctor Eric García López. 

El registro de postulaciones concluye el martes 13 de octubre a las 16:00 horas y deben enviarse al correo electrónico: controlescolar_ejoax@hotmail.com.

El ponente cuenta con Doctorado en Psicopatología Forense (Summa Cum Laude por unanimidad) Doctorado en Neurociencia por la Universidad Complutense de Madrid. Postdoctorado en Evolución y Cognición Humana, en la Unidad Asociada al Instituto de Física Interdisciplinar y Sistemas Complejos de la Universitat de les Illes Balears. 

Sus estudios de doctorado y postdoctorado fueron realizados gracias al apoyo del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (convocatoria nacional de becas, CONACYT). 

Es Máster en Derechos y Necesidades de la Infancia y la Adolescencia por UNICEF-España y la Universidad Autónoma de Madrid; Máster en Psicología Clínica, Legal y Forense por la Universidad Complutense de Madrid y ha realizado diversos cursos de especialización en la Universidad de Salamanca, Universidad de Barcelona, Centro Reina Sofía para el Estudio de la Violencia, Fiscalía de Menores de Madrid.

El objetivo del curso es conocer la importancia de la psicología jurídica y la psicología forense para el Sistema de Justicia. Se impartirá en un horario de 17:00 a 20:00, los días 20, 21, 22, 26, 27, 28 y 29 de octubre, así como el 4 de noviembre.

Las y los servidores públicos del Poder Judicial del Estado tendrán acceso al curso mediante la plataforma Cisco Webex.

12 de octubre: ¿celebración o tragedia?


Juan Arturo López Ramos

Hace cinco siglos, el violento asalto del viejo al nuevo mundo detuvo y destruyó el proceso evolutivo de la civilización Mesoamericana y estableció, sobre las ruinas de los pueblos indígenas, un oprobioso sistema de explotación de una sociedad a otra, cuyo principal objetivo era sustentar la riqueza y el poder de la monarquía española, sobre la dignidad, la voluntad y la libertad de los hombres del nuevo mundo.

La invasión y conquista de México y también de Centro u Sudamérica, produjo guerras, asesinatos, despojos, ultrajes, esclavitud, servidumbre, que junto con las epidemias importadas, provocó la muerte del 90% de la población original y la destrucción de sus magníficas culturas, que Fray Bartolomé de las Casas, en su documentada obra Apologética Historia Sumaria, al compararlas con las civilizaciones clásicas de la antigüedad, concluye que fueron iguales y en algunos casos, superiores. ¿Cuánto perdió la humanidad con este genocidio? 

Muchos señalan que las atrocidades cometidas por Cortés, Alvarado, Pizarro y decenas de miles de españoles más, fueron crímenes de la época y que no contaban con la anuencia de los reyes, cuyas leyes supuestamente pretendían proteger a los indios. Nada más falso. Los reyes nombraban directamente a “los capitanes generales, gobernadores y virreyes” y les otorgaban, como si fuera suya, una región en América. ¿Con qué derecho? y además, ¿quién les autorizó emitir leyes en un territorio que no les pertenecía?

No, no fue un crimen de su tiempo, cometido hace 500 años. Fue un crimen permanente, respaldado por los sucesivos reyes y españoles de múltiples generaciones, sostenido a la fuerza a lo largo de 3 siglos por toda una nación entera: España.

Hay quienes dicen que gracias a España, México avanzó. Lamentablemente el balance es desfavorable. El Informe de Alexander Von Humboldt en 1803, después de pasar 2 años en la Nueva España, concluye en forma devastadora: “Jamás había visto un país con tantas desigualdades, tanta riqueza concentrada en unos cuantos y tanta pobreza en los demás”.

La enorme desigualdad al final del dominio español, explica la extendida pobreza de hoy, como señala el premio nobel Stiglitz al documentar que “El 90% de los pobres, seguirá siendo pobre, por sus desventajas de posición”. 

Hace 200 años se alcanzó la libertad política, pero persisten muchos rasgos del sistema colonial, principalmente el extractivismo económico, la enraizada discriminación social derivada del sistema de castas y el colonialismo cultural, que nos impide aceptar que somos una nación cuya composición de sangre es mayoritariamente indígena, y con ello, asumir con plenitud las potencialidades de esta riquísima herencia cultural.

Comprender que los hechos del pasado determinaron nuestro presente, permitirá una visión más completa para diseñar las políticas públicas que permitan corregir el rumbo y alcanzar nuestra plena libertad, como individuos y como sociedad. 

El 12 de octubre debe ser el día de la reconciliación nacional con nosotros mismos.

¡¿Disculpas al Papa?!


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Si bien o mal en retrospectiva condenan algunos la actitud de los españoles al conquistar al continente recién descubierto por los europeos, lo cierto es que hicieron exactamente lo mismo que hacían los aztecas con los demás pueblos que tenían sometidos, esclavizaban, exigían tributos excesivos y además requerían de mujeres, niños y jóvenes para sus sacrificios humanos en los que ofrendaban a su verdadero dios: ‘Tonatiuh’, corazones sangrantes recién extirpados y aun palpitantes, siendo en este contexto de culpar de todo al pasado, incluso al prehispánico y creo que hasta al jurásico, que el presidente pide al Papa disculpa de la iglesia que representa, a los pueblos originarios que votaron por él y para que sigan votando a su favor.

Hace unos días el presidente solicitó al Papa Francisco que la Iglesia Católica pida perdón por los abusos cometidos durante la conquista española hace 500 años. En una carta dirigida al Sumo Pontífice, el presidente insistió en que la Corona y el gobierno de España, como el Vaticano, deberían disculparse con los pueblos aborígenes por las “Más oprobiosas atrocidades cometidas desde la invasión española en 1521”, cuando en realidad debería mandar una carta de agradecimiento por haber convertido al presidente, a su esposa, gabinete, diputados, gobernadores, a todos los pueblos originarios y en general a todos los mexicanos, en devotos cristianos, guadalupanos, creyentes de la Biblia y todos los rituales, dogmas y credos que trajeron los españoles, porque de no haber sido así y de no imponerse a fuerza de las armas la evangelización de los pueblos indígenas, todos los mexicanos seguiríamos creyendo en los verdaderos y auténticos dioses prehispánicos. Veneraríamos a Tonatiuh, adoraríamos a Huitzilopochtli, reverenciaríamos a Quetzalcóatl y amaríamos devotamente a todos los dioses y diosas que durante milenios fueron los dioses verdaderos de los mexicanos, no el dios extranjero originarios del medio oriente crucificado y traído por los misioneros españoles que consideraban ídolos paganos a nuestras deidades y actualmente dados de baja, y de los que nadie se quiere acordar ni venerar por considerarlos inexistentes, válidos únicamente para el folklore y la historia; por lo que la actitud populista y publicitaria del presidente, que es devoto creyente de Jesucristo, resulta una incongruencia, porque únicamente si el gobierno decretara regresar a la religión prehispánica tendría valor y sustento su exigencia de disculpas al Papa y a la Corona española, dado que, medio milenio después de lo que se haya cometido para bien o mal, los oaxaqueños, zapotecas, tlaxcaltecas, mixes y todos los pueblos originarios,  mejor deberíamos exigir disculpas a los habitantes de CDMX donde estaba Tenochtitlán, sede del sanguinario y cruel imperio azteca, donde ahora viven más de 20 millones que, igual que hace 500 años siguen viviendo del resto del país, beneficiándose de la energía eléctrica, combustibles, alimentos,  materiales y todo lo que se produce en México, porque en CDMX donde tienen todas las comodidades y servicios, no producen ni un aguacate o maíz, viviendo de los impuestos (sacrificios) a los que nos obliga pagar la actual Tenochtitlán, sede del cristianismo, mariolatría e hiperdulía que deben agradecer los católicos y cristianos a España, la Iglesia católica y hasta al Sumo Pontífice, y no estar pidiendo disculpas por lo que se hizo en el pasado

Dos de octubre no se olvida.


Nematini Vladimir Acevedo Silva

¡México, libertad!, ¡México, libertad!, fue uno de los tantos reclamos que miles de estudiantes realizaron durante una de las tantas marchas realizadas previo a la matanza del dos de octubre de 1968. Fecha aún recordada con profunda tristeza tanto por las generaciones pasadas como también, por las hoy presentes.

Aún se escuchan los gritos de auxilio de aquellos estudiantes que fueron abatidos y asesinados cobardemente en la explanada de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, a mano de militares e integrantes de grupos paramilitares como el Batallón Olimpia, quienes no dudaron en ningún momento en asesinar y desaparecer a jóvenes criticaban el autoritarismo de un gobierno en decadencia, pedían se respetará su autonomía universitaria y exigían la libertad de los presos políticos, mismos que se presumía se encontraban en diversas cárceles como por ejemplo en el infame “Palacio de Lecumberri”, ya que ahí se encarcelaba a los opositores del régimen priista de la época. 

Así era la manera en cómo aquel viejo régimen buscó a toda costa aniquilar al Consejo Nacional de Huelga, movimiento social conformado por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Politécnico Nacional, Centros Educativos del entonces Departamento del Distrito Federal y al cual posteriormente se adhirieron demás asociaciones de maestros y sindicatos. 

Aquellos balazos perpetrados desde los Edificios Chihuahua, 2 de Abril, 15 de Septiembre, I. S. S. S. T. E, 11, Revolución de 1910 y la Iglesia de Santiago por francotiradores integrantes del Batallón Olimpia, aún se sienten en lo profundo de cada uno de nosotros los jóvenes después de 52 años. 

Pareciera pues que cada vez que se erige una nueva manifestación social impulsada por el campesinado, las amas de casa, estudiantes y obreros, es decir, por el pueblo soberano, es el Estado quien se transmuta para convertirse en un ente represor y asesino. 

Efectivamente. Aquel dos de octubre no se olvida. Así como también no se olvida aquella matanza del Jueves de Corpus (10 de junio de 1971), la masacre de Aguas Blancas (28 de junio de 1995), la matanza de Acteal (22 de diciembre de 1997), la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero (26 de septiembre del 2014) y los miles de casos de feminicidios que se registran día con día en México.

Pareciera pues que cada homicidio, feminicidio y desaparición forzada, es ignorado y tratado de ser olvidado por las autoridades tanto federales, estatales y municipales. Con ello se repite en cada uno de los medios de comunicación el famoso “Hoy fue un día soleado”, frase célebre de Jacobo Zabludovsky, con la cual se da por hecha la complicidad del entre los medios y el gobierno para “tapar” lo ocurrido.

Situación que ocurre día con día, con el pretexto de minimizar las detenciones arbitrarias y las muertes. Aquellas que no paran aun cuando vivimos en un supuesto gobierno de izquierda.

Y efectivamente. Han sido las y los jóvenes quienes hemos iniciado estos movimientos sociales que buscan dar un rumbo distinto al futuro del país, en el cual se pueda dar cavidad de ideas y opiniones a todas a todos.

Aquellas exigencias de hace 52 años aún continúan vigentes. Pero también a estas se continúan sumando peticiones que son sumamente legitimas, las mismas que deben ser escuchadas, analizadas, estudiadas y sometidas a voto por nuestras y nuestros representantes legales. 

Hagamos unidad como pueblo. Luchemos porque nunca más se repita un dos de octubre. 

Que la victoria que nos espera a futuro sea suscrita por la juventud del mañana.

@NemasVA