Ardid enCDMX


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Según informa el respetado diario estadounidense The New York Times, el gobierno federal manipuló los datos del Covid-19 para evitar el cierre de la ciudad de México desde inicio de mes. De acuerdo con un análisis del prestigiado diario, desde el 4 de diciembre, la capital del país habría superado el umbral del semáforo rojo, disfrazándolo con tonalidades y matices, no obstante el riesgo de enfermedad y muerte que implicaba para cientos de miles de habitantes el no regresar a rojo, porque como sabemos para este gobierno importa más ahorrar y atesorar con su política de austeridad y perfil de mediocridad, que resulta en mezquindad respecto de lo que requieren hospitales y médicos para poder atender dignamente a pacientes con suficientes respiradores, camas y medicamentos con el equipo adecuado de protección.

Se engaña o manipula a la gente diciendo que vamos bien, no obstante los miles de contagios diarios y casi 150 mil muertos al ser de los diez países del mundo que peor han manejado la pandemia al no aplicarse obligatoriamente desde el principio leyes para restringir la movilidad y cierre de negocios, debido a que tales acciones serían impopulares y son preferibles los “abrazos que los balazos”, esto es: lo que quiera la gente, lo que les deje contentos para no ir en contra de la popularidad del gobierno y su plan de obtener todos los votos posibles el año próximo para continuar la autocracia, en una dinámica en la que de seguir así llegaremos a 200 mil muertos, que obviamente, sea o no esta cantidad, nunca lo sabremos (o quizás si el próximo sexenio) porque los gobiernos populistas siempre tienen sus propios datos, sus referencias ocultas y reseñas convenientes, debido a que los subordinados difícilmente dirán a quien manda, la verdad para evitar se enoje y despida o descalifique, como sucede con la opinión docta de la OMS o publicaciones de prestigiados diarios extranjeros, que sin ningún compromiso o interés político, sin quejarse o alegrarse, reportan únicamente lo que es, lo que sucede, describiendo la realidad. Si cada quien tiene sus propios datos y no se reconoce la realidad de los acontecimientos, se actúa como en la edad Media cuando la verdad y única verdad la tenía la Iglesia católica y todo lo que se decía en contra de la fe o refutaba dogmas establecidos se consideraba herejía que debía ser condenada con tortura y muerte, porque aunque los datos exactos, observaciones medidas, por ejemplo, de Galileo, eran verificables, los sacerdotes católicos tenían sus propios datos, su propia verdad y esta no iba a ser descalificada por ningún mequetrefe so pena de excomunión, tortura y muerte y, si bien ahora no llegamos a los extremos criminales de la religión católica, si se exponen los disidentes, fifís, neoliberales, capitalistas, libre pensadores y escépticos al ataque y descalificación, como ocurre contra la Prensa Internacional, local, columnistas, intelectuales y científicos.