Entre nosotros

Enrique Domville

¿Qué decimos de nuestros gustos, de nuestras apreciaciones? Sacamos de nuestro interior pensamientos en relación a lo que nos agrada o no, lo que no toleramos. Regresamos al personaje más importante de cada uno de nosotros, que es el Yo y el mundo debe girar en nuestro entorno ya que somos creadores de nuestros conceptos y sobre todo de nuestros prejuicios, que tornan aceptable o no, a otros seres, por sus conversaciones, creaciones y de manera especial la aceptación de sus ideas. Todo es la comunicación entre nosotros, uno de estos aspectos es la realidad (vista desde cada uno), como por ejemplo, un artesano que trabaja la madera, fabrica, pone su empeño, cariño y creatividad en busca de una perfección para él, antes de darla a conocer y solo así lo hará. Otros lo hacen porque se tiene que hacer, sin buscar demostrar su gusto y placer al realizar la tarea, por lo que esta respuesta es un mueble más, no la expresión de quien la hizo.

Harry Frankfurt profesor de la Universidad de Princeton escribió un libro en el que menciona la diferencia entre verdad, mentira y lo que él considera que predomina en muchas conversaciones llamándola paparrucha (que no es una mentira ni una patraña, es una historia inventada para dar a quien la dice un motivo para comunicarse con otros). La mentira, refiere el autor, es algo elaborado pensado con la intención de distorsionar el hecho, la patraña es una historia no creíble, pero algunos la aceptan como verdad. Cuando una historia se repite varias veces puede ser que algunos la crean y nacen los mitos urbanos, sin verdad, pero con mucha trascendencia cuando se aceptan recomendaciones para la salud, con el prefijo de que viene de la naturaleza. Regresando a nuestro autor quien nos dice que en vez de aceptar un simple no lo sé con sinceridad, se recurre a una historieta de opinión, sobre juicios no pensados sobre política, arte, o estilos de otros seres asociados siempre a la crítica, misma que como un gran defecto humano, tratamos de sobresalir limpios, otro tiene la culpa aunque sea su responsabilidad. Montaigne (1533-1592) decía desde esa época “Si mi propósito hubiera sido ganarme el favor del mundo debería haberme puesto prendas nobles y una actitud más estudiada”, le gustaba hablar de conocerse a sí mismo y no dar opiniones de lo que no sabía. En esta época, nosotros con facilidad nos ocultamos, con el siempre tratar de impresionar a otros hablando de lo no sabemos y nos imaginamos o simplemente repetimos hechos no conocidos; existe un comentario que dice de esta manera, “Me lo contó alguien que casi lo vio”. Esto a manera de burla, ya que siempre es parte de nuestra forma de comportarnos y de ser (afortunadamente no somos todos) y la agresividad como una compañía siempre presente. Otro gran autor, el filósofo Arthur Schopenhauer (1788- 1860), nos habló de la voluntad: “Es el ser más recóndito del mundo fenomenal y se manifiesta como una lucha ciega y sin propósito”. En esta importante acción del ser, tomar la decisión de lo que se quiere, sin saber lo que es realmente, sin medir las consecuencias de la acción, recordemos una vez más a Kant el “Hombre es un fin en sí mismo”, por lo que en muchos de los deseos altamente egoístas, no se contempla el respeto y no tienen empatía, por lo que por el poder de algunos, se pierde la visión de que todos somos seres iguales en derechos y obligaciones por lo que la libertad y la justicia van de la mano. John Rawls, jurista y filósofo del siglo XX no habla de repartición de riquezas, pero destaca la importancia de la igualdad de oportunidades, a esto le llamo equidad, quien fue influenciado por Locke y Rousseau con sus ideas sobre el Contrato Social. Debemos reaprender el que todos somos iguales y todos necesitamos de todos. La libertad, el respeto, la empatía siempre están en la equidad. Ayudémonos entre nosotros, no nos destruyamos. Comisión Estatal de Bioética.

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