Cerebro político de colmena

Carlos R. Aguilar Jiménez

Abejas, estorninos, ñus, peces, mariposas, termitas, hormigas y muchas otras especies de animales e insectos, son seres individuales cada uno respecto del otro, únicos si se encuentran en condiciones o circunstancias en las que no se requiere de cooperación, altruismo o reciprocidad respecto de algún propósito u objetivo, no obstante, si en algún momento se tiene que migrar, conseguir alimentos, un nuevo hábitat o defenderse de depredadores, la individualidad se cancela para convertirse todos los animales en uno solo, un único organismo, como somos todos los seres multicelulares, actuando todos juntos, indivisos, y a la vez, simultáneamente y coordinados para que sobreviva la mayoría.

Todos los seres vivos somos individuos, que no se pueden dividir, únicos e irrepetibles y a la vez colectivos y gregarios agrupándonos en manadas, jaurías, catervas, rebaños, piaras y otros grupos con su respectivo nombre dependiendo de la especie, de la misma forma que los seres humanos en clanes, tribus, bandas, pandillas y partidos políticos con sus devotos, quienes para tener seguridad o tranquilidad marcamos nuestro territorio, considerando a los demás: extranjeros, fuereños, ajenos o exóticos, edificando para ello caseríos, aldeas, pueblos, ciudades y países fortificados con bardas y fronteras fiscas o mentales, resguardadas de los demás que consideramos adversarios o enemigos, porque ya establecidos los grupos o partidos políticos como los “morenos”, nos interesa la suerte de nuestro grupo dejando de pensar individualmente para hacerlo como Cerebro de Colmena, respondiendo consciente o inconscientemente a estímulos directos, subliminales o de propaganda política partidista, con esa forma de conductismo que manejan bien psicólogos y mercadólogos, y como acostumbran también líderes religiosos para conducir a su rebaño, prometiéndoles vida eterna y que para asegurar recompensa en el cielo acuden funcionando con cerebro de colmena al Vaticano, la Villa, la Meca, marchas políticas de apoyo o casillas del INE a votar por la confirmación de mandato, más o menos como las abejas en colmena, los ñus o peces que instintivamente siguen pautas que determinan alfas o políticos, quienes para lograr sus metas en campañas utilizan todos los medios publicitarios y sistemas de manipulación  para alcanzar cargos de elección popular sustentados por el cerebro de colmena, donde si el líder dice algo, lo que sea en la mañana, los demás lo siguen al estilo feudal, marxista, maoísta o morenista; ideologías colectiva políticas en las que, lo que hace el líder, lo hacen todos y defienden con resentimiento y odio hacia los demás, no con lógica, sin reflexionar respecto del cómo o porqué, obedeciendo simplemente la sinergia o asociación del cerebro de colmena, como vestir de cierta forma, hablar de algún modo, seguir a un equipo deportivo o rockstar, pero especialmente defendiendo a su religión como verdadera, a su líder o partido político como la esperanza de México, clasificando a su presidente como un alfa o mesías infalible, omnímodo y omnisciente según dicta el cerebro de colmena.

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