Feria de droga legal: Mezcal

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Nos guste o no, la consumamos feliz o tristemente, la aprobemos o rechacemos, lo cierto es que el mezcal es una droga, sustancia que como toda bebida alcohólicas tiene efectos estimulantes, produce alucinaciones, genera depresión o euforia y como todo narcótico o alucinógeno, ya sea legal o no, genera hábito o adicción, como se demuestra con la cantidad de grupos de Alcohólicos Anónimos donde ex alcohólicos intentan exitosamente liberar a arruinados alcohólicos de su adicción perniciosa, por lo que resulta una absoluta incongruencia que el Gobierno del Estado promueva e incentive la producción, venta y consumo de mezcal.

Si bien el mezcal es una bebida que puede generar beneficios económicos a productores y comerciantes, desde los que cultivan agaves hasta quienes venden mezcal en pintorescas mezcalerías, lo lógico sería que fueran ellos mismos quienes lo promocionan, hicieran publicidad y traten inducir a la gente a que se embriague, no y nunca el gobierno del estado, porque la difusión que hace es como si promoviera cigarros, procurando que la gente, especialmente los jóvenes, fumen y llenen sus pulmones y de los demás con humos tóxicos, promoción que no hace porque ya no es políticamente correcto fumar, no obstante, del mezcal sí, porque en la moda que el mezcal es una bebida sagrada, orgánica, centenaria (no es milenaria porque no existía destilación en tiempos prehispánicos) el gobierno estatal organiza cada año una Feria del Mezcal en el Paseo Juárez y a pocos metros de la escuela secundaria, donde cientos de individuos irán a embrutecerse y quizá después, como sucede con miles de borrachos, aunque en otros contextos, a causar accidentes, agresiones, disturbios y en casos extremos, a dejar todo por el alcohol.

Todo es cuestión de modas o tendencias; en años pasados el mezcal era bebida de borrachines, dipsómanos o teporochos, y ninguna persona que se distinguiera o tuviese recursos económicos tomaba mezcal, pero desde principios del siglo, la publicidad, mercadotecnia y el gobierno del Estado que se han dedicado a promover esta sustancia tóxica, la han convertido en bebida de gourmet y hasta existen mezcalliers, expertos en mezcal, no obstante, el mezcal por su alto grado de alcohol, su elevado octanaje, debiera ser bebida exclusiva de aperitivo o digestivo, no sustancia para embriagarse, y si bien la publicidad del mezcal nunca dice se trata se embriaguen, de cualquier forma, como bebida tóxica para el organismo, igual o peor que los cigarros, el gobierno estatal debería únicamente legislar respecto de su consumo, cobrar impuestos o prohibir se tome en público, nunca promoverlo, porque así resulta que, por un lado condena a fumadores como leprosos y por otro trata de que los jóvenes se embrutezcan con mezcal,  y esto es camino directo a todas las sustancias tóxicas, que como drogas son perspectiva hacia otras más poderosas en todos los aspectos relacionados con el embrutecimiento, alucinación, euforia, excitación y, al final: hábito y adicción.