Incongruente Guelaguetza

Carlos R. Aguilar Jiménez.


Estamos de Guelaguetza, según algunos la más importante fiesta del folklore latinoamericano, ocasión de festejos, celebraciones y todo tipo de actividades culturales organizadas para bienestar de oaxaqueños y beneplácito de miles de visitantes que vienen a la ciudad atraídos por el significado de la guelaguetza y atractivos naturales que tiene Oaxaca, además de los arqueológicos y coloniales, destacando siempre la gastronomía, el mezcal y lo maravilloso que como urbanismo y tradiciones tenemos para nosotros mismos y brindar al turismo, en total incongruencia, porque por una parte decimos que somos hospitalarios, buena gente, amables y respetuosos y, por otro, somos de lo peor, pendencieros, agresivos y resentidos.

Oaxaca depende económicamente del turismo y en consecuencia el gobierno del estado y municipal hacen lo posible para que la guelaguetza sea una fiesta inmersa en solidaridad, buena voluntad y felicidad, no obstante, todo es una máscara, una impostura y disimulo, porque la realidad de Oaxaca es diferente y, aunque haya autoridades que pretendan minimizar o soslayar la realidad, lo cierto es que en Oaxaca hay enfrentamientos con muertos, bloqueos constantes, barricadas en calles, inseguridad y hostilidad social que se refleja en el trato al local y turistas en carreteras y calles de la ciudad, donde se encuentra con  bloqueos y marchas de protesta en el mismo andador turístico y, si bien los turistas vienen y se van y, si tienen suerte de no ver la hostilidad de los oaxaqueños quizá regresen, la realidad que vivimos los oaxaqueños es incongruente con lo que se dice de nosotros, porque no somos amables con nadie, no respetamos a los demás, no tenemos educación cívica ni urbanidad, comportandonos como póngidos capaces de las peores acciones en pro de mezquinos intereses de grupos de malvivientes acostumbrados a chantajear al gobierno para obtener dinero, porque eso es lo que les interesa no la gente, como pude comprobar en la marcha de protesta en el andador turístico el sábado pasado cuando cientos de aldeanos y pueblerinos marcharon con banderas sin tener la menor idea de lo que hacían, indicando que su líder les dijo que con esa marcha mejorarían las condiciones de su pueblo y por venir a oaxaca les darían 500 pesos y que era importante se mostrarán enojados, mostraran sus machetes y gritaran lo más que pudieran, asustando así a su paso a viandantes, turistas y viajeros que se encontraban en su camino.

Somos incongruentes, tenemos una ciudad maravillosa y tradiciones atractivas, pero también formamos una sociedad resentida que se atreve a lo que sea porque sabe no hay autoridad ni estado de derecho, donde la impunidad y corrupción es extrema y es suficiente reunir un ciento de llorones para protestar, marchar y exigir al gobierno dinero para prometer que no bloquearán calles ni secuestraran empresas, al estilo de las enseñanzas del odio magisterial que tanto daño ha hecho a Oaxaca y a la convivencia incongruente que nos caracteriza.