Inauguración de Oaxaca


Carlos R. Aguilar Jiménez.

En breve inician las vacaciones de verano y en Oaxaca con miles de turistas las festividades de Guelaguetza, la expresión máxima del folclore oaxaqueño, que según se pretende se remonta a costumbres y hábitos originarios, indígenas, que se dice provienen de épocas prehispánicas, y sea cierto o no, lo que vale es que durante más de un mes Oaxaca se convierte en sede de manifestaciones artísticas, expresiones culturales, gastronómicas y hasta astronómicas que son de interés mundial atrayendo decenas de miles de turistas que nos visitan con la intención de disfrutar de nuestros ritos, tradiciones, fiesta y guateque incluyendo el consabido mezcal en su feria.

Oaxaca estará de fiesta como lo estuvo alrededor de los días de su título histórico al celebrarse el 25 de abril la Cédula Real expedida por Carlos V que distinguió a la Villa de Antequera como ciudad, hoy ciudad de Oaxaca de Juárez, por lo que esta fecha se ha convertido en ocasión de celebración de un acto real, político o urbano de atributo ibérico respecto de un asentimiento que ya existía y del que su fundación se remonta seguramente siglos antes y debió haber sido en función de la idiosincrasia, cosmovisión y religiosidad de los primeros habitantes fundadores del caserío, aldea, señorío o pueblo que hoy es la ciudad de Oaxaca, porque como señalo en mi libro Estelas en el Tiempo: “En los tiempos de fundación de las primeras ciudades, cuando surgieron en el Nuevo Mundo las grandes teocracias con sus dioses y ciclos de la naturaleza, estas divinidades debían regir y controlar la vida religiosa, social o militar con sus respectivos tiempos, estructurándose para este fin los primeros calendarios prehispánicos, donde se indicaban fechas de sacrificios, fundaciones, labranzas o cosechas, que se repiten cada determinado ciclo de tiempo…”, siendo así que el inicio de cualquier actividad significativa o comienzo de alguna construcción o pueblo, incluyendo el inicio de una batalla, un casamiento, reunión entre mandos, cambios de gobierno o sacerdotales, colocación de primera piedra o finalización de algún proyecto, debía estar asociada y correlacionada con el cosmos, reflejando lo que es arriba abajo, en relación de eje sagrado: arriba abajo, que en el caso del valle de Oaxaca ocurre el 8 de mayo, el Día Ascio o fecha sin sombra, cuando el Dios Sol llega a bendecirnos, iluminarnos y participar vienen las lluvias, de tal forma que, si reconsideramos las circunstancias que debieron ocurrir en tiempos prehispánicos para decidir donde asentar el poblado que ahora es la ciudad de Oaxaca y la fecha de inicio, lo más probable es que simbólica, religiosa o místicamente hayan optado por el Día Ascio, representando después tan importante suceso en Monte Alban, por lo que es probable que en función de la cosmovisión zapoteca, la fundación de la ciudad de Oaxaca debería celebrarse, no el 25 de abril, sino el 8 de mayo, el día ascio, cuando seguramente se realizaron las ceremonias y sacrificios para el buen augurio de lo que ahora es la ciudad de Oaxaca de Juárez. El 25 de abril es importante, pero lo es más ahora en la reivindicación política y cultural de los pueblos originarios, el 8 de mayo, día ascio con su simbolismo en Monte Alban…