Africanizando Oaxaca


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Ante la inmensa diferencia entre naciones adineradas, desarrolladas, industrializadas y elevados niveles de ciencia y tecnología, como son las europeas y Estados Unidos, incluidas algunas de Asia como Japón y también de Arabia como Singapur, en el otro extremo se encuentran las naciones pobres, atrasadas y sin industrias, no obstante tengan recursos naturales que actualmente valen poco comparados cualquier dispositivo tecnológico – electrónico y sus aplicaciones, que como México, país con recursos naturales, igual que las naciones africanas, poco valen en el mercado internacional, porque no es lo mismo vender un kilo de aguacates o una c aja de piñas, que un kilogramo de teléfonos celulares o lo que cuesta internet a millones de usuarios.

De los países pobres México se destaca porque a nivel internacional respecto de su economía se considera país emergente, por eso forma parte del G-20. Y dentro del país el estado más pobre es Oaxaca, donde aunque haya recursos naturales carecemos de industrias, tecnología, patentes, marcas registradas y ciencia, por lo que aunque haya viento para aerogeneradores, los aparatos son  tecnología española, no mexicana y menos juchiteca o tehuana, por lo que los ingresos por generar electricidad no son para los que se dicen dueños del territorio, porque en los pueblos no existe el derecho universal de propiedad privada y ningún aldeano es dueño del suelo porque todo es comunal, así que no pueden tener propiedad privada y ganancias individuales, disipando el dinero que podría corresponderles si fueran dueños, como en EU donde se es dueño hasta del subsuelo. Somos así un estado paupérrimo que diario se africaniza, esto es, se parece más a Nairobi, Tombuctú, Burundi, Mali o Camerún, y no solo la mayoría de pueblos de Oaxaca, sino que, lamentablemente también el Centro Histórico de la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad, Oaxaca de Juárez, donde sus calles, incluido el zócalo, alameda, andador turístico, alrededor de Santo Domingo, Gurrión, Allende, Jardín Labastida y, contando cada día nuevos horrendos puestos, el aspecto urbano se parece más a ciudades de África e incluso India, donde la falta de autoridad, como en Oaxaca, donde la ineptitud, torpeza, incapacidad, desidia, indolencia y consecuencias del arribismo político por sumarse al partido ganador, llevó al gobierno a gente que no tiene la menor idea de lo que es gobernar, y si bien tienen la mejor intención por hacer las cosas bien, “no pinta quien tiene ganas, sino quien sabe pintar”, de tal forma que las amenazas de líderes de ambulantes y torpeza municipal hacen que Oaxaca pierda su aspecto colonial europeo, convirtiéndose en grotesco mercado estilo africano, apto solo para indígenas y turistas y evitado por oaxaqueños, quienes ahora realizamos todo en la colonia Reforma o donde sea, pero lejos de la africanización progresiva del Centro Histórico, conforme con la 4T.