Millones de becas


Carlos R. Aguilar Jiménez.

El presidente promocionando su primer informe de gobierno en todos los medios, anuncia pomposamente que ha cumplido con su promesa de campaña y ha entregado millones de becas o mejor dicho, dádivas, porque las becas son para quienes se las ganan estudiando o cumpliendo con ciertos requisitos, y las dádivas se dan a cualquiera, repartiendo dinero de los impuestos de gente que trabaja, del sector productivo, empresarial, comercial, industrial y hasta burocrático, incluido mucho dinero que se paga por comprar por medio del IVA y otros gravámenes, pulverizando miles de millones de pesos que podrían utilizarse en infraestructura, ciencia, cultura o educación.

Cuando el dinero no es de uno, cuando no se gana con esfuerzo, transpiración y dedicación, lo de menos es repartirlo, pulverizarlo y convertirlo en dádivas o becas como las califica el presidente quien con espíritu socialista – comunista, al estilo de Cuba o Unión Soviética, entregará cada cierto tiempo una ración, cuota o asignación a los ninis para que de esta forma aunque no trabajen ni estudien tenga al menos con que pasarla bien, y si bien la intención con las dádivas a jóvenes es que con ese dinero tengan oportunidad de aprender un oficio o continuar estudios, lo cierto es que la inmensa mayoría no los utiliza con esa intención porque no están acostumbrados a ser disciplinados, trabajar con horario fijo, responsabilidad y compromiso, ajenos a las directrices y obligaciones que se tienen en comercios y empresas con sus empleados asalariados con cierta experiencia y responsabilidad, de tal forma que los propietarios de empresas o dueños de negocios, difícilmente se atreven a aceptar jóvenes que generen desconcierto, descomposturas, atrasos e inconformidad, porque es un hecho que las relaciones laborales son complejas y, cualquier cambio donde surja alguien incompetente, conflictivo, torpe,  desobligado o inepto, como generalmente ocurre con los jóvenes, genera intrigas y confabulaciones, siendo así que los miles de millones de pesos de los impuestos de gente productiva, convertidos en dádivas se van a ir a los depósitos de caguamones, pagos de servicios de internet, antros o entretenimiento y cualquier cosa que se les ocurra comprar a quienes nunca han sabido obedecer ordenes de trabajo ni cumplir con disciplinas laborales, obviamente con las excepciones de siempre, que en este caso serán extraordinarias y trascendentes porque habrá quienes si las aprovechen y sirvan para que concluyan estudios o aprendan un oficio, así que con el beneficio de la duda, lo real es que miles de millones de pesos de dinero que debería servir para impulsar al país rumbo al desarrollo científico y tecnológico, se atomizara convirtiéndolo en crédito telefónico, servicios de internet, caguamones, entradas al cine, a tugurios, pero no a talleres, empresas con prestigio o negocios donde lo que se exige a empleados y trabajadores es experiencia, compromiso y dedicación en el trabajo a cambio de un sueldo.