Ni perdón ni olvido


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Al estilo de gente con el mayor resentimiento acumulado en su vida, de aborrecimientos largos y sin posibilidad de reconciliarse consigo misma, llena de rencor, odio, incapaz de perdonar y que únicamente es feliz odiando, hoy 2 de octubre se reunirán para manifestarse, protestar, atropellar, irrumpir y causar todo el daño posible a comercios, empresas, negocios, instituciones y ciudadanos, para que sin piedad, ni perdón ni olvido, perpetúen lo que ocurrió el siglo pasado cuando ninguno de los manifestantes había nacido y menos tienen idea de las causas políticas nunca publicadas de lo que sucedió aquel aciago 2 de octubre de 1968.

Si se tiene mala fortuna o circunstancias adversas de vida de nacer pobre y en algún lugar que ni aparezca en mapas; si se es hijo no deseado, sin oportunidades y mínima calidad de vida debido a la explosión demográfica derivada de ser ilegal la interrupción de embarazos no deseados y los hijos nacen aunque no se puedan mantener con dignidad, es probable que acumulen resentimiento social, carezcan de autoestima, su filautía sea mínima y adecuada únicamente para sobrevivir desconociendo la empatía, y  entonces, al no tener nada que perder, serán capaces de cometer todo tipo de agresiones, considerar la violencia normal y estereotipada la bravata, por lo que en cada conmemoración del 2 de octubre, tratarán de hacer todo el daño posible a quienes por buena fortuna, circunstancias propicias de la vida, haber nacido en lugares privilegiados, ser hijos queridos, y con excelente calidad de vida hoy serán objeto de su odio debido a sus carencias familiares e individuales. Todo niño tiene derecho desde su nacimiento a un nombre, nacionalidad, a la libertad, educación, respeto y los derechos consagrados por la ONU y constituciones nacionales, no obstante, cumplir con esa directrices es imposible debido a la explosión demográfica, falta de oportunidades, carencia de recursos y corrupción, pero especialmente porque esos niños no eran esperados, son hijos de la excitación, violación, de chantaje, de la desolación, del Tío Sam (Estados Unidos) de la inmadurez, de la abuela, del macho o de la madre sumisa y abnegada, según determina el psiquiatra Deimos Aguilar Jiménez, en su libro “Lagrimas de los Niños” obra en la que define a estos niños que después, cuando son adolescentes, jóvenes o adultos, son capaces de cometer cualquier atropello, agresión o fraude incluso sin ser conscientes de su comportamiento, porque no lo trascienden ni entienden las consecuencias, siendo así que hoy como ocurre cada 2 de octubre habrá marchas, manifestaciones y agresiones porque de esa manera son felices, haciendo daño a los demás, pero especialmente porque saben no habrá castigo, ninguno será detenido, porque la policía y comisionados de Derechos Inhumanos los cuidarán y, al final se regresarán a donde viven, no a un hogar con familia funcional, porque no la han tenido nunca, y así cada 2 de octubre se reunirán para causar daños y perjuicios en nombre de quienes tenían una ideología, equivocada o no, pero eran idealistas de los años 60 del siglo pasado.