Prohibir libros


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Ante la perspectiva de limitaciones, impedimentos, obstáculos y especialmente prohibiciones con severas sanciones o multas respecto de todo tipo de productos, sustancias y hasta bienes o servicios que a los fanáticos verdes, ecologistas y ambientalistas fundamentalistas les parecen tóxicos para el ambiente o venenosos para la gente, argumentando que si no se prohíbe o cancela su uso el planeta se acabará y vendrá el Apocalipsis ecológico, seguramente en breve prohibirán hasta los cuadernos y especialmente los libros.

Los fundamentalistas verdes apoyados por el gobierno e ignorancia de la gente en materia de ecología,, como ciencia, no ideología o credo, buscando siempre a quien sacrificar o que linchar, ya han logrado prohibir popotes, bolsas de plástico, envases de PET, cigarrillos, arguyendo que si se siguen utilizando estos materiales venenosos el planeta pronto será un basurero global, el mundo se calentará hasta evaporar el agua de mares, desaparecerá el oxígeno, extinguirán todas las especies y el paisaje planetario será un inmenso desierto por la tala inmoderada o incendios forestales, así que en lugar de educar, optan por prohibir o impedir defendiendo su causa con señalamientos y amenazas que de no hacerse no habrá planeta que heredar a hijos o nietos, siendo de esta forma la logica que lo que seguirá según ideología ecologista, será prohibir los libros, especialmente de texto gratuito que se utilizan en primaria y todos los millones de libros que cada año se imprimen para la enseñanza o entretenimiento de la gente que gusta de leer o aprender, porque los libros están hechos de papel, de celulosa de madera que se obtiene de árboles y su fabricación requiere de muchos productos químicos para blanquear las hojas a imprimir y miles de millones de litros de agua para su elaboración, sin considerar las tintas, cloro, sosa y uso de energía eléctrica para computadoras, impresoras, encuadernadoras, traslado, almacenamiento y posterior venta, representando cada ejemplar un grave impacto para bosques, ríos y ambiente, porque además los libros son peligrosos porque hacen pensar y dudar a los lectores, haciéndolos más cultos, educados y escépticos, por lo que dejan de creer en amenazas apocalípticas o en promesas populistas de gobernantes que se alían con la gente más necesitada e inculta para obtener votos. Siempre los gobiernos despóticos o dictatoriales han prohibido libros que no les convienen, incluida la Iglesia Católica que con su “Index Librorum Prohibitorum”, condenaba y quemaba a quienes los editaban o leían, así que no sería imposible que con la ideología fanática ecologista que ahora domina la sociedad, lo que siga a prohibir sean los libros, porque son una amenaza para los bosques, sus árboles y la opinión distinta de ecologistas, similar a la de inquisidores, en la que si no crees lo que dice la mayoría o alguna autoridad se es hereje peligroso al que se debe matar o desterrar para que no cause daño, ya no a seres humanos, sino abosques, el agua o el aire… La consiga próxima será: Di No a los Libros, salva un árbol.

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