Ley anti chatarra


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Cada generación tiene sus ideas, creencias, prejuicios o intereses respecto de lo que creen es mejor para ellos, pero  no lo era para sus padres y no lo será para sus hijos, prohibiéndose en cada tiempo lo que no le parece a los supuestos representantes de esa generación, como sucede hoy con la ley contra los que dicen son alimentos chatarra, como sucedió con el alcohol, homosexualidad, el cigarro, los piropos y sigue siendo contra el aborto, en una dinámica legislativa tercermundista miserable y mediocre que para lo único que sirve es para prohibir sin que importen las consecuencias y sean injustos con otros productos, que por no venderse en bolsita o ser de trasnacionales se prohíben, pero que son peores y más perjudiciales en función de la salud por el también, exceso de grasas, azúcar y carbohidratos, generadores de colesterol y triglicéridos, como son casi todos los productos oaxaqueños que se venden en la calle y que son sabrosos por dulces, grasientos y mugrosos, desde el puesto, el expendedor y sus alimentos chatarra sin bolsita.

Los dulces regionales, el pan dulce, los tamales, las memelas, clayudas, fritangas, garnachas grasientas y chicharrines fritos en aceite de coche reciclado diez veces, como dice la diputada Magaly López; obviamente de MORENA: “…que elabora la señora de la esquina, los bolis o nieves, (insalubres y repletos de azúcar) o cualquier otro producto que no sea empaquetado e industrializado no aparece en la Norma Oficial Mexicana (NOM) sobre etiquetados frontales, por lo tanto, su venta a menores de edad no se prohíbe en Oaxaca…” Siendo así que la intención de los diputados es arruinar a las empresas transnacionales que odia el presidente y quedar bien con él; y como efecto colateral perjudicar a dueños de misceláneas, tienditas y puestos de golosinas y refrescos de los que depende en gran medida sus ventas y economía, quienes ahora no podrán vender a menores de 18 años esos productos ilegales, excepto que se los compre un adulto, pero si pueden atiborrarse de garnachas aceitosas, memelas grasientas, tacos pringosos, clayudas untadas de manteca y dulces regionales impregnados de azúcar y dulce para convertir en diabéticos, obesos o gordinflones a los niños, porque es un hecho que si los menores no pueden comprar en empresas las frituras empaquetadas que tanto gustan, las buscaran donde se pueda, en el mercado negro o subrepticiamente y, si no las consiguen, los antojitos oaxaqueños grasientos serán opción, porque la obesidad y diabetes de los oaxaqueños no es por Sabritas, Barcel o Coca Cola que son muy caros, sino por las memelas, empanadas, chicharrines, molotes, quesadillas, tacos fritos, menguanitos, barquillos, turrones, pasteles y todos los productos oaxaqueños grasientos y empalagosos que caracterizan la dieta de todos, sin considerar los litros de cerveza que toman adolescentes y jóvenes, quienes además por pobreza, pésima educación y falta de espacios deportivos y oportunidades, prefieren un caguamón con doritos, antes que una manzana con agua de limón. Así somos y las prohibiciones no lo detendrán, al contrario.

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