Contaminación: pretexto


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Según reportes del gobierno encargado de la movilidad y otorgamiento de placas, engomados, ayuda para educación, barrido, verificación, infracciones fraudulentas y los impuestos inadecuados que le cargan a propietarios de vehículos de motor, en la ciudad de Oaxaca circulan alrededor de 150 mil y de 2015 a 2017 aumentó un 10 por ciento el padrón de vehículos, por lo que si se considera la cantidad de vehículos cuyos propietarios cada año tienen que pagar impuestos, considerando que por vehículo se debe pagar cerca de 2 mil pesos, son alrededor de 300 millones los que se embolsa el gobierno del estado, sin que haya reciprocidad en cuanto servicios públicos para automovilistas, dado que la circulación es un caos por la inoperancia en sincronización de semáforos, ocupación permanente en avenidas de autos estacionados y doble fila, exceso de topes, baches, abusos policíacos, operativos para robar y todos los abusos de los agentes e ineptitud de su directora.

Que haya apenas el 5 por ciento de los coches que circulan en CdMx, que estemos a 1,500 metros sobre el nivel del mar para mejor combustión, que los vientos alisios renueven constantemente el aire de la ciudad, que no haya industrias que contaminen y que el cobro por verificación vehicular sea un robo, no le importa a la SEMOVI ni interesa a los fundamentalistas verdes y ecologistas fanáticos, porque para el gobierno todo lo que hace es en función del dinero de impuestos, y si pueden aumentarlos mejor, y para los ecologistas no hay razones que valgan, porque para ellos todos esta mal, el mundo se va a acabar, terminaremos enterrados en basura, no habrá oxígeno y moriremos asfixiados, el calentamiento global elevará los mares inundando todo, pero antes nos vamos a quemar, con una ideología catastrofista que cancela toda posibilidad de optimismo respecto del potencial del intelecto y la ciencia para resolver problemas ambientales, porque para el gobierno y ecologistas la solución está en prohibir todo, cobrar impuestos y suponer que la vida no vale porque el mundo está a punto de acabarse porque somos inconscientes y sucios contaminadores del aire, agua y tierra, no obstante, la realidad es que el mundo no se puede acabar, los que se pueden acabar somos nosotros, pero no todos, sino los que no tienen oportunidades, los que no comen bien, los que no tienen trabajo, quienes no pueden pagar medicamentos de calidad ni médicos u hospitales, porque así es la vida, nos guste o no, en la selección diferencial de individuos únicamente sobreviven los más aptos, los que tienen más oportunidades y estos son los políticos tramposos, los adinerados que cuidan su salud, hacen ejercicio y viven sin estrés o preocupaciones ordinarias, porque si algo les preocupa es ¿si compran un Audi o Rolex? No como le van a hacer para comer mañana y menos si el aire está contaminado o cuánto van a pagar de impuestos.  

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