“Vital, protegerse: Iglesia”


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Cuando se vive en lo cotidiano, cada día, año o cualquier tiempo es normal y la perspectiva que así seguirán las cosas es la misma de siempre, igual que las instituciones, valores y creencias que se mantienen habituales o normales, sin posibilidad de refutación, critica o contradicción, tal y como había sucedido desde la última pandemia que dio origen a una revolución artística, intelectual, científica, política y religiosa que generó el Renacimiento, en una dinámica de cambio social y mentalidad que posiblemente vuelva a suceder al terminar la pandemia, porque nada volverá a ser lo que fue, como probablemente suceda con algunas creencias religiosas que están mostrando su inutilidad e incompetencia para evitar o prevenir los millones de muertos por covid.

Vital protegerse del covid, alerta Iglesia. “Muchas personas no están acatando las medidas sanitarias, no obstante, es de suma importancia respetarlas para poder frenar los contagios de la enfermedad”, sostuvo el arzobispo Pedro Vázquez en su discurso del pasado domingo exhortando a sus fieles a que cumplan instrucciones de la ciencia médica, derivada de la sabiduría e investigación de científicos: médicos, virólogos, epidemiólogos, genetistas, químicos, biólogos moleculares, inmunólogos y todos los especialistas científicos que hace unos siglos serían condenados por herejes por la Santa Inquisición y demás cofradías religiosas dedicadas a eliminar todo atisbo de conocimiento o sabiduría que, según la Iglesia no estuviera de acuerdo con la Biblia y dogmas cristianos y que ahora, gracias a la democracia,  los libres pensadores, intelectuales, filósofos naturales, políticos liberales como Juárez o los franceses de la Ilustración y la Educación Laica, la Iglesia ya no tienen relación con el gobierno y menos con la ciencia, demostrando ser únicamente una institución que funciona gracias a la esperanza que ofrece, garantizando a sus devotos creyentes que si creen y si tienen fe, asegurando su resurrección en el habitáculo de Dios y todos los Elegidos, y si no, se irán derecho al infierno, quedando la Iglesia al margen de los descubrimientos, avances, innovación, conceptos modernos y desarrollo tecnológico y en medicina que desde la invención de antibióticos, uso de rayos X y todos los avances de la medicina, han incrementado la calidad de vida y promedio de existencia, de 50 años a casi 90, sin que en todo ello hayan tenido ninguna importancia los rezos, pedimentos, plegarias, oraciones, rituales litúrgicos o la devoción y fe,  que aunque digan mueve montañas, a estas solo las mueve la tectónica de placas, así que cuando sabemos que sirve más el gel contra los virus que el agua bendita, los cubrebocas más que la fe  y pronto una vacuna que nos inmunice más que las bulas del Papa, sabremos a ciencia cierta que las respuestas están en la ciencia, y el futuro en la investigación experimental, las conjeturas y refutaciones, no en la “Verdad Absoluta” de predicadores y evangelistas que en esta pandemia impulsan fingidamente a aceptar a la ciencia, a la que antes y hasta la pandemia, consideraban impía, incrédula y herética.      

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