Dos de octubre no se olvida.


Nematini Vladimir Acevedo Silva

¡México, libertad!, ¡México, libertad!, fue uno de los tantos reclamos que miles de estudiantes realizaron durante una de las tantas marchas realizadas previo a la matanza del dos de octubre de 1968. Fecha aún recordada con profunda tristeza tanto por las generaciones pasadas como también, por las hoy presentes.

Aún se escuchan los gritos de auxilio de aquellos estudiantes que fueron abatidos y asesinados cobardemente en la explanada de la Plaza de las Tres Culturas de Tlatelolco, a mano de militares e integrantes de grupos paramilitares como el Batallón Olimpia, quienes no dudaron en ningún momento en asesinar y desaparecer a jóvenes criticaban el autoritarismo de un gobierno en decadencia, pedían se respetará su autonomía universitaria y exigían la libertad de los presos políticos, mismos que se presumía se encontraban en diversas cárceles como por ejemplo en el infame “Palacio de Lecumberri”, ya que ahí se encarcelaba a los opositores del régimen priista de la época. 

Así era la manera en cómo aquel viejo régimen buscó a toda costa aniquilar al Consejo Nacional de Huelga, movimiento social conformado por estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México, Instituto Politécnico Nacional, Centros Educativos del entonces Departamento del Distrito Federal y al cual posteriormente se adhirieron demás asociaciones de maestros y sindicatos. 

Aquellos balazos perpetrados desde los Edificios Chihuahua, 2 de Abril, 15 de Septiembre, I. S. S. S. T. E, 11, Revolución de 1910 y la Iglesia de Santiago por francotiradores integrantes del Batallón Olimpia, aún se sienten en lo profundo de cada uno de nosotros los jóvenes después de 52 años. 

Pareciera pues que cada vez que se erige una nueva manifestación social impulsada por el campesinado, las amas de casa, estudiantes y obreros, es decir, por el pueblo soberano, es el Estado quien se transmuta para convertirse en un ente represor y asesino. 

Efectivamente. Aquel dos de octubre no se olvida. Así como también no se olvida aquella matanza del Jueves de Corpus (10 de junio de 1971), la masacre de Aguas Blancas (28 de junio de 1995), la matanza de Acteal (22 de diciembre de 1997), la desaparición de los 43 normalistas de Ayotzinapa, Guerrero (26 de septiembre del 2014) y los miles de casos de feminicidios que se registran día con día en México.

Pareciera pues que cada homicidio, feminicidio y desaparición forzada, es ignorado y tratado de ser olvidado por las autoridades tanto federales, estatales y municipales. Con ello se repite en cada uno de los medios de comunicación el famoso “Hoy fue un día soleado”, frase célebre de Jacobo Zabludovsky, con la cual se da por hecha la complicidad del entre los medios y el gobierno para “tapar” lo ocurrido.

Situación que ocurre día con día, con el pretexto de minimizar las detenciones arbitrarias y las muertes. Aquellas que no paran aun cuando vivimos en un supuesto gobierno de izquierda.

Y efectivamente. Han sido las y los jóvenes quienes hemos iniciado estos movimientos sociales que buscan dar un rumbo distinto al futuro del país, en el cual se pueda dar cavidad de ideas y opiniones a todas a todos.

Aquellas exigencias de hace 52 años aún continúan vigentes. Pero también a estas se continúan sumando peticiones que son sumamente legitimas, las mismas que deben ser escuchadas, analizadas, estudiadas y sometidas a voto por nuestras y nuestros representantes legales. 

Hagamos unidad como pueblo. Luchemos porque nunca más se repita un dos de octubre. 

Que la victoria que nos espera a futuro sea suscrita por la juventud del mañana.

@NemasVA

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