Sin cambio alguno


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Cuando ocurrieron los grandes cambios sociales y políticos en el mundo, mencionando por ejemplo la Revolución Francesa, Independencia de E.U y de la Nueva España, la revolución cultural china, la victoria de Lenin y el establecimiento de la U.R.S.S. o la tristemente célebre revolución cubana, incluyendo la transformación de España por la muerte de Franco, de inmediato se notaron cambios en la sociedad, el gobierno, política y economía, desde los que tuvieron que salir desterrados, quienes fueron fusilados o arruinaron económicamente, como sucedió en Cuba al tomar el poder Castro y sus comunistas.

En tiempos recientes situaciones similares ocurrieron con Pinochet en Chile, Venezuela, Nicaragua y a nivel religioso en países donde se ha impuesto el islam como forma de gobierno, notándose de inmediato y hasta brutalmente los cambios, no así en México donde pomposamente dicen hay o habrá una cuarta transformación, lo cierto, obvio y evidente es que nada sustancial ha cambiado, porque a más de dos años las circunstancias y contextos siguen guales o peores, porque haciendo una síntesis de los cambios, estos han sido para mal porque millones han perdido empleos, más de cien mil han muerto por covid inmersos en una pandemia incontrolable, la inseguridad es mayor cada año y la corrupción no termina, incluyendo como corrupción extrema la negociación que hizo el gobierno para rescatar al soldado Cienfuegos de la justicia estadounidense, debiendo haber ofrecido algo o mucho a cambio, porque de acuerdo con el prestigioso diario The New York Times, el presidente reclamó por la forma en que se llevó a efecto la investigación, según dice habiendo vulnerado el intercambio de información en temas de seguridad y porque el ejército, la institución más pudorosa, la única capaz de orquestar golpes de estado, y el aliado más poderoso del presidente, expresó su enojo por lo que dijo fue una violación a la soberanía nacional, pero más que eso, en realidad porque se esta demostrando que el ejercito es igual que todas las instituciones mexicanas, por lo que tratar de reivindicar su prestigio es fundamental para un gobierno que está militarizando aduanas, traspasando funciones de construcción de obra pública, seguridad y muchas otras que corresponden a los civiles, recibiendo además todas las prerrogativas y recursos para mantener contentos a los soldados, porque eso es determinante cuando un gobernante concentra en si todo el poder, somete la Corte Suprema, cuando su palabra es ley, sus ocurrencias deben obedecerse y no tiene oposición por descalificar a la Prensa, incluido el New York Times y todos los periódicos que cuestionen su proceder. De tal forma que nada ha cambiado en dos años y medio, al menos para la mayoría de la población que sigue viviendo igual que antes, aumentado los feminicidios, homicidios, secuestros, extorsión, corrupción y desempleo, sin que exista alguna perspectiva real de progreso y desarrollo para México, aunque el alto porcentaje que alaba la “cuarta transformación”, únicamente lo haga porque recibe en su tarjeta una dádiva, la limosna oficial y por eso afirmen esa es la transformación. Mil pesos al mes que aseguran un voto a favor.

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