La desinformación que mata


Carlos Villalobos

El siglo 21 que nos está tocando contemplar dista mucho de la realidad que, diversos autores, expertos y hasta nosotros mismos, planteamos que viviríamos. Imaginamos una sociedad avanzada que sería democrática y que nuestra principal herramienta de desarrollo iba a ser la tecnología como si fuese una especie de espada del augurio. Sin embargo, vaya que la realidad dista mucho de esa utopía.

Hoy en día con todo y la pandemia, con la que hemos tenido que aprender a coexistir, el show tiene que continuar. En la actualidad, pero sobre todo en momentos inciertos como el presente, tenemos que dejar en claro una frase que rige nuestro contexto “la mentira limita la libertad”.

Curiosamente con el avance de las tecnologías de la información y la comunicación, es una realidad que podemos acceder, de acuerdo a nuestras posibilidades, a una gama de información casi infinita y que necesitamos de vidas enteras para poder navegar en al menos el 1% de ellas. Sin embargo, esto genera un mal, la sobreexposición de la información.

Si bien es cierto que, hace unos años, las fake news se dispararon haciendo que las elecciones presidenciales de México y Estados Unidos estuvieran manchadas por escándalos, mentiras, teorías de conspiración extremadamente locas y demás sandeces que apelaban a sentimientos polarizantes, también existieron plataformas para la desmitimificaicón de tales mentiras que circulaban en la red. Desafortunadamente tales esfuerzos han sido poco a poco desplazados en la agenda pública, tal y como le está sucediendo a todos los temas de transparencia en México, lo que nos ha enseñado que la importancia de la participación y la necesidad de ciudadanos para colaborar en la arena pública es fundamental, ya que los poderes fácticos (políticos o empresariales) siempre van a buscar un rédito a su favor.

Aunque en el pasado los medios de comunicación tradicionales, normalmente tenían acuerdos comerciales con ciertos actores de poder, había confianza en el método de generación de información, hoy desde cualquier punto del mundo, con acceso a internet y un poco de conocimiento en informática, se pueden destruir carreras profesionales a un click de distancia y el público aceptaría sin más el veredicto, ya que internet se ha vuelto un lugar en donde la información solo se consume y no se produce.

Para el caso méxicano, este problema aumenta, ya que la polarización del debate público en temas pocos relevantes y el encubrimiento de prácticas poco éticas, fomenta las condiciones ideales para que la desinformación cubra más terreno y cree realidades alternas a partir de mentiras.

La mentira en los medios de comunicación no es nueva, esta ha existido desde que existe el hombre, sin embargo, la mentira tiende a ser más transparente hoy, porque es más fácil detectarla, en un escenario ideal, porque en la realidad una vez que una mentira se ha incrustado en el imaginario público está es imposible de refutar, aunque se cuenten con datos o evidencias de que ha sucedido lo contrario.

La información falsa ha cobrado relevancia por la redes sociales, por su facilidad de difusión y porque hoy, gracias a la democratización de los medios, somos difusores.Tan es así que la familia ha sido desplazada como la fuente primigenia de información, hoy acudimos primero al celular, sin consultar fuentes fidedignas y damos por hecho lo que nos dictan nuestros teléfonos inteligentes.

La solución a todos los males expuestos en este texto, pareciera que son  sencillos, pero no lo son, la realidad polarizada, la facilidad con que se difunden noticias falsas, el problema de confianza serio que existe a nivel mundial hacia las instituciones y un sin fin de problemáticas sociales más, a pesar de ello parten de de un punto, la investigación seria, sistematizada y digerible es el arma idónea para combatir, en un primer momento, para  mitigar las noticias que son falseadas y que tanto daño le hacen a nuestra sociedad.

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Cinco grandiosos ‘one hit wonder’ internacionales de los ochenta


Ismael Ortiz Romero Cuevas

La década de los ochenta será recordada por la moda estrafalaria, y porque también ya se gozaban de ciertas libertades culturales y se luchaba más abiertamente por otras; fue emblemática por sinfín de elementos, pero sobre todo por la increíble música de grandes artistas que conquistaron el mercado en esos años, citando a Michael Jackson en la etapa en que se convirtió en leyenda; a Madonna cuando surgió o agrupaciones como Bon Jovi o Scorpions entregando trabajos alucinantes. 

Y para recordar esa década, hoy les invito a que recordemos cinco temas clásicos ya en este tiempo, pero que fueron ‘one hit wonders’ de los artistas, pues muchos de ellos, no volvieron a tener un éxito similar al de estos ‘tracks’. Aclaro nuevamente, que el orden no tiene nada qué ver en la calidad, sino que son posiciones arbitrarias: 

1.- “Tainted Love”

Artista: Soft Cell

Álbum: Non-Stop Erotic Cabaret (1981)

Autor: Ed Cobb

Productor: Mike Thorn

Discográfica: EMI

La canción fue escrita originalmente para Gloria Jones y grabada por primera vez en 1964 y fue 17 años después, es decir en 1981 que fue regrabada por el dúo británico llamado “Soft Cell” y que representó su mayor éxito hasta nuestros días. Con este tema, la agrupación alcanzó el puesto número uno en los charts de Canadá, Alemania, Australia, Bélgica y Reino Unido y la posición número ocho en el Billboard Hot 100. Marilyn Manson también versionó el tema y se basó en lo realizado por “Soft Cell” y no en la grabación original. A pesar de los intentos del dúo en revivir su carrera con más álbumes, nunca pudieron superar el éxito de “Tainted Love” y el último conato que tuvieron por hacer resurgir su carrera fue en 2001, pero no pasó a más. Un ‘one hit wonder’ que es un clásico del pop.  

2.- “Take On Me”

Artista: A-Ha

Álbum: Hunting High And Low (1985)

Autores: Magne Muruholme; Morten Harket y Paul Waatkaar-Savoy 

Productores: Alan Taney y Tony Mansfield

Discográfica: Warner Music / Rhino

La banda noruega de new wave y pop, lanzó su álbum debut en 1985 teniendo como primer corte promocional un bombazo de canción: “Take On Me”. En realidad, el corte no se pensaba ni incluir y menos comercializarse como ‘single’ del disco, pues había tenido una versión previa que se lanzó en 1984 y que tuvo una recepción moderada en países como Noruega y Suecia, sin embargo, los productores para completar el ‘tracklist’ del primer disco de “A-Ha”, decidieron hacer una nueva versión que es justamente el que se convirtió en el mayor éxito de su carrera. “Take On Me” alcanzó el puesto número uno en Estados Unidos, Noruega y otros doce países más, lo que derivó en ventas millonarias a nivel mundial de este material hoy icónico, de la década de los ochenta. Y aunque “A-Ha” tiene una carrera sólida en la música europea, el grupo no ha vuelto a tener un éxito del tamaño de “Take On Me”. 

3.- “Maniac”

Artista: Michael Sembello 

Álbum: Bossa Nova Hotel (1983)

Autores: Dennis Matkosky y Michael Sembello

Productor: Phil Ramone

Discográfica: Warner Music / Warner Bros. Records.

Un tema infaltable en las fiestas temáticas de los ochenta, pero que además, se ha convertido en un clásico indiscutible de la música, pues incluso estuvo en el puesto número uno del Billboard Hot 100 durante cuatro semanas en 1983. Muchas personas creen que la canción fue escrita expresamente para la cinta “Flashdance” estrenada ese mismo año, pero no, el tema fue pensado desde su concepción para estar en el disco debut de Sembello que se llamó “Bossa Nova Hotel” y después fue incluido en la cinta; pero la popularidad de “Maniac” se debe en efecto, al gran éxito de “Flasdance” y a que el corte también fue incluido en la banda sonora, siendo ‘single’ tanto del material de Sembello al mismo tiempo que del ‘soundtrack’ de la película. Michael Sembello será eternamente recordado por esta gran canción, misma que él no pudo superar. 

4.- “I Want Candy”

Artista: Bow Wow Wow

Álbum: The Last Of The Mohicans (1982)

Autores: Bert Berns; Bob Feldman; Jerry Goldstein y Richard Gottehrer

Productor: Kenny Laguna 

Discográfica: RCA / Sony Music

Esta canción se convirtió en un indispensable del sonido “new wave” a pesar de que no fue un gran éxito al momento de su lanzamiento, ya que solo alcanzó el puesto número 86 en la lista de Billboard Hot 100 y el 143 en el Billboard 200, sin embargo, en los Estados Unidos se posicionó a tal grado, que la agrupación sigue siendo motivo de culto incluso entre los mismos artistas, por ejemplo, los “Red Hot Chili Peppers” que han mencionado en más de una ocasión a “Bow Wow Wow” como una de sus grandes influencias. “I Want Candy” es todo un himno de positividad y buenas vibras y el ‘track’ es quizá uno de los más famosos de la industria, apareciendo en un gran número de bandas sonoras de películas, comerciales, listas de reproducción y hasta en desfiles de moda. Sin duda, “I Want Candy” es un ‘one hit wonder’ insuperable. 

5.- “Come On Eileen”

Artista: Dexys Midnight Runners

Álbum: Too-Rye-Ay (1982)

Autores: Kevin Rowland; Jim “Big Jim” Paterson y Billy Adam

Productores: Clive Langer y Alan Winstanley

Discográfica: Mercury Records / Universal Music

No podemos negar que en cuanto comenzamos a escuchar las primeras notas de este tema con el violín celta, sabemos que estamos a punto de escuchar uno de los grandes clásicos ochenteros y el buen humor recorre nuestras entrañas; “Come On Eileen” es sin duda una gran canción y que ha trascendido al tiempo como una de las mejores piezas grabadas en la década de los ochenta. La agrupación británica llamada “Dexys Midnight Runners”, alcanzó la primera posición en las listas con este tema en países como Estados Unidos, Reino Unido, Suiza, Países Bajos, Irlanda, Bélgica y Austria por mencionar algunos y ha significado el mayor éxito de la agrupación en su historia. Un ‘track’ que es querido y conocido en prácticamente cada rincón del planeta. 

Espero que este recorrido les haya traído recuerdos o bien, conocer más de estos clásicos de la música que fueron, por obvias razones, el único pero gran éxito de sus intérpretes. 

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Kovacs: La prueba de que la música de la nueva generación puede ser genial


Ismael Ortiz Romero Cuevas

No sé ustedes, pero el martes por la tarde cuando me enteré de los invitados que tendrá Metallica en el relanzamiento del “Black Album” por su aniversario, estuve con un sinsabor tremendo porque esperaba que para homenajear a ese disco que fue referente de inicios de la década de los noventa, merecía tener artistas que fueran identificados por su calidad más que por el valor comercial. Aún con eso y con todo lo que eso provocó no solo en mí, sino en un gran número de fanáticos, tengo confianza en que la agrupación hará que esos artistas, a quienes invitó, suenen como nunca. 

Y recapitulando ese acontecimiento, recordé que hace unas semanas un amigo muy querido de la adolescencia, me preguntaba si me gustaba (a lo que respondí que sí inmediatamente) la cantante originaria de Países Bajos llamada Sharon Kovacs, y que es conocida internacionalmente únicamente por su apellido: Kovacs y que de verdad, ha sorprendido desde hace poco más de un lustro, cuando inició su carrera, por su calidad interpretativa, por sus arreglos oscuros y elegantes, por sus influencias en la música y porque nos recuerda justamente, lo mejor de la pasada década de los noventa con su imagen y estilo. Sí, sin duda hubiera sido una gran invitada (y hasta laureada) del nuevo disco de Metallica. ¡Lástima! Eso no pasó ni creo que pase. 

Cuando vemos a Kovacs no podemos evitar hacer una referencia, la artista lleva un estilo similar a Sinèad O’Connor, la artista que conquistó al mundo con el ‘single’ “Nothing Compares 2U” en 1990, la mirada melancólica de O’Connor y su música un tanto lúgubre y afligida nos remontaban a estados de ánimo que a veces teníamos reprimidos, una imagen que, aunque para muchos de los amantes de la música de la vieja guardia nos parece familiar, no deja de ser impactante y con buenas referencias con respecto a Kovacs. El otro recuerdo que evoca Kovacs es el de Amy Winehouse, pues las modulaciones de voz que realiza son también muy similares; “¿A caso su productor, Oscar Holleman, hizo que imitara a Amy?” me pregunté la primera vez que escuché el tema “50 Shades Of Black”, un tema que sin temor a equivocarme, nos recordará la gran Winehouse, pero que poco a poco va tomando una personalidad y estilo propios. Y quiero ser honesto con ustedes, queridos lectores, Kovacs se ha convertido al paso de sus pocos años de trayectoria, en una de las voces más respetadas y poderosas de la industria, siendo ya un referente en lo que respecta al nuevo estilo del jazz y pop-gótico. 

Hay que escuchar a Kovacs por un sinfín de razones y todas, excelentes. Primero, porque posee una calidad, estilo y habilidad vocal que históricamente ha sido únicamente asociado a las grandes divas de la música; y de ahí deriva la segunda razón: la influencia de Nina Simone o Ella Fitzgerald se notan cabalmente en sus interpretaciones e incluso son referenciadas en el ‘track’ “Diggin’”; el paso de notas altas y bajas haciendo con su voz prácticamente lo que desee, nos pone de manifiesto que Whitney Houston; Mariah Carey y Celine Dion (la llamada “Trinidad del canto”) también forman parte de sus inspiraciones y dejando claro que David Bowie, a quien hace referencia en el corte “My Love”, también forma parte importante como cimiento de sus creaciones. La siguiente razón es que su disco debut, “Shades Of Black”, editado en 2015 sigue poseyendo esa genialidad que la gran mayoría de materiales pierden al paso de los años y nos ha regalado los momentos musicales más seductores y eminentes que, al menos yo, no había escuchado en mucho tiempo.

En agosto del año pasado, Kovacs, presentó el ‘single’ llamado “Mata Hari” (su portada nos recuerda a la gran Björk) y nos dejó en espera de un nuevo álbum que ya queremos tener y escuchar. Y a pesar de que muchos cantantes consagrados tratan de conquistar a nuevos mercados grabando estilos no acordes con el suyo, existen algunos otros de esta generación que nos demuestran que aún hay talentos que apuestan por la música genial y con gran calidad. Si no has escuchado a Kovacs, ¿qué demonios esperas?

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Que el debate público, sea público


Carlos Villalobos

Aunque pareciera que el título del presente texto es un eufemismo, hoy en día parece necesario recordarlo. Como parte de la polarización extrema (colocar a todos en un espectro donde o eres o no eres algo) de nuestra sociedad, la opinión pública, el quehacer político y la vida en general, pareciera que hoy el país queda relegado a apoyar al gobierno o ser un conservador.

En pleno siglo 21 tendría que ser inaudito este proceso de extremo en el que nos vemos inmersos, por el contrario debería reinar la suficiente participación en temas y actividades que merecen la pena, como el caso de la discusión que se generó en torno al Padrón Nacional de Usuarios de Telefonía Móvil, donde expertos en el tema y sociedad organizada al detectar que se vulnerarían derechos humanos, se movilizaron y agotaron hasta el último recurso para congelar (hasta el momento) tal iniciativa, en contraste con la consulta a juicios a expresidentes que hoy pareciera un “acierto”, pero en realidad es todo lo contrario ya que la ley no se consulta, solo se ejecuta.

Los espacios de participación ciudadana, de un tiempo a la fecha (al menos en el discurso) han quedado relegados a solo ejercer el voto que en un entorno de descalificaciones y guerra sucia donde la gente, pareciera que, solo tiene la opción de votar por la “continuidad del presidente” o votar por quién le pega más fuerte a MORENA.

Por otro lado, también los espacios ciudadanos han quedado relegados a “expertos y líderes de opinión” que abusan del lenguaje rimbombante y complicado para apantallar y dejar sin oportunidad de entendimiento a todas y todos aquellos interesados en colaborar en beneficio de nuestras comunidades. Ese tipo de lenguaje rebuscado, y a veces fuera de lugar, es lo que provoca principalmente el desinterés de quienes tienen que salir todos los días a trabajar y generan la apatía de quienes en plena pandemia debemos de sobrellevar nuestra rutina diaria.

Es cierto, el trabajo de analistas y de academia son fundamentales, pero hoy hace falta que se relaje el lenguaje, en donde se debe provocar que la información pública se libere de manera entendible y digerible, sin llegar a extremos donde con frases extremadamente coloquiales se desvirtúe la información. Crear puentes para educar de una manera más asertiva a nuevas generaciones para que, a través de mecanismos institucionales, puedan mejorar las condiciones respondiendo a las necesidades propias que se palpan a ras de suelo y poner los pies en la tierra, desde Ciudad de México, o de las principales capitales.


Bajemos dos rayitas, impulsemos la participación en temas prioritarios, invitemos, pero sobre todo pongamos contexto suficiente para que quienes están fuera del entorno de la arena pública puedan tener herramientas suficientes para participar y de esta forma lograr avances en función de lo que sucede en nuestras distintas realidades, ya que la centralización en la toma de decisiones que vivimos hoy está desarmando a comunidades, a cadenas productivas y a esfuerzos ciudadanos, dejándolos completamente a su suerte y cortando de tajo los resultados (muchos o pocos) que están, han obtenido y muy probablemente obtendrían.

Representantes, estén listos, porque mientras el sistema lo permita, existiremos muchas y muchos quienes seguiremos promoviendo desde cada una de nuestras trincheras la apertura de la agenda pública a temas de relevancia central para las y los mexicanos.

Es tiempo de las y los ciudadanos, es tiempo de ti que me lees y de mí, quién escribe esta columna justo antes de empezar la semana. Es nuestro tiempo.

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Almodóvar, su universo y la flor de su secreto


Ismael Ortiz Romero Cuevas

Tenía yo, quizá 15 o 16 años la primera vez que vi “La flor de mi secreto”, una cinta escrita y dirigida por Pedro Almodóvar que fue una de las representantes de la llamada etapa social del director en 1995. Aquella vez, que veía esa cinta salida de la mente genial y un tanto ensortijada del director manchego, quedé prendado de la fotografía que acompañaba a la película, además de que Marisa Paredes me cautivó de sobremanera después de haberla visto en un papel completamente opuesto en “Tacones lejanos” de 1991 y que también dirigió Almodóvar. 

En los años de adolescente, pude alquilar esa película en el Video Centro que se encontraba no tan lejos de mi casa en el descontinuado formato VHS y que tomé de la sección de “Cine internacional” junto con una o dos películas hollywoodenses más que realmente pasaron desapercibidas, es más, no recuerdo si en aquella ocasión vi la otra u otras películas que renté junto con “La flor de mi secreto”, lo que sí tengo presente es que el trabajo de Almodóvar lo divisé dos veces en aquella ocasión, sin imaginar lo que el cineasta mostraba dentro de esa producción. 

No es inusual que un cineasta forme una especie de universo donde sus personajes convivan y en cierto modo, se conecten. Y aquí es donde “La flor de mi secreto” comienza a construir su genialidad que no pudimos asociar hasta el paso de los años. Fue hasta 1999, cuando se estrenó “Todo sobre mi madre”, quizá la gran película de Almodóvar, que una escena se tornó familiar; y es que la dramatización para la concientización de donación de órganos se hace presente nuevamente en la primera escena de “Todo sobre mi madre”, tal y como sucede en “La flor de mi secreto”; descubrimos que la mejor amiga de Leo (Marisa Paredes) es quien coordina esas actuaciones y la actriz de esos ejercicios que también es enfermera lleva por nombre Manuela; en efecto, Almodóvar nos mostraba a otras de sus heroínas y de quienes conoceríamos su historia años mas tarde en “Todo sobre mi madre”. 

Y así, el universo ‘almodovaresco’ va tomando forma en “La flor de mi secreto”. Leo es una escritora de novelas rosas que firma con el pseudónimo de Amanda Gris, y que tiene un contrato con una editorial que le obliga a entregar cinco libros al año para publicar, sin embargo, la última no es del agrado de los editores encargados porque argumentan que carece del estilo característico de Amanda Gris. “Es una novela rosa, pero me sale negra. Y conforme avanzan las páginas, más negra se vuelve” objeta Leo quien escribió la historia de un asesinato, donde el cuerpo es escondido en un frigorífico. En efecto, la ficción que más de una década después vimos en el cine protagonizada por Penélope Cruz y Carmen Maura con el nombre de “Volver”, en 2006. 

Y poco a poco, el director manchego nos va dando pauta en la creación de una realidad donde todos sus personajes cohabitan; así, en ese mundo alrededor de Leo, están Manuela de “Todo sobre mi madre” y Raymunda de “Volver”, pero eso no es todo; “Hable con ella”, también se hace presente. En una escena, podemos ver un personaje similar a la torera Lidia (Rosario Flores), una de las protagonistas de “Hable con ella” y que dentro de “La flor de mi secreto” es solo un extra, pero ahí está. La más grande referencia llega al final de la cinta, con los créditos, cuando el tema “Tonada de luna llena” interpretado por Caetano Veloso suena y para ese momento, sabemos que no es una casualidad la escena en “Hable con ella” donde también Veloso nos enchina la piel con su versión de “Cucurrucucú paloma” y podemos ver a las heroínas de “Todo sobre mi madre” sentadas al lado de los protagonistas de “Hable con ella”; historias que sin duda, tuvieron su origen y sus guiños en “La flor de mi secreto”.

“La flor de mi secreto” es una película entretenida, que nos cuenta la historia de Leo, una escritora con problemas de concentración y atormentada por sus contrariedades conyugales. Es una cinta que nos muestra el lado más sensible y empático de Almodóvar en la dirección, nos entrega una fotografía estupenda de Madrid y algunos otros puntos que visita en las locaciones, además, de que vemos un trabajo de actuación de Marisa Paredes impecable y emotivo, sin menospreciar a la deliciosa cereza en el pastel que, sin duda, la pone la inolvidable Chus Lampreave, que pronuncia frases hoy icónicas del cine en español: “¡cállate, cara de ladilla!”; “me voy al pueblo, que en mi casa hasta el culo me descansa” o “esta filósofa se va al lavabo que está muy estreñida; ¡si no me pongo supositorios de glicerina, no cago!”, por citar algunas .

Siempre tuve presentes esas referencias y el gran publico seguidor del director también, sin embargo, por el paso de los años no las recordaba con detalle pues, aunque “La flor de mi secreto” es una de las cintas más aclamadas de Almodóvar, se hacía difícil poder disfrutarla actualmente, pues no está disponibles en nuestro país en los formatos caseros como el Blu Ray o DVD y tampoco se encontraba tan fácilmente en alguna plataforma. La buena noticia es que este mes, Amazon Prime Video la incluyó en su catálogo; Apple TV también la puso disponible en su colección llamada “Almodóvar” y YouTube Premium ya la tiene disponible también para venta y renta. Así, que no hay pretexto para disfrutar de una de las más reconocidas obras del gran Pedro Almodóvar y ser testigos, de como surge y converge su universo de personajes pintorescos y heroínas inspiradoras. 

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Lo dijo Protagoras


Carlos r. Aguilar Jiménez.

Desde que se inventaron las religiones con dioses machos vengativos, la humanidad ha tenido que vivir, porque así educa la familia religiosa, creyendo en mundos sobrenaturales, el Más Allá, la Santa Gloria, Nirvana, Mictlán o Valhala, lugares a  donde irían después de muertos si comportan según exigían los sacerdotes o, se irían al infierno si no pagaban diezmo y sometían a lo que establecía el clero de la religión en turno, hasta los tiempos de Enrique VIII y Lutero que se revelaron contra la religión católica en tiempos del Renacimiento cuando la humanidad comenzó a pensar en si misma, en la vida actual de carne y sangre, no en incierta vida en ultratumba, sino en sus propias e intuimos creencias, su propia fe, reivindicando la importancia de la humanidad por encima de religiones y políticas que exigían sufrimiento y pobreza (austeridad) para acceder al habitáculo de Dios y todos sus elegidos y, en caso de problemas o dudas, pagando generosas indulgencias.

En el Renacimiento nació el concepto que el hombre debe ser el centro de las preocupaciones humanas, como Protágoras dijo: “El hombre es la medida de todas las cosas”, pues una vez que el hombre renunciaba al poyo que le otorgaba o prestaba el clero, Rey o gobierno y se dedicaba a trabajar y producir riqueza para si mismo y su familia, comenzaba a tener éxito al conseguir un capital, obteniendo así, con dinero o bienes, confianza y seguridad debido a los valores que conseguía, lo que ahora se entiende como economía capitalista, sistema económico en que las riqueza del individuo, familiar, social o nacional la hacen quienes trabajan y producen, no y nunca los gobiernos, (que administran o roban) porque son los campesinos, agricultores, herreros, artesanos, carniceros, hoteleros, restauranteros, empresarios, industriales, comerciantes, científicos, inventores y todos los que cada día se levantan para trabajar produciendo, quienes generan dinero, cañital, y lo hacen circular, no es el gobierno y menos los políticos, que si bien pertenecen a la burguesía extrema al vivir en opulencia y boato, incluso en el Palacio Nacional, con sueldos todos que exceden los 150 mil pesos mensuales, lo cierto es que creer o decir que los adinerados o las clases medias son perversas y nefastas es un desatino. Son los capitalistas, desde el que tiene un puesto de tacos al bolero o industrial automotriz quienes generan la riqueza del país, los políticos únicamente se lo roban o reparten lo que no es de ellos a quienes les conviene para que voten por su partido.

El hombre es la medida de todas las cosas, incluyendo obvio, la mujer, y de su trabajo, su capital, sus bienes y lo que hacen para tener más y mejor, depende la estabilidad y futuro de las naciones. Los pueblos que no trabajan y los sectores sociales que se acostumbran a vivir de dádivas son los que se arruinan, porque así como se perdieron miles de cerebros pensantes durante las guerras religiosas, ahora sucederá lo mismo al no reprobarse a ningún alumno en la escuela, no apoyar la ciencia o cultura y despreciar a quienes triunfan en el capitalismo, desde la clase media a la alta, excepto los burgueses políticos que ganan millones de pesos al año y viven en palacio nacional.