¡Buen fin! una fiesta de ofertas ¿para todos?

Carlos Villalobos

En México desde el 2011, el Buen Fin se ha convertido en un evento anual que en cada ocasión que se realiza, promete rebajas y ofertas qué, teóricamente, fuera de noviembre, mes en que se realiza, no encontraríamos.

A pesar de que este es un evento que se empezó a impulsar desde el Gobierno de México, el sector privado ha encontrado en esta iniciativa una excelente plataforma, no solo para poder deshacerse del inventario rezagado, con el que cuentan en sus almacenes, si no una manera para impulsar el consumo en sus tiendas, todo esto con el objetivo de la tan anhelada reactivación económica de cara a las fiestas decembrinas.

El Buen Fin, poco a poco ha elevado su notoriedad ya que en aquella primera edición en 2011 tan solo se registraron 18 millones de pesos en ventas, mientras que, en 2020, a pesar de la pandemia por COVID-19, se reportaron ventas por 238 mil 900 millones de pesos. Para la edición 2021, a pesar del inquietante aumento de la inflación en el país se esperan que los buenos resultados continúen y hasta diciembre tendremos certeza de ello.

Evidentemente, una iniciativa como esta siempre estará inmersa en dudas de las y los compradores, sobre todo porque en México los consumidores y sus derechos, la gran mayoría de las veces, están a la deriva y sin la más mínima protección.

Las principales críticas hacia el buen fin se enfocan en el aumento de los precios semanas antes del evento, para que cuando llegué la fecha escogida los “descuentos realizados” no sean más que un espejismo. Por otra parte, las políticas de devolución o no recibir los productos promocionados encabezan esta lista de quejas regulares, que uno puede encontrar al hacer una revisión poco exhaustiva en notas y publicaciones en redes sociales al respecto.

Hoy el buen fin ha pasado a ser uno de los puntos fuertes en el mercado mexicano, con mayor acogida que iniciativas como el Black Friday (que prácticamente no ha permeado en el país) o el hot sale (que aunque todavía no ha crecido como se esperaba, va en ascenso empujado principalmente por la pandemia).

Algo que hay que dejar claro, es que el Buen Fin, regularmente solo aplica al comercio establecido y en productos seleccionados. Las empresas que se suman a esta activación no están obligadas a hacer descuentos generalizados a los precios de todos sus productos, en cambio, a lo que sí están obligados es a respetar los precios y a no hacer espejismos inflando precios o generando ofertas artificiales.

En mi experiencia, he logrado conseguir ofertas bastante atractivas, como por ejemplo el computador desde donde escribo hoy esta columna, una computadora china de una marca muy poco conocida, que combinando varias ofertas y rastreando el precio a través del tiempo logré tener un equipo competitivo a un precio atractivo y a meses sin interés.

El Buen Fin llegó para quedarse, eso es un hecho, sin embargo, algo que no se ha impulsado desde el gobierno, son políticas de protección al cliente, no se han realizado campañas de concientización para que las y los ciudadanos mexicanos conozcamos a fondo nuestros derechos como consumidores, así como los procedimientos en caso de caer en algún tipo de problema.

Queda mucho trecho por caminar y con un panorama en donde nos estamos enfrentando al aumento de la inflación más agresivo en los últimos 20 años, sin duda el Buen Fin fue un respiro para el mercado mexicano, así como clientes que nos vimos satisfechos por nuestras compras.

Sígueme en twitter como @carlosavm_

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