Murió Jorge Fons, pero no su legado cinematográfico

Ismael Ortiz Romero Cuevas 

La primera vez que vi “Rojo amanecer”, fue una tarde de 1992, cuando alguien le prestó un video casete a mi papá que contenía la película que había sido censurada desde 1989 por el gobierno mexicano. La razón: el tema de la matanza de Tlatelolco, el 02 de octubre de 1968, era algo de lo que no se debía mencionar en los gobiernos de años posteriores, puesto que veían dañada su imagen y ponía al Ejército Mexicano con muy malas referencias. En un principio, a mis escasos trece años, no entendí bien la película, pues, aunque mi papá, que en el ‘68 contaba con apenas 16 años, trataba de explicarme qué fue lo que pasó en Tlatelolco y el contexto de esa salvajada, mi corta edad y también el poco interés que se le pone a la vida siendo púber, me jugó en contra para poder reconocer de qué se trataba lo que estaba viendo en la televisión y que se reproducía en la entonces novedosa videograbadora de formato VHS, donde las películas, tenían mayor calidad de imagen. Lo que sí, es que la película me estremeció hasta los sentimientos más escondidos; esa noche dormí poco, pensando en que lo que había visto estaba basado en hechos reales. Mi mente de trece años no podía concebir que, en algún momento, alguien viviera un horror así estando dentro de su hogar. La escena final, con el niño bajando las escaleras del edificio y viendo todo, me heló el corazón. 

Los años pasaron y poco a poco fui teniendo más claro qué fue lo que pasó aquél 02 de octubre. Cuando ya tenía yo 15 años, casi 16, y revisando un tema en la escuela que realmente no recuerdo cuál era, vi la película nuevamente con mis compañeros del Cobao de Pueblo Nuevo que, por cierto, acaba de llegar a los 41 años de existencia. Nos reunimos en la sala audiovisual del plantel, casi nueva en ese entonces y nos dispusimos a ver la película más polémica de Fons: “Rojo amanecer”. Era la segunda vez para mí y sí, fue todo un redescubrimiento y que resultó aún más estremecedora que la primera vez que la vi. 

Y es que de ese calibre resultaron las películas del inigualable Jorge Fons, un cineasta que hacía gala de una narrativa prácticamente perfecta, que nos llevaba a que las historias que contaba en la gran pantalla siempre nos dejaran marcados de una manera u otra, además de estremecernos, pues sabía manejar de una manera espléndida las emociones del espectador, llevándonos a sentir inquietudes a veces muy escondidas. 

Ya en la universidad, en la materia de Literatura y revisando la obra del gran Mario Vargas Llosa, tuvimos que llegar a “Los cachorros” y a estudiar no solo la estremecedora novela, sino a ver la versión cinematográfica que dirigió Fons en 1973, con José Alonso como Cuéllar, el personaje principal y cuyo destino es marcado por estar emasculado, debido a que fue atacado por un perro en su niñez. Sí, “Los cachorros” es dramática, es cruda, es afligida y es una cinta que indiscutiblemente, es un documento del cine nacional, con una dirección estupenda y con personajes que muestran un drama verdadero, sin caer en las reacciones telenoveleras que sin querer, muchas veces afloran. “Los cachorros” obtuvo el Premio del Instituto de Cultura Hispánica otorgado en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián en 1975 y obtuvo dos nominaciones al Ariel. 

Y es que hablar de Fons es hablar de una forma de hacer cine como pocos. Él podía contar historias tan complicadas como controversiales, haciendo que el público muchas veces tardara días pensando en lo que acababa de ver. Tal es el caso de “Los albañiles”, película de 1976 y que le dio el Oso de Plata en 1977 en el prestigiado Festival de Berlín (Berlinale). Y es que en “Los albañiles”, una cinta basada en una novela de Vicente Leñero nos muestra de una manera muy eficaz, lo mejor y lo peor de cada personaje. La trama de suspenso combinado con drama policiaco, poco a poco se convierte en una película emocional que nos lleva a reflexionar sobre el comportamiento que la sociedad tiene ante ciertas calamidades. “Los albañiles” me dejó reflexionando por días, además de que me hizo admirar más el trabajo histriónico del maestro Ignacio López-Tarso y aplaudir la interpretación de Adalberto Martínez “Resortes”, que brinda una actuación opuesta a lo que nos tenía acostumbrados. 

Y qué decir de “El callejón de los milagros”, simplemente una belleza. Y es que Fons supo dirigir un guion tan ambicioso como complejo, además, muy bien adaptado a la sociedad de mediados de los noventa en el centro histórico del entonces Distrito Federal. Con esta magistral obra cinematográfica, Fons ganó el premio Goya en la categoría de Mejor Película Iberoamericana y le dio a la gran Margarita Sanz su primer premio Ariel como Mejor Actriz y al mismo Fons como Mejor Director. Y así, la historia que se cuenta de una manera tan poética y cruda dentro del callejón que lleva el mismo nombre de la película, pueden ser tres historias de tantas, pero la manera en que convergen, ha convertido a esta cinta en un referente del cine mexicano contemporáneo. 

Jorge Fons será para siempre, uno de los más grandes cineastas del séptimo arte mexicano. Su visión nos ha llenado de historias que no solo han sido aclamadas por especialistas y gustosos del cine, sino que han llenado la gran pantalla con el reconocimiento del gran público, ese, que ha hecho de sus películas y su visión sean grandes aportes para el cine nacional. El gran Jorge Fons murió el pasado jueves 22 de septiembre, a los 83 años. 

Mi Twitter: 

@iorcuevas

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