Carlos R. Aguilar Jiménez
La naturaleza o universo no son ni buenos ni malos, simplemente son, existen y están al margen de juicios de valor, son ajenos a cuestiones axiológicas o asuntos de bondad o maldad, simplemente funcionan como deben con base en leyes de la naturaleza, como la gravedad que puede causar caídas, o, la inercia, choques, accidentes y muerte, sin que exista intención, culpa maldad o bondad, excepto la responsabilidad o descuido de los protagonistas, que podrán considerar bueno o malo lo que haya sucedido y, lo mismo aplica para la sabiduría.
Ser sabio es saber, conocer, entender y trascender, entendiéndose también como nivel más alto del conocimiento, caracterizado por aplicación práctica de experiencia, entendimiento profundo y sensatez para tomar decisiones acertadas, desde luego, guardando proporciones, porque Sócrates dijo “Solo sé que no se nada”, simbolizando la sencillez intelectual y reconocimiento a la propia ignorancia, sabiendo que, si el mimo dijo que no sabía nada, hoy, no obstante el transcurso de más de dos mil años, lo cierto es que no sabemos nada, porque nuestro conocimiento, en función de lo que no sabemos, nuestra ignorancia es infinita. Al margen de la naturaleza, nosotros, seres conscientes e inteligentes, sí podemos ser vanidosa y arrogantemente buenos y sabios, aunque no seamos más que monos desnudos con emociones de cavernícolas, instituciones medievales y ciencia sublime, y es por ello que, decir que el pueblo es bueno y sabio, es demagogia pura, populismo a ultranza para quedar bien con los mediocres, resentidos sociales, ineptos y todos aquellos fracasados de la vida, quienes, porque lo dice su líder, caudillo o presidente, pueden considerarse buenos, sabios o ambos. Ser bueno o sabio es relativo, depende del contexto y circunstancias. Un huracán puede ser bueno por las lluvias y muy malo por los desastres que causa, igual que alguien que dice trabajará para el pueblo bueno porque es bueno, pero exige que subordinados se afilien a cierta ideología y, quien no lo hagan será despedido y se considerará traidor o, puede también, auto considerarse bueno quien regala dinero que no es suyo para que lo consideren bueno, mientras arruina a otros sectores.
Con ideología cualquiera puede considerarse sabio, hasta un analfabeta funcional o incluso alguien con doctorado, sabiendo que el doctorado no quita lo tarado, porque la especialidad a ultranza es para los insectos, como la araña que es experta en hacer telarañas pero no sabe otra cosa, y así también, con la bondad, como quien creyendo que fueron buenos, nombra a su hijo Marx, Stalin, Cuauhtémoc, Fidel o… pensé escribir cierto nombre, pero podría tener consecuencias malas para mí, así que mejor hasta aquí… para que digan que soy del pueblo bueno y sabio.
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