Carlos R. Aguilar Jiménez
Este 25 de abril, se celebran 494 años del nombramiento de ciudad a un caserío que, después, se convirtió Villa, que había existido ancestralmente y poco o nada ha evolucionado, cambiado o revolucionado su arquitectura, urbanismo, civismo, solidaridad o respeto y, especialmente, la mentalidad de sus habitantes pensando casi igual que sus ancestros que cruzaron en estrecho de Bering hace catorce mil años, aferrándose a arcaicos abusos y malas costumbres que anclan e interrumpen el progreso, negándose a todo cambio y transformación, prefiriendo vivir como sus ancestros que atreverse a modificar y mejorar su entorno y la ciudad que nos dejó el glorioso virreinato.
La cuestión de la edad de Oaxaca, si existe desde hace milenios, siglos o décadas, antes ni siquiera se planteaba, porque un lugar que no evoluciona con el tiempo ni siquiera tiene edad. Si ha permanecido igual desde tiempo inmemorial, da igual que haya sido fundada o declarada ciudad hace 494 años o dos mil, estableciendo cada quien una edad en función de ideologías, que hoy deberían estar mal vistas en relación al reclamo del gobierno a España, a quien solicitan nos pida perdón cuando casi todos los oaxaqueños deberían agradecer a la corona española que sean cristianos y católicos adoradores de la virgen de Guadalupe y no fieles devotos de Cosijo o Huitzilopochtli, y que, por ser mestizos cristianos se salvarán de irse al infierno (según sus creencias católicas actuales).
Sí, se celebrara el aniversario 494 de la categoría de ciudad a Oaxaca por decreto real de Carlos V, Emperador del sacro imperio romano germánico y Carlos I, Rey de España, festejando que todo sigue igual, que el centro histórico construido por españoles, indígenas y mestizos durante el virreinato, sigue igual que entonces, donde los oaxaqueños actuales se sienten orgullosos de Santo Domingo, la Catedral, el trazo cuadriculado, de todas sus iglesias y de fiestas mestizas, como la Guelaguetza, que de ancestral no tiene nada, excepto propaganda para turistas.
Si nunca se ha salido de México, si no se conocen ciudades medievales o modernas europeas y especialmente españolas, se entendería que poco hay que celebrar, porque Oaxaca es ciudad de topes, baches, bloqueos, secuestros, extorsión de la secta 22 y normalistas, donde la civilidad y respeto no existen, como no existe el agua, seguridad, libramientos vehiculares y, el gobierno con dádivas y tinacos compra votos para mantener a Oaxaca peor que hace 494 años, cuando el Rey de España nos distinguió como ciudad. Por supuesto que habrá mañanitas, repique de campanas, tamales, atole, conciertos y jolgorio porque somos también: Ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad gracias al virreinato de la Nueva España, porque de lo que hemos hecho los oaxaqueños después de la Independencia, ni el ferrocarril de don Porfirio Díaz existe. Feliz cumpleaños Oaxaca de parte de: “Ciudadano de Antequera 1997” y “Coquitao Cosijopi 2021”, es decir, un servidor.
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