“Abrázame que Dios perdona, pero el tiempo a ninguno”: Juan Gabriel.

Ismael Ortiz Romero Cuevas

Parece mentira que justo hoy, se estén cumpliendo dos años del fallecimiento de Juan Gabriel. Estoy seguro que casi todo México recuerda con exactitud lo que estaba haciendo justo el 28 de agosto de 2016, cuando se enteró de la noticia. En la radio, pese a que fue domingo y en prácticamente todas las estaciones casi siempre en ese día no hay conductores sino solo la programación de música y publicidad, se interrumpieron transmisiones para anunciarnos el acontecimiento, fatídico para la gran mayoría de los mexicanos. El internet y los portales de noticias se llenaron de recuerdos, fotos, videos, semblanzas y demás del conocido divo de Juárez. Decía Facundo Cabral que cuando su abuela se enteró de la muerte de Gardel dijo: “¡Vaya! Ahora sí somos pobres”, refiriéndose a Argentina. Supongo que algo así nos pasó en México.

Es que no hace falta rememorar toda la carrera de Juan Gabriel para saber que fue uno de los artistas más respetados de México y a quien lo mismo admiraba el taxista, la vendedora de fruta, la empleada doméstica que la señora ricachona, el empresario exitoso, algún ejecutivo o un político. Todos en muchas partes de México y en América Latina, nos sabemos por lo menos una canción de Juan Gabriel, miente quien me diga que no. Apuesto que hasta se sabe alguna canción aquél intelectual que se quiso ver demasiado docto y sofisticado días después de que murió el divo de Juárez y que escribía que: “me irritan sus lentejuelas no por jotas sino por nacas, su histeria no por melodramática sino por elemental, su sintaxis no por poco literaria sino por iletrada”; y entonces, el autor de aquella columna llamada Fuera de Registro, es decir, Nicolás Alvarado, se despedía diciéndonos que escucharía una canción de Boris Vian. Las redes se le fueron encima y hasta fue despedido de TV UNAM. Criticar a JuanGa le costó demasiado caro y hundió su carrera, lo bueno que le venía guango. Ojalá al menos haya aprendido que a la gente le caen mal los fanfarrones.

Elegir la mejor canción de Juan Gabriel es una tarea titánica. Vamos, es imposible. Todas son especiales por algo; por su letra, por el ritmo, por el contexto o por quien las hizo éxito. Así, vimos a Pandora tener el disco más vendido de su carrera hasta la fecha, cuando grabaron el ya legendario “…Con Amor Eterno” a principios de los años noventas, vimos también a Rocío Dúrcal convertirse en su intérprete de cabecera durante dos décadas o a Isabel Pantoja triunfar en México y América Latina cantando esa especie de novela llamada “Así Fue”, a Daniela Romo llegar al primer sitio de las listas con “De mí enamórate”, a Thalía grabar el tema “Gracias a Dios” en el disco que le produjeron Emilio Estefan y Óscar López o a José José pedir un aplauso para el amor en “Lo pasado, pasado”. Juan Gabriel fue también el responsable de uno de los discos en español más grandiosos que se han grabado, titulado El Circo y que puso a La Maldita Vecindad y los hijos del quinto patio en un plano enteramente internacional. Para ese material Juan Gabriel contrató a Gustavo Santaolalla como productor, muchos años antes de que ganara dos Óscares.

Por mucho más tiempo, pienso que Alberto Aguilera Valadez, conocido como Juan Gabriel seguirá siendo un icono de la cultura nacional. Más allá de gustos musicales o convencionalismos, Juan Gabriel llegó a tocar las fibras mas hondas de la gente en muchos aspectos, pues tenía el talento de hacer canciones sencillas, entendibles, sumamente comerciales (por eso se hicieron muy exitosas), además de poner cada palabra o frase en el sitio justo en la canción para hacernos sentir emociones y reír, bailar o de plano romper en llanto. Se convirtió en una especie de poeta del pueblo y vocero del sentimiento de masas, porque hasta quien se sentía el “hombre fuerte” o “macho alfa” muchas veces terminaba llorando a moco tendido con “La Diferencia”, “Abrázame muy fuerte”, “Costumbres” o “Inocente pobre amigo”; o bien bailando y hasta imitándolo con “El noa noa”, “Debo hacerlo” o “Hasta que te conocí”.

Juan Gabriel pudo gustarnos o no, pero lo que sí es seguro, que así como José Alfredo Jiménez o Agustín Lara, tiene ya un lugar privilegiado en la historia de la música en México. Gracias JuanGa por tanto y tanto amor. Gracias por los sentimientos y la música; gracias por “Amor Eterno”, “Se me olvido otra vez” o “La muerte del palomo”. Gracias por enseñarnos que lo que se ve, no se pregunta.