The Walking Dead: Y sigue… Y sigue… Y sigue

Ismael Ortiz Romero Cuevas


Me imagino en el año 2038. Han pasado 20 años desde éste. Yo, a punto de llegar a la sexta década de vida, me dispongo a sentarme y disfrutar la emisión en el aparato de proyección de imágenes que sea popular en ese futuro. Sintonizo uno de los canales y se encuentran transmitiendo “Los Simpson” que están estrenando su temporada 50, es increíble que Bart aún sea un niño y Homero no haya podido valorar a Flanders ni un poquito. Se anuncia que al terminar el episodio de la familia amarilla, continuaremos viendo “The Walking Dead” que está a un año de llegar a la temporada 30. Los protagonistas han cambiado y la historia, cada vez se torna más aburrida y bizarra. Pero la fuerza de la costumbre, nos hace que sigamos viendo las aventuras  de la zaga zombi aunque ya nada tenga qué ver con lo que comenzamos a ver en su primer temporada en el lejano 2010. Maldita nostalgia; nos sigue apresando al paso de los años.

Aunque parezca algo inverosímil, creo que no estamos muy lejos de ver algo así. El pasado 07 de octubre en los Estados Unidos y 08 en México y América Latina, se estrenó la novena temporada de “The Walking Dead”, la serie original de AMC que retrata un supuesto apocalipsis zombi y las peripecias de sus protagonistas para salvar su vida, inmersos en una desquiciada sociedad al borde la extinción. Sin embargo, el lanzamiento de la actual temporada en su país de origen registró el más bajo nivel de audiencia desde que fue estrenada la serie, ya que diversos medios reportan que solo fue vista por 6.01 millones de telespectadores; una recepción realmente baja si recordamos que el estreno de las sexta y séptima temporadas, reportaron casi 20 millones de televidentes. Aún así, los números no son nada malos en comparación al promedio de las historias que emiten las diferentes cadenas de televisión de paga.

Cuando la serie se estrenó, muchos caímos rendidos ante la originalidad de la historia y la crudeza con que en televisión se retrataban ciertos temas. Los personajes nos fueron cautivando y poco a poco, comenzamos a tener favoritos y a sufrir o padecer inquietud con cada episodio. Ni decir de los que “murieron”; parece mentira que nos hayamos apegado tanto con gente de ficción, pero así es.  Cada una de las situaciones a las que se enfrentaban parecía más complicada que la anterior; así, “The Walking Dead” tuvo quizá su mejor momento de la temporada tres a la séptima, cuando apareció Negan (Jeffrey Dean Morgan), un villano más sanguinario y aterrador que El Gobernador (David Morrisey) que vimos en las temporadas tres y cuatro. Sin embargo, el éxito de la zaga zombi y las grandes ganancias que representan para la cadena AMC, hicieron que la historia se alargara, y se alargara, y se alargara y se alargara de forma prácticamente innecesaria, además del estreno de un spin off llamado “Fear The Walking Dead”, que no ha reportado las grandes audiencias de su hermana. Y mientras la gran mayoría de fanáticos de la emisión esperábamos una octava temporada grandiosa, los episodios se hacían más aburridos, dejando el conflicto humano y no humano de lado, para inmiscuirse más en la peculiaridad, melodrama y sentimientos de cada personaje. ¡Demonios!, se había vuelto ya una telenovela. Al término de esa temporada, de verdad que esperábamos el anuncio del final de la serie, si no en la temporada actual, sí en la diez. Pero no pasó; al contrario, en septiembre pasado y a dos semanas del estreno de esta entrega, Josh Sapan, Director General (puesto al que ahora los ‘millennials’ le llaman CEO), de la cadena AMC, anunció que este universo podría extenderse por diez años más. ¡Diez años más!

Una década más de “The Walking Dead”, de verdad es que yo no entendía cómo si los argumentos y el interés del público por la serie, en serio que se están agotando. Pero casi a la par de esta declaración, el protagonista, el épico Rick Grimes, el actor Andrew Lincoln anunciaba que el episodio 5/9 sería el último en el que su personaje aparecería; pero ¿cómo? Bastante tuvimos con la muerte de su hijo Carl (Chandler Riggs) la temporada pasada y ¿ahora esto?, ¿por qué? Pues por simple estrategia. Primero, porque los niveles audiencia en este episodio aumentaron de manera considerable, pero muy considerable. Segundo, porque la semana pasada cuando ya se conocía que Lincoln dejaría la serie, se anunció que AMC, planea hacer una trilogía de películas para televisión contando una historia paralela de lo sucedido con Rick después de ser rescatado en la emisión pasada, por Anne (Pollyanna McIntosh) en el helicóptero; y se comunicaba también que Andrew Lincoln seguiría interpretando al héroe en las cintas. Si notaron, en el final del episodio pasado existe un salto en el tiempo considerable y supongo (y recalco el supongo), será en ese inter donde la historia de Rick en las películas, podría tener lugar. Es de figurarse también que ahí se encuentre la década más de ese universo que anunció Sapan.




La decadencia de los caminantes muertos

La emoción por la serie se ha perdido en varios aspectos, la historia ya no es la misma y los personajes que poco a poco se incorporan parecen creados con el único afán de confundir o aburrir a la audiencia, además que es notorio que muchos de ellos, son escritos de manera forzada con el fin de mantener la intriga y dramatismo en el show, pero sin un argumento que los sostenga. Ningún otro personaje ha tomado la fuerza de Michonne (Danai Gurira), quien tuvo la presentación más espectacular dentro de la historia; o el interesante e intenso crecimiento de Carol (Melissa McBride), que pasó de ser un personaje secundario en las primeras dos temporadas, a estelar a partir de la tercera; por cierto, Robert Kirkman ha dicho que el único personaje que no morirá en la serie televisiva es precisamente Carol; o la evolución de Maggie (Lauren Cohan), de valiente a mercenaria.

La cadena AMC y los productores de “The Walking Dead”, deberían ir considerando el final de la serie porque como todo lo grande, debe irse en un gran momento de audiencia para convertirse en un clásico de la televisión; tal y como lo hicieron con “Breaking Bad” (antes de anunciar su innecesaria película); que según Robert Kirkman, Vince Gilligan y la misma cadena AMC, productora de ambas series, las dos historias se conectan. Y deben considerar el final también por respeto a la audiencia que merece un cierre si no monumental, por lo menos sí homérico de la historia, antes que la trama se convierta en una ridiculez difícil de enmendar. Y para eso, ya no les falta mucho.