Transporte infame


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Los años transcurren los gobiernos pasan y las promesas de campaña o acciones de gobierno nunca se realizan, porque más allá de las intenciones de políticos que luego son gobernantes, lo cierto es que lo que no funciona es el Sistema Político y los concesionarios del transporte de pasajeros amparados en extrema corrupción, lo que menos interesa es ofrecer un servicio público de transporte digno, eficiente y que cumpla sus recorridos en ruta y horarios, por lo menos hasta las 22 horas.

Quien sea haya tenido necesidad de utilizar el transporte urbano de la ciudad habrá sufrido varias veces la brutalidad de los conductores, -que es directamente proporcional al tamaño de su autobús-  habrá sufrido la mugre y deterioro del vehículo, además de la falta de respeto a sus pasajeros, especialmente a adultos mayores o discapacitados, en una dinámica en que los concesionarios de TUSUG, SERTEXA, CHOFERES DEL SUR y otras en el servicio suburbano, incluidos los salvajes taxistas de pueblo y la ciudad, quienes con el poder que da la bestialidad de la multitud, a la menor insinuación que en Oaxaca podría servir UBER, Metrobús, CITIBUS o cualquier otro sistema de pasajeros que no sea la mafia de taxis o del ponzoñoso pulpo camionero, de inmediato se oponen bloqueando y secuestrando la ciudad para poder seguir abusando de la humilde gente que tiene que utilizar el infame y costoso servicio de transporte de la ciudad. Ya no se puso en servicio el CITIBUS anunciado por Gabino Cue y Estefan Garfias, no se utiliza el Libramiento Norte y por extrema necesidad, todo aquel que tenga posibilidades económicas se ve obligado a comprar un automóvil aunque sea viejo o una motocicleta para transportarse, principalmente si su trabajo requiere salir tarde o llegar pronto, porque nadie en su juicio se arriesga a sufrir las penalidades y sufrimientos que implica subir a un autobús, incluida la posibilidad de ser asaltado a bordo, por lo que las calles de la ciudad se llenan de automóviles o motos que luego no avanzan porque además de lo infame del transporte, los semáforos no están sincronizados, las calles son estrechas y con autos en doble fila y miles de topes, obstaculizando la vialidad y, peor aún, la Secretaria de Inmovilidad (SEMOVI) es una dependencia oficial creada para extorsionar e intimidar, no para servir y hacer fluida la circulación, así que si a mí, por ejemplo, se me ocurre dejar mi auto y transportarme en autobús, en principio no sabré cuándo pasará el de la ruta que requiero; si me subo se quedará estacionado esperando se junte más pasaje, cuando avance lo hará desquiciado tratando de ganar el paso a otros autobuses y, mientras, a bordo seré sacudido y rebotado entre asientos rotos y mugrosos sufriendo una experiencia espeluznante que jamás nunca políticos y gobernantes de Oaxaca vivirán, porque se transportan en lujosas camionetas con escolta o tienen vehículos oficiales con chofer, quienes además no checan tarjetas, no tienen que atender compromisos a determinada hora y, les gusta llegar tarde a todo asunto para que vean quien manda, mientras concesionarios y políticos se enriquecen torturando a los pasajeros del transporte infame de Oaxaca.