El Papa se disculpó


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Las circunstancias históricas se juzgan según los criterios y juicios de valor de su respectivo tiempo y quizá una o dos generaciones después, cuando aun viven los protagonistas y testigos que pueden dar fe de las contingencias, hechos y acontecimientos directamente, pero, cuando se pretende enjuiciar o condenar situaciones o escenarios que ocurrieron siglos atrás o hace medio milenio, en retrospectiva y según las costumbres, leyes o usos actuales en retroceso, se abusa del privilegio histórico al condenar hechos del pasado que sucedieron en otros contextos y que en su momento estaban justificados y eran aceptados por las condiciones sociales, políticas e incluso religiosas.

No podemos condenar a los romanos por sus ceremonias con gladiadores que luchaban a muerte porque para ellos eso era normal y adecuado a su moral; no podemos condenar a esclavistas y negreros porque esa practica era idónea en ese tiempo, ni a los predicadores o misioneros cristianos que llegaron con los españoles a evangelizar a México porque era correcto, porque si así fuera el Papa estaría obligado no a ofrecer disculpas, sino a exigir que si hoy alguien no aprueba la Conquista espiritual, entonces dejen de creer en Jesús, renuncien a su devoción a la Virgen María, que ya no crean en la Guadalupana, virgen de Juquila, la Soledad y todas las demás, que son las mismas en distintas advocaciones, para creer de nuevo en la verdadera, auténtica y única religión prehispánica, reverenciando a Huitzilopochtli, Tláloc, Quetzalcóatl o Tezcatlipoca y no a los falsos e impuestos santos y mártires cristianos que cada pueblo tiene como santo patrón o protector.

La iglesia ya se disculpó varias veces, el año 2000 fue del perdón, incluso perdonaron a una campana de la Catedral del DF, y un Papa ofreció disculpas en Bolivia a los aborígenes, pero, si así es ahora la política de odios largos, entonces habría que exigir disculpas a los alemanes hijos de nazis, a los descendientes japoneses súbditos de Hirohito y a los estadounidenses por haberse anexado medio territorio; además, lo cierto es que lo que cayó hace 498 años fue Tenochtitlan, la capital del Imperio Azteca, la nación prehispánica que oprimía, esclavizaba y extorsionaba los demás pueblos prehispánicos, exigiendo mujeres y jóvenes para sacrificar extrayendo el corazón palpitante y ofrendarlo a Dios, el Dios Verdadero, no el crucificado y falso que trajeron los españoles. No fue conquistado México, (México  no existía)cayo Tenochtitlán y después el resto de lo que ulteriormente fue la Nueva España, liberándonos de un opresor coterráneo para ser dominado por otro, ultramarino, primero militarmente y después espiritualmente, incluidos los mixtecos que se dicen el pueblo nunca conquistado, aunque todos sean cristianos, católicos, apostólicos y evangelistas, protestantes, testigos de Jehová o lo que sea, no devotos adoradores del verdadero y único Dios: Tonatiuh, como debieran creer los auténticos mexicanos actuales, que veneran un Dios exótico que fue condenado y crucificado por sedición y rebeldía a Roma autonombrándose Rey, aunque decía que su reino no estaba en este mundo… ¿quizá en Andromeda?

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