Un pequeño paso para el hombre


Carlos R. Aguilar Jiménez.

Se dice que son los políticos y gobernantes quienes cambian al mundo, y no puede haber declaración más falsa y equivocada, porque quienes cambian al mundo son los inventores, científicos, hacedores, forjadores o artistas, porque si bien quienes gobiernan toman decisiones que pueden o no afectar a los demás, generalmente lo hacen mal, con ineptitud y ahora hasta con torpeza, porque de no haber sido por los científicos no existieran las vacunas, electricidad, antibióticos, anestesias, telecomunicaciones, aviones, automóviles, teléfonos y todo absolutamente todo lo que no hizo la naturaleza y fue creado por un inventor, no por la humanidad en general, sino exclusivamente por los científicos, y si no fuera por ellos, seguiríamos tratando de curarnos con hechizos o conjuros, viajando a bordo de caballos y sin computadoras o internet ni láser.

“Un pequeño paso para un hombre, un gran salto para la humanidad”, la frase celebre que pasara a la historia como consecuencia de la más grande aventura intentada y lograda por la humanidad al llegar Neil Armstrong a la Luna hace medio siglo, un 20 de julio, pero de 1969 cuando alrededor de las 10:20 de la noche tiempo e Oaxaca, Armstrong puso su bota en la superficie polvorienta de la Luna, ocasión que en el Observatorio Astronómico Municipal fue celebrada durante esta semana impartiendo conferencias, mesas redondas y realizando observaciones telescópicas de la Luna, exactamente del lugar en el Mar de la Tranquilidad donde alunizaron los astronautas hace 50 años, dando incluso oportunidad a los visitantes para que tomaran fotografías con su teléfono celular de ese lugar emblemático de la Luna.

De pie en el Modulo Lunar, la nave espacial tripulada más frágil jamás construida. Armstrong volaba a más de 4 mil 800 kilómetros por hora, cinco veces más rápido que un jet. No había plataformas de aterrizaje en la Luna, ni personal de tierra o torre de control que lo guiase en el descenso, 15 kilómetros abajo no había más que una superficie desconocida plagada de rocas y cráteres y que se suponía sería menos peligrosa que otras que ya había pasado. Si quería alunizar con seguridad y horizontal para poder regresar a la nave nodriza que los esperaba en órbita lunar, Neil tendría que reducir su velocidad de caída gradualmente hasta paso de descenso y entonces encontrar una zona relativamente propicia para alunizar antes de quedarse sin combustible. No había margen para errores. Alunizar demasiado rápido en un lugar lleno de rocas dañaría al frágil modulo lunar y eliminar totalmente cualquier posibilidad de encender los cohetes y regresar a casa, a la Tierra. De una forma u otra en los minutos siguientes todo debía terminar y, terminó bien, alunizaron y, desde entonces la Luna dejo de ser ese astro luminoso de romántico aspecto, inspiración de enamorados y poetas, para convertirse en un lugar al que podemos ir…Felicidad a  EU y NASA por ese portentoso logro que demuestra el inmenso potencial de la ciencia e intelecto humano en el que todos nos incluimos felizmente…