Economía de guerra


Carlos R. Aguilar Jiménez.

No existe ninguna duda que estamos viviendo en guerra, no obstante no podamos ver al enemigo, como no lo vieron los nipones cuando como consecuencia de su provocación EU arrojo dos bombas termonucleares y obligó a rendirse a un pueblo suicida kamikaze que prefería morir con honor antes que vivir la humillación de la derrota, de la misma forma que espartanos y aztecas. Tampoco podemos ver al enemigo, pero estamos en guerra, una guerra contra enemigos mortales muy astutos y sutiles que nos invaden y cuando toman la plaza, 14 días después se muestran, así que ante las circunstancias de guerra luego de tres meses de combates, hostilidades y ofensivas, a veces ganando cuando se recuperan los enfermos invadidos por el enemigo, y otras perdiendo cuando fallecen, pero la guerra sigue y nos obliga a vivir una Economía de Guerra.

Sabemos que una Economía de Guerra es la que se aplica en momentos históricos de inesperadas y fuertes convulsiones, sean o no conflictos armados que tienen por objetivo mantener el funcionamiento de actividades económicas indispensables para el país en guerra, en conflictos internos como guerra civil o epidemias, procurando el autoabastecimiento, desincentivando el consumo privado, garantizando la producción y abasto de alimentos y controlando la economía nacional. En Economía de Guerra cada país se adapta a la configuración de su economía de forma diferente, pero aplicando fundamentalmente las siguientes medidas: Control exhaustivo de la política monetaria que evite la hiperinflación evitando gastar en obras e infraestructura civil (un tren o nuevo aeropuerto). Medidas de ahorro de consumo energético. Aumento de la producción de medicamentos, antibióticos, anestésicos y equipo médico para ayudar a heridos en combate, como ahora en pandemia a enfermos contagiados de virus y los heroicos médicos, enfermeras y personal de limpieza, además de todos los que proporcionan servicios indispensables como suministrar gas, electricidad, agua y seguridad pública, incluyendo  cambios en la política agrícola que dirige los cultivos y la industria transformadora hacia la producción de alimentos para estar preparados para estados de sitio o interrupción de suministros, pero especialmente advertidos de la ruina posterior que siempre se vive cuando terminan las guerras, porque el cierre de negocios, quiebra de industrias y comercios que implican mínima producción y despido masivo de empleados, repercute en la demanda de lo que se produce o comercializa, inmersos en incertidumbre de no saber que sigue como consecuencia de guerra, cancelándose perspectivas de compras de objetos de cierto valor y no sean indispensables, arruinándose la industria automotriz, de electrométricos, turística, manufacturera o industrial, salvándose únicamente la de producción de alimentos y servicios de salud, derivando en inflación, recesión o endeudamiento, y, no obstante la publicidad oficial diga que no será así, la historia lo demuestra y esta guerra contra los virus no será excepción y nos espera una Economía de Guerra y Post Guerra.

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