Por el derecho a un mejor futuro


Xóchitl Jazmín Velázquez

La corrupción es un problema tan viejo como las instituciones mismas, desde que el hombre decidió generar estructuras y organizarse en un gobierno hemos tenido que luchar contra este mal.

Casos como la Casa Blanca, Odebrecht o la Estafa Maestra nos han demostrado que a pesar de los avances en las instituciones, este problema alcanza las esferas más altas del poder; en los estados, los nombres de los exgobernadores Javier Duarte de Veracruz, Tomás Yarrington de Tamaulipas, Roberto Borge de Quintana Roo y Eugenio Hernández Flores de Tamaulipas son nota permanente.

Pero ¿Qué pasa a nivel municipal? Que es el nivel de gobierno de mayor cercanía con la ciudadanía  y al que todos recurrimos cuando hay algún problema en nuestra colonia, barrio o agencia.

Los niveles de corrupción a nivel municipal poco se documentan o se persiguen, la mayoría de los hechos que conocemos se dan cuando la sociedad en conjunto se une y exige cuentas claras o cuando entre aliados políticos no existen acuerdos y entre ellos delatan su actuar, pero la corrupción no sólo se manifiesta cuando se recibe o da dinero, también es corrupción el dejar de hacer o guardar silencio cuando se conoce un acto de éstos.

Ejemplo de estas conductas se manifiestan cuando a un Presidente Municipal “se le ocurre” hacer una obra porque cree que es lo mejor, sin considerar la opinión de la ciudadanía, a los vecinos afectados o a los dueños de los negocios que permanecerán cerrados, sin dar a conocer los montos, la empresa y los tiempos en los que se ejecutará o los beneficios reales que se obtendrán, sin que ningún integrante del cabildo evalúe, analice o realice observaciones al proyecto.

Estas conductas incrementan las percepciones de corrupción, porque de manera ordinaria después de ejecutarse la obra, se ve a los funcionarios con vehículos nuevos, casas o viajando de manera constante.

Pero como ciudadanos ¿cómo controlamos estos actos de corrupción? Para eso existen las contralorías municipales que son las encargadas de investigar y sancionar estos hechos, pero poco o nada hacen al respecto porque el presidente municipal es quien les asigna el cargo ––son amigos, compadres o fueron de su equipo de campaña––  y sólo hacen lo que éste les ordena o simplemente ignoran su función.

Se han creado diversos mecanismos que permiten la participación ciudadana: las contralorías sociales, los comités de obra o las unidades de transparencia, mediante las cuales podemos solicitar información, revisar los expedientes de  obra, las empresas contratadas y los montos asignados por las autoridades municipales; otro mecanismo relevante es que ya podemos denunciar los hechos de corrupción de manera anónima ante la Secretaría de la Función Pública del Gobierno Federal por medio de su página web y darle seguimiento por internet.

No ha sido fácil luchar contra la corrupción por los beneficios que genera para los que en ella participan, por ello, se requiere de la unidad de todas y todos porque no sólo se están robando el dinero público, se roban el derecho de nuestras niñas y niños a un mejor futuro.

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