CONTRAFUEGO || Dique al fraude

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Aurelio Ramos Méndez

“Ladrón o no ladrón, queremos a Perón”. Este lema, coreado por los argentinos en los 50 del siglo pasado, ha sido tristemente adoptado como propio por los estrategas del Frente Amplio por México, aplicado a Xóchitl Gálvez.

A los dirigentes del PAN, PRI y PRD, y empresarios, mercadólogos, asesores, consultores y voceros que mangonean la oposición, no les ha importado que esta senadora destila corrupción: buscan imponerla como candidata a la presidencia. 

Sobre esta empresaria y política panista penden gruesas y documentadas acusaciones de tráfico de influencias, conflicto de intereses, robo al erario y hasta adulteración de su biografía, todo lo cual no ha sido impedimento para su postulación.

Peor. Pareciera que tal prontuario delictivo y tales signos de identidad son requisitos indispensables para su ungimiento.

Los conchabados en la maniobra para aupar a la hidalguense sobre el potro del poder agraviaron a sus bases partidistas y se mofaron de los ciudadanos del común, que deglutieron el engaño de un proceso democrático truncado a la mitad de su término.

Este domingo tres de septiembre debieron haberse realizado votaciones para escoger coordinador del Frente. Merced a una serie de chanchullos, el ejercicio fue cancelado. 

Quizás aconsejada por Roberto Madrazo, tramposo experto en atajos en maratones, Xóchitl se esfumó tras haber pisado el tapete de salida. Volvió a la mitad de la ruta para desaparecer después, y luego, prodigiosamente, hacerse visible cruzando la meta.

Los organizadores de la farsa electiva cancelaron las votaciones, cuyo valor era 50 por ciento de la calificación del concursante.

Otra explicación verosímil apunta a que, afanosos por identificar a su candidata con las masas, los estrategas la colgaron –con sobrados méritos– de la escandalosa trampa masiva de participantes en el maratón de la Ciudad de México.

Se esforzaron para hacerla aparecer como una más de los 11 mil corredores –del total de casi 33 mil—que el domingo 27 eludieron parte del recorrido, pero consiguieron medalla por dizque haberlo culminado. ¡Quién dijo que Xóchitl está distanciada del pueblo!

El referido grito de “ladrón o no ladrón…” era en realidad paráfrasis de una gorda leperada alusiva no sólo a la corrupción sino al comportamiento sexual del jefe peronista, general Juan Domingo Perón.

No es, sin embargo, dicho lema la única similitud gaucha con nuestra actualidad nacional.

La historia también remite a la ocasión en que el líder de los descamisados se ufanaba ante un reportero por las simpatías que él conjuntaba de un amplio abanico de fuerzas. Se vanagloriaba del apoyo de comunistas, socialistas, fascistas, radicales…

“¿Dónde deja usted a los peronistas, general?”, le inquirió con sorna su interlocutor, a lo cual el caudillo repuso con suficiencia: “¡Ah, no, peronistas somos todos!”.

Chascarrillo éste que calza perfecto a los miembros del Frente Amplio, con referencia al desahuciado PRI.

En tan sólo mes y medio, con apoyo de prácticamente la totalidad de los medios convencionales de comunicación, la vieja clase política, los partidos opositores, parte del empresariado, los organismos autónomos como el INAI, la iglesia y otras yerbas, el Frente armó una farsa democrática. “¡Priistas somos todos!”.

En el proceso para labrar la imagen de Gálvez surtieron efecto la persuasión y la mentira, la coacción y la amenaza; la compra de voluntades con dinero contante y sonante, la promesa de puestos burocráticos, contratos y cargos de elección. Como en los mejores tiempos del tricolor.

Se dio credibilidad a inverosímiles encuestas de a tanto el punto y a la falacia del perfil ciudadano de una panista por los cuatro costados.

Y se validó la recolección por ella, en cosa de días, de ¡un millón de firmas!, cuatro veces el número de militantes del famélico PAN.

En seguimiento del patrañudo libreto, logradas las deserciones de Lilly Téllez y Enrique de la Madrid, comprados los retiros de Alejandro Murat y Germán Martínez Cázares, torcida la mano a Santiago Creel y sometidos Miguel Mancera, Jorge Luis Preciado y Silvano Aureoles, los encargados del proceso frentista –la mayoría exconsejeros del INE– consideraron innecesario completar la carrera.

Apuestan al control que presumen sobre el INE, el Tribunal Electoral y el Poder Judicial todo. 

Está por verse si el INE, entre cuyas responsabilidades constitucionales y legales se halla vigilar que los partidos se conduzcan con apego a sus documentos básicos y criterios democráticos, consienten la burla maquinada para atornillar a Gálvez en la silla del ganador.

Si un IFE amangualado avala el patente fraude y la grosera violación de la Constitución y las leyes electorales, queda la esperanza de que los ciudadanos, consecuentes con su voluntad democrática, asuman la responsabilidad cívica de oponer un dique a la falsedad.

Que nadie se llame a engaño si consiente la mofa. Si, confabulación mediante, regresan al poder la cleptocracia, el autoritarismo, la oligarquía, la impunidad, el cinismo…

Una mirada superficial a la nómina de dirigentes frentistas permite constatar que la oposición configura menos una corriente política que una banda delictiva, un verdadero cartel.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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