CONTRAFUEGO || Aurelio Ramos

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Lo social, ¡estúpido!

Bienvenido el anuncio de adelgazamiento del Estado mediante la extirpación del cáncer que representa la mayoría de los organismos autónomos, especie de gobierno remplazante del emanado de las urnas y legalmente constituido. El problema de nuestro país es social, no técnico ni económico y menos aún macroeconómico, aspectos que tales entes dizque regulan.

En pertinente paráfrasis del letrero que el estratega electoral James Carville hizo colgar en el cuarto de guerra de Bill Clinton, en 1992, como recordatorio de que los ataques a Bush padre debían centrarse en el problema económico estadunidense, al bloque anti-4T también podría recomendársele: “Lo social, ¡estúpido!”.

El cáncer hizo metástasis durante cuatro décadas hasta llegar a controlar los rubros más definitorios del desarrollo, de la energía –petróleo, gas, electricidad—a las telecomunicaciones, pasando por la información pública, las elecciones y la competencia económica.

Un bosque de siglas de organismos autónomos propiamente dichos, más institutos,comisiones y órganos desconcentrados –Cofece, INAI, IFT, INE, CNRE, CNH—, han despojado del gobierno al Ejecutivo, Legislativo y Judicial. Detentan la capacidad jurídica para determinar la procedencia o no de acciones gubernamentales vinculadas con esos sectores.

En semejante superestructura descansa parte substancial de lo que pomposamente se denomina Estado de derecho y sus criterios se hacen cumplir a rajatabla, en beneficio siempre de los más pudientes.

De modo que, en última instancia, en manos de los autónomos se hallan, supeditadas a criterios técnicos o fetiches económicos, las decisiones del Estado mexicano, así estén de por medio las orientaciones capitales del desarrollo y la conveniencia social. Y eso es lo que apoya la oposición.

Combatir la lacerante pobreza y desigualdad debería ser el principal objetivo del Estado, pero este empeño prioritario ha servido únicamente para floridos discursos en efemérides históricas.

En los hechos y en gran medida, la lucha contra la pobreza ha dependido de lo que determinan órganos autónomos controlados por una oligarquía que históricamente ha tenido la sartén por el mango y no piensa soltarla.

¿Elevar el salario mínimo? ¡Imposible!, sería inflacionario. ¿Becas? Equivale a regalar dinero. ¿Pensiones? No les des pescado, enséñales a pescar. ¿Salud universal? ¡Claro!, en una gama que va del hiper rico Hospital Ángeles al ficticio Seguro Popular. ¿Educación de calidad para todos? Sí, de primera, segunda y tercera, el actual apartheideducativo.

La constitución de estos costosos, engorrosos y engañosos organismos fue emprendida con el criterio de que cuando se quiere resolver un problema, se lo resuelve, y cuando no, se crea una comisión.

Esto hicieron administraciones electoralmente fraudulentas y por consiguiente de nula legitimidad, como las de Carlos Salinas y Felipe Calderón, aunque la patraña fue sostenida 40 años con intención de desvincular la “pestilente política” del manejo de ejes fundamentales para el desarrollo.

El problema del país es social y a la atención prioritaria de este descomunal reto deben enfocarse todos los recursos y herramientas con que contamos como país, conducidos por los Tres Poderes, sin el obstáculo de falsos contrapesos o requerimientos técnicos ideados para beneficiar a particulares.

Con el aval de los autónomos –por mencionar solo dos ejemplos– se inició la concreción de la reforma energética, que implicó el paulatino desmantelamiento Pemex y la CFE para entregarlos a manos privadas, y con la complicidad del INAI han sido encerradas bajo siete llaves los detalles de accionesgubernamentales estratégicas.

No está en el ideario del sancocho ideológico que financia Claudio X. González propugnar la preeminencia de lo social por sobre cualesquiera otras consideraciones. Lo suyo es favorecer y rescatar a los adinerados, eliminar el Estado, privatizar el patrimonio de todos poniéndolo a remate.

Todo lo cual explica la ardorosa defensa del Frente Amplio por México –en el que parten el queso el PRI y el PAN– del tumor que los organismos autónomos representan en el diseño del Estado mexicano y entre cuyos antecedentes resalta el Fobaproa.

El rescate de los bancos por una mafia de empresarios, banqueros y políticos ladrones convirtió en deuda vitalicia de tres generaciones de mexicanos unos 552 mil millones de pesos –casi la mitad del PIB nacional en 1990–, de los cuales cada año debemos erogar 50 mil millones tan sólo por intereses, y seguiremos así por tres cuartos de siglo.

Huelga decir que la transferencia de semejante monto a los privados ha repercutido en la generación, año con año, de pobres al por mayor, con los autores de la megatransa en la más absoluta impunidad.

Pongámosles nombres y apellidos a algunos de los artífices de esta infamia, comenzando por los expresidentes De la Madrid, Salinas, Zedillo, Fox y Calderón, y José Ángel Gurría, Santiago Creel, Diego Fernández de Cevallos, Fernando Gómez Mont, Roberto Hernández…

Casi todos ellos acariciando el sueño de regresar por sus fueros, trepados en el microbús de Xóchitl Gálvez, como bien acaba de recordarlo Marcelo Ebrard en el 25 aniversario de la consumación de aquella vileza.

Mal se podría entonces esperar que surtiese efecto electoral un eventual letrero en la mejor pared de la oficina de Xóchitl, con la recomendación –“Lo social, ¡estúpido!”– de atacar a Morena por ese flanco. 

Y se necesitaría un ataque masivo de masoquismo para explicar una eventual derechización de los electores, que instalase al FAM y su desdén por lo social en el poder.

RESCOLDOS

Consejeros electorales compinches de Lorenzo Córdova ya empezaron a ponerle palos en la rueda al INE. Buscan desbarrancar la elección presidencial. En franca violación constitucional pretendieron primero despojar a la presidenta Guadalupe Tadei de la facultad de designar funcionarios –el secretario ejecutivo, entre otros– y luego la apresuraron para hacerlo. Algunos de los saboteadores son Claudia Zavala, Jaime Rivera y Martín Faz…

Como si se tratara de la variante Pirola del covid19, ya regresó a la arena política Ricardo Anaya. El excandidato presidencial del PAN busca entrar al Senado sin esfuerzo alguno, por la vía plurinominal. Tal como también pretenden hacerlo Marko Cortés y Lilly Téllez, en una lista saturada de cartuchos quemados…

¡Feliz Navidad!

aurelio.contrafuego@gmail.com

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