CONTRAFUEGO || Oposición y narco

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Aurelio Ramos Méndez

La ausencia de logros incontrovertibles en materia de seguridad pública constituye uno de los fracasos más patentes del gobierno del presidente López Obrador. Pero indigna que mientras los mexicanos sufren a diario esta acuciante realidad y anhelan propuestas viables de solución, la oposición se regodea en el uso electorero de este problema, a base de calumnias y manipulación mediática. 

El mensaje del Frente Amplio por México con semejante operación se antoja inequívoco: A falta de pueblo, bots, y a falta de programa, mentiras y ruindades.

Imposible negar que la 4T ha avanzado entre poco y nada en el propósito de garantizarles seguridad personal, familiar y patrimonial a los mexicanos. La reducción de los índices delictivos es insignificante.

Junto con el combate a la corrupción –ningún pez realmente gordo tras las rejas—y la falta de una reforma fiscal que nutra el erario y financie mayor desarrollo, aquel rubro figura entre los mayores déficits gubernamentales.

Se preveía que los antagonistas del obradorismo intentarían, legítimamente y en buena lid, capitalizar en votos los magros resultados. Por más que la actual situación de espanto no se gestó en el presente sexenio, sino a lo largo de décadas y en gobiernos federal y locales priistas, panistas y perredistas.

Lo que a muchos incautos les pareció improbable fue que la oposición llegase a los extremos de juego sucio, cinismo, perversidad y carencia de patriotismo que la nación ha podido constatar por estos días.

Gira relámpago de Xóchitl Gálvez para solicitar la intromisión gringa y de la OEA en nuestras elecciones; ocultamiento de la parte de responsabilidad que al PRI, PAN y PRD les corresponde en la barbarie; catarata de visitas postizas –¡170 millones!– al hashtag NarcoPresidente; alud de disparatadas denuncias ministeriales; descarada tergiversación de dichos presidenciales…

Ya está claro: En los códigos de la oposición la noción de decencia y el concepto fair play son inexistente. 

Como parte de la maquinación opositora, según todos los indicios, el diario The New York Times fue conchabado no como el arma secreta –su uso era previsible–, pero sí como la más demoledora. 

Con irrestricta libertad de expresión, aunque con la aptitud ciertamente de “un pasquín inmundo”, el famoso diario hizo evidente que ya no es útil ni para envolver pescado. 

El resultado de su lance en modo libelo sería hilarante, si no fuera inquietante. Lleva a pensar en cuántas veces se ha prestado para atacar el honor y la reputación de personas, instituciones y gobiernos en el mundo. 

La estrategia central del FAM consistía en propalar de manera concertada con un combo de medios de alcance global la vileza de que el Presidente mexicano tiene vínculos con el narcotráfico.  

La intención era nítida: Propiciar la intervención de la Casa Blanca para tratar de atajar la continuidad del obradorismo. Disparó por la culata.

Peor. El reportaje con que el Times intentó influir en nuestros comicios no fue la bomba que sus instigadores y artífices imaginaron, y ni siquiera un disparo errado. Fue apenas una chinampina, cuyo chisporroteo mereció inmediato desmentido de la administración Biden y restañamiento del nombre del Presidente mexicano.

¿Significa esto un freno definitivo a la calumnia y la intromisión? De ningún modo. Es conocida la bipolaridad y la táctica del policía bueno y el policía malo en la política exterior estadunidense. 

Ya vendrán unas agencias y funcionarios a dar por buenas las patrañas del NYT, con sus miserables instigadores, sus documentos chafas y fuentes carentes de idoneidad –la pestilente DEA por delante–, mientras otros agentes se encargarán de desmentirlos.

Entretanto, amnésicos frente a la historia, los adversarios de Amlo se afanan en sacarle raja política a todo hecho de sangre, en especial los de mayor impacto, con la autoridad moral y política de quien está libre de culpa.

Olvidan, convenientemente, que el trafico de drogas se remonta a los tiempos del gobernador priista de Sinaloa, Leopoldo Sánchez Celis, (1963), cuyo escolta, Miguel Ángel Félix Gallardo, sería luego fundador del Cartel de Guadalajara, en tiempos de Miguel de la Madrid.

Y que en el gobierno de López Portillo la policía del Negro Durazo despojaba de cargamentos de drogas a colombianos cuyos cadáveres aparecían después flotando en el rio Tula.

O que, también por los 60, en el noreste –de Agualeguas a Laredo– el tráfico de alcohol, drogas y personas era dominado por Juan N. Guerra, protegido del secretario de Industria de López Mateos, Raúl Salinas Lozano, padre de Carlos y Raúl Salinas de Gortari.

De más está decir que el narco alcanzó su mayor auge en el sexenio 1988-94, con el Cartel del Golfo –fundado por Juan García Abrego, sobrino de N. Guerra—como mafia hegemónica.

Y que en el cruento negocio participó la parentela política de Salinas, con Mario Ruiz Massieu –suicidado en una cárcel de Estados Unidos, donde compurgaba condena por lavado de centenares de millones de dólares— y José Francisco Ruiz Massieu, el asesinado padre de Claudia Ruiz Salinas, recién trepada al microbús de MC en pos de una diputación.

Necesitan chochitos para el Alzheimer quienes sin pudor explotan electoralmente los episodios de horror del presente sexenio, pues la atroz violencia se instaló hace rato en nuestros pagos.

No recuerdan que, en Uruapan, en septiembre de 2006, en las últimas boqueadas del foxiato, cinco cabezas humanas fueron arrojadas en una pista de baile.

Que en San Fernando, Tamaulipas, en agosto de 2010 –pleno calderonato–, la banda de Los Zetas fusiló a 72 migrantes. 

Qué en Monterrey, en agosto de 2011, cuando Felipe Calderón ya cargaba sobre sus hombros unos 150 mil muertos, el Casino Royale fue rociado con gasolina e incendiado, con saldo de 52 muertos.

O que, en agosto de 2008, albores del gobierno usurpado por Calderón, un comando asesinó en Creel a trece personas, entre éstas un bebé que estaba en brazos de su padre.

Tampoco recuerdan que en aquel tiempo eran comunes las irrupciones en poblados del norte de convoyes compuestos hasta por medio centenar de camionetas, cuyos matones incendiaban pueblos enteros. 

Y menos aún que –más del sanguinario panista Calderón–, en enero de 2010, 15 personas, la mayoría adolescentes, fueron masacradas por sicarios que irrumpieron en una fiesta en Ciudad Juárez.

Ni que dos meses después, en marzo, 10 niños y jóvenes fueron muertos a balazos y granadazos en un retén en Pueblo Nuevo, Durango, cuando se dirigían a los beneficios de un programa de apoyo a la educación.

Difícil coyuntura la de nuestro país. La clase política toda ha dado prueba de absoluto fracaso en seguridad, y la oposición banalizando la tragedia.

RESCOLDOS

Natalie Kitroeff, de The New York Times, está viviendo su cuarto de hora de fama. Autora de un reportaje chambón sobre México, ha recibido copiosa solidaridad por la difusión por AMLO de su número telefónico. La respaldan organizaciones, activistas y periodistas que a Donald Trump le han consentido regaños, acosos, insultos, bozales y groserías. Uno de ellos, Jorge Ramos, de Univisión, cuyo teléfono fue publicado por el despreciable exmandatario gringo…

En noviembre de 2022 Trump expuso su doctrina sobre la libertad de expresión y reserva de la fuente: cárcel y violación sexual. “Es muy fácil: le dices al periodista “¿quién es? (la fuente) y el tiene dos opciones: decírtelo o no. Si no quiere decírtelo, va a la cárcel. Y cuando sabe que lo van a ‘casar’ en dos días con un preso que es extremadamente fuerte, duro, y malo, el periodista o la periodista, te va a decir: “mira, creo que te voy a dar la información, éste es el que me lo contó…”

En 2020, en conferencia de prensa, Trump le dijo airado a un comunicador: “¡No me hable así! Usted no tiene peso para eso. No me hable así porque yo soy el presidente de Estados Unidos. ¡Nunca le hable así al presidente!”. Y, a otro, exigiéndole callarse: “¡Es suficiente, deja el micrófono! ¡CNN debería estar avergonzada de tenerte trabajando para ellos! ¡Eres una persona grosera y horrible, no deberías estar trabajando para CNN! Y, a otro más: “¡Siéntese, no le voy a responder! ¡No le he dado permiso de hablar! Todo a la prensa más delicadita del mundo y en el país de la libertad y la democracia.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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