CONTRAFUEGO || Derecha, aterradora oferta

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Aurelio Ramos Méndez

De ninguna manera se trata de hacer cine terror, pero el inicio del año torna propicia la formulación de un pronóstico de espanto. Del cual el bombardeo a Venezuela y el secuestro por Estados Unidos del presidente Nicolás Maduro –¿quién sigue?— constituyen peligroso avance.

En América Latina –naturalmente México incluido—y en la medida que la derecha logre extenderse, en cosa de pocos lustros y por delirante que parezca el concepto de “justicia social” podría ser considerado una aberración. 

Y, en cambio, se volverían legales la venta de niños y de órganos humanos, la supresión de los derechos laborales, la especulación con bienes y servicios básicos, la calumnia, el chantaje, la usura, el lavado de dinero, la prostitución, el narcotráfico…

En suma, tras el parapeto de la libertad y por anómalo y monstruoso que parezca, podrían ser eliminados por completo los principios, valores, la moralidad y legalidad que ahora rigen el orden social.

Todo quedaría sujeto a transacción comercial y las leyes del mercado, y la noción de Estado sería apenas un nostálgico recuerdo.

Ni con mucho puede afirmarse que la izquierda en América Latina está aniquilada, pero tras la instauración en la región de media docena de gobiernos conservadores y la invasión gringa a la tierra de Bolívar la ultraderecha ya celebra el “control” del subcontinente.

La señal más clara del radical cambio cultural que anhela el ultraconservadurismo, para el cual el ataque a Venezuela opera como poderoso acelerante, provino del sur, del régimen de Javier Milei en la Argentina.

El deschavetado gaucho festeja con la ansiosa anticipación de quien brinca dichoso y hace dengues cuando apenas ha terminado el primer tiempo. Ya anunció la conformación de un bloque “para frenar el comunismo”; que es decir, la democracia y el nacionalismo vigentes en la mayoría –territorial y demográfica—del conjunto de países.

El 22 de diciembre el autodeclarado libertario y anarcocapitalista reunió a su gabinete y colaboradores más cercanos y les dio un regalo que, más que un presente navideño, fue un prontuario de los despropósitos que con respaldo norteamericano pretende consumar en su país y promover en el mundo y en particular las naciones latinoamericanas.

Con su hermana Karina y un puñado de cómplices chapalea en la corrupción –archimillonarias estafas con criptomonedas, “mordidas” de proveedores de medicamentos para discapacitados, venta de audiencias presidenciales, usufructo de subsidios–, mas se da tiempo para hablar con perros muertos y adoctrinar a sus cercanos.

A estos últimos les obsequió ejemplares del libro Defendiendo lo Indefendible, de su ideólogo de cabecera el economista estadunidense Walter Block, sumo sacerdote de la derecha más radical y rancia. 

Es la obra que inspira al anarcocapitalista, reconocido seguidor de la ultraliberal escuela austriaca de economía, y que en opinión de politólogos rigurosos plantea con ejemplos concretos lo que para su autor es el principal objetivo: la eliminación del Estado y una libertad sin límites morales.

Desde semejante ideario, el cuerpo es un bien privado y por lo mismo son legítimas la contratación y aun la venta de niños con fines laborales o cualesquiera otros propósitos, lo mismo que el comercio de órganos humanos.

La prostitución pasaría a ser simpe prestación de servicios y el proxeneta indispensable facilitador de la operación comercial.

Desaparecería toda regulación o sanción –de los taxis y aviones a las minas a cielo abierto y las empresas contaminantes— por la autoridad, pues se habría asentado la convicción mileísta de que “el Estado es un ladrón que le roba a la gente de bien para beneficiar a los que no trabajan”.

En el mundo ideal de Milei y Block, al que bovinamente y de modo extralógico –o convenenciero y cínico– adhieren copiones como Ricardo Salinas Pliego y Eduardo Verástegui, desaparecería como por ensalmo la corrupción pública.

Sería así por la sencilla razón de que el soborno pasaría a ser simple comisión entre particulares, tal como ocurriría con usureros y blanqueadores de dinero de la actual delincuencia organizada.

Y el chantaje mediante la información –como hacen TV Azteca y otros medios— nada más que loable esfuerzo por capitalizar datos obtenidos por cualquier vía, y comprensible búsqueda de alguien que pague para evitar su difusión.

¿La difamación y la calumnia? En tanto no haya violencia física, todo vale, la agresión verbal no existe.

Atención, líderes sindicales. De avanzar la derecha potenciada por Trump y su acolito argentino el sindicalismo tendría los días contados.

El libro recomienda decirles adiós a los derechos laborales, ya que toda contratación sería arreglo entre particulares, y el esquirolaje instrumento legal y útil. ¡Que tutelaje del Estado a los trabajadores ni que ocho cuartos!

En un punto acierta el libro-recetario. En el ámbito de la ley de la selva que propone, los narcotraficantes son proveedores que atienden una demanda del mercado y los problemas por ellos generados en realidad son causados por la represión de este fenómeno, tan moral o inmoral como cualquiera otra actividad económica.

Tiene razón desde el punto de vista del más salvaje capitalismo. Pero, entonces, ¿cómo explican Milei, Trump y la ultraderecha el infame bombardeo a Venezuela y el acoso y secuestro de Maduro supuestamente por ser narcoterrorista socio del cartel de Sinaloa y los Z?

Y, ¿a qué se debe la insultante, estúpida admonición del delincuente presidente de EU, relativa a que “vamos a tener que hacer algo más con México”, dado el poder de los carteles de las drogas “que gobiernan a México?”.

De acuerdo con el libro oda a la insolidaridad y el individualismo, los adictos a las drogas sólo ejercen su derecho a disponer de su propio cuerpo –a diferencia, sí, de centenares de miles de inocentes, víctimas de la guerra global contra el narco, que mueren sin deberla ni temerla.

¿De dónde, pues, la queja del desquiciado Trump por la muerte de 300 mil viciosos, cuyos dólares han financiado el supuesto y legítimo contrabando vía México de substancias absurdamente ilícitas?

La respuesta es simple: A Estados Unidos lo último que le interesa es combatir el narcotráfico; lo usa como pretexto intervencionista. Si alguien aún lo duda, pregúntele a Maduro.

Este es el espantoso escenario que la derecha busca imponer en Latinoamérica ya sea por las buenas, mediante procesos electorales, o por las malas como en los llanos venezolanos, donde EU ha hecho la vida imposible desde el minuto uno del gobierno primero de Hugo Chávez y luego de Maduro, y Trump ya dijo que permanecerán sus tropas hasta la consumación de una transición política democrática… a gusto del invasor.

RESCOLDOS

Hizo bien la Presidenta Sheinbaum al condenar el bombardeo gringo que dejó medio centenar de muertos en Venezuela para secuestrar a Maduro. Y aunque dijo que México se apegará a la doctrina Estrada, que exige respeto a la soberanía pero a la vez la solución pacífica de las controversias –algo así como que cada quien se las arregle como pueda–, habrá que esperar los rugidos cavernícolas de Trump contra nuestro gobierno…

Quien demostró repugnante descastamiento fue el canciller gringo Marco Rubio. Con raíces bien arraigadas en Cuba, la tierra de sus mayores, dijo que el gobierno de Miguel Diaz Canel debe poner sus barbas en remojo. Falso. Con un loco peligroso en la Casa Blanca nadie, ni sus correligionarios, está a salvo del acoso y el derrocamiento…

Mientras en la ONU y la OEA se desperezan y curan sin prisas la resaca navideña, la pregunta recorre nuestro continente de punta a cabo. ¿Quién sigue? ¿Cuba, Colombia, Nicaragua, México?

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

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