CONTRAFUEGO || Inaplazable reforma electoral

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Aurelio Ramos Méndez

Que el PRI y el PAN no aprobarán la reforma electoral cualesquiera que sean los términos de ésta, es algo más cantado que Cielito Lindo. Lo pasmoso ahora es que la opinión nacional acaba de conocer por el periodista José Carreño Carlón la total resignación del PRIAN respecto a la inminente concreción de esta reforma por el morenismo y sus aliados.

Uno de los indicios más claros de que aquellos partidos denegarán respaldo a las modificaciones de la normatividad electoral asomó en julio pasado.

El salinista Instituto de Estudios para la Transición Democrática mangoneado por José Woldenberg presentó entonces una propuesta alternativa de reforma, que en realidad fue una declaración de absoluta incompatibilidad de intereses y objetivos con los de las instituciones de la República.

Avalada por un centenar de abajofirmantes –entre otros Carreño–, tal propuesta dizque orientada a procurar el diálogo con el oficialismo en realidad buscó dinamitarlo, pues desconoció de plano el carácter representativo y la constitucionalidad del Poder Legislativo. 

Sus promotores instaron a las fuerzas políticas “comprender” que la discusión de este tópico “ocurrirá en un contexto fuera de toda normalidad constitucional”.

Le atribuyeron a la cámara baja una integración “inconstitucional e ilegal” y al Senado haber sido conformado “mediante la extorsión y la amenaza”. Curiosa noción de la democracia y de disposición al debate.

Director de Comunicación Social de la Presidencia de Carlos Salinas de Gortari, Carreño develó la virtual rendición opositora en el periódico digital La Aurora de México.

Dio a entender, a socaire del poema España, aparta de mí este cáliz, de César Vallejo, que para la oposición toda o una nutrida parte de ésta, la electoral puede tenerse ya por una reforma consumada.

Es así al menos para la porción opositora orbitante alrededor del expresidente y, ahora también está claro, de otro Salinas: Ricardo Benjamín, el de TV Azteca.

El columnista tituló su texto Si cae la prensa -digo, es un decir-, paráfrasis de la endecha del peruano en el poema referido, en el cual éste les habla a los niños del mundo.

“Si la madre España cae –digo, es un decir—salid, niños del mundo, ¡id a buscarla!”, dice y repite el poema XV del volumen que –Carreño se encargó de ilustrarnos– fue publicado de manera póstuma, en enero de 1939.

En tal hipótesis –si la prensa cae–, anticipó sombrío el exvocero presidencial, “la vida pública podría volverse irrespirable”. 

Regresaremos a los tiempos del “partido oficial prácticamente único”, como dijo en su momento Salinas de Gortari.

O, podría también decirse, como en los tiempos de “Enrique Maromas y Maromas”, como la vox populi motejó en los 60 al periodista Enrique Ramírez y Ramírez, director del oficialista El Día, donde Carreño brilló como reportero.

Por todo ello, coronó su texto con una acotación que de manera voluntaria o involuntaria estableció un paralelismo entre la atinada intuición del inevitable fracaso republicano y el curso de la reforma electoral.

El escritor –dijo Carreño—produjo aquella obra cuando “se vivía el principio del fin de la guerra civil española y se vislumbraba la inminente caída de la República. 

De esta manera –recalcó–, la formulación condicional del verso de Vallejo: ‘Si cae España –digo, es un decir—´, se había vuelto ya, en realidad, una dolorosa certeza”.

El exvocero presidencial señaló que a más tardar el último día de abril, cuando concluirá el periodo ordinario de sesiones del Congreso, “probablemente habrán caído los últimos bastiones institucionales de la República para instaurar una autocracia de hecho y de derecho”.

Quedará entonces –según su criterio– sólo un vapuleado bastión civil para el ejercicio de las libertades democráticas: la prensa independiente. Tal como dejan verlo los “trascendidos” sobre “la destrucción de los reductos finales para la competencia electoral”.

Se refirió a una reforma –la séptima en seis décadas, si se cuentan la de 1963 que instauró los diputados de partido y la incipiente apertura de Luis Echeverría, o quinta si se suma a partir de la lopezportillista, de 1977—que si bien ya fue sometida a discusión nacional su profundidad y alcance todavía no se conocen. 

La iniciativa presidencial correspondiente llegará al Congreso en unas tres semanas, aunque ya se percibe cuáles aspectos son insoslayables. 

Los puntos medulares han estado a debate público desde hace lustros. Y hasta han merecido el consenso de no pocos amnésicos que hoy niegan sus posturas de antaño.

Los legisladores plurinominales tendrán que ser borrados de la ley. ¡Qué bueno! 

No se necesitaba convocar a foros públicos y abiertos para tomarles el pulso a los ciudadanos respecto a este punto. 

Creada para propiciar la representación legislativa de las minorías, la figura de los pluris –primero cien y luego 200 curules– ha servido para colar al Congreso parientes, esposas, novias, amigos e incondicionales de caciques y dirigentes partidistas.

O, a exfuncionarios pillos urgidos de fuero, como le consta a la nación entera y es comprobable.

Menos aún puede ser ignorada la exigencia social de podar en cuantía drástica el financiamiento de los partidos y el costo operativo de las elecciones.

Es falaz afirmar que el sostenimiento público aleja a los partidos de la tentación del dinero sucio. Semejante argumento busca hacer creer que en la actualidad no entran a la política y las elecciones dineros calientes. 

En cuanto al mundo de recursos elección tras elección canalizado al INE, es imperioso decir “¡hasta aquí!”. 

Resulta irritante que la clase política haya complicado hasta la aberración y vuelto desmesuradamente costoso el hecho simple de contar los votos uno por uno.

La reforma requiere de los ciudadanos ojo avizor, porque sobre ella rebosa la hipocresía de todos –todos—los partidos.

Al margen de los declarados opositores, muchos de quienes vociferan en contra de los plurinominales, por ejemplo, en realidad procuran la muy conveniente –para ellos—perpetuación de estos.

Y entre los que exigen cercenar las prerrogativas partidistas, menudean quienes a escondidas les ruegan a todos los santos que sigan la farra y el derroche. 

Es el momento de decir “¡basta!”.

Si las reformas electorales fuesen índices de la robustez democrática, el nuestro sería sin duda el país más democrático del mundo.

A la reforma del 77 siguieron la de 1986, de Miguel de la Madrid; dos de Salinas: en 90 y 93, y la de Peña Nieto en 2014. ¡Y es cosa nada más de ver cómo estamos!

De modo que con el PRIAN o sin el PRIAN, cuyos dirigentes a diario alharaquean y gritan a todo pulmón que –¡uy, nanita!– ya se instauró la dictadura, es de verdad inaplazable una reforma electoral genuina y depuradora.

Veremos.

BRASAS

¿Quiénes son –favor de presentarse con nombres y apellidos– los dueños o concesionarios de medios de comunicación a quienes el gobierno ha intimidado o intentado intimidar, con objeto de incorporarlos al equipo de aplausos sincronizados a su favor, que supuestamente se extiende por todo el territorio nacional?

Y, más específicamente, ¿a cuáles propietarios de medios –alzar la mano y pasar al frente sin empujarse– el gobierno actual o el precedente “doblegó” o ha intentado hacerlo con ese mismo tiránico propósito?

Salvo el inefable Ricardo Salinas Pliego, no se sabe de ningún otro magnate periodístico que se haya dicho, por propia voz, perseguido, acosado, presionado o doblegado por el gobierno.

Se sabe, eso sí, de columnistas que a diario denuncian que en nuestro país a los periodistas se les insulta e intimidad desde el poder, con el uso ilícito de información fiscal, espionaje y guerra reputacional.

Afirmación ésta supremamente debatible, que sin embargo podría admitirse en gracia de discusión. 

Duros señalamientos –¿injustos, veraces y razonables?– han sido lanzados a lo largo de siete años, a los ojos de la nación entera, en la conferencia presidencial matutina.

Cualquiera que sea la realidad, ya va siendo hora de que los dueños o concesionarios de medios –sobre todo los de mayor influencia o cobertura— se armen de coraje y valor civil y abandonen el mutismo.

Que les digan a los mexicanos con profusión de detalles, nombres, apellidos y pruebas verificables, si es verdad que desde el gobierno se ha intentado doblegarlos.

Hace rato que la prensa, radio, tv y plataformas digitales han estado en el centro del debate político.

Y hasta podría afirmarse que salvo no raras sino extravagantes excepciones, están alineados en el conservadurismo, en la más furiosa oposición. Es cosa nada más de abrir bien los ojos para leer o ver la tele, o recorrer el dial y parar la oreja.

Los dueños de estos canales de comunicación tienen la palabra.

Es imperioso que se hagan oír para develar de qué lado está la mentira. Para saber si de verdad es necesario abrir nuevos caminos a la libertad de expresión y el desafío de la censura.

RESCOLDOS

Los nuevos cruzados contra la mentira deberían despejar esta incógnita. ¿Le ha entregado o no el gobierno gringo al de México una lista de políticos vinculados con grupos criminales? Periodistas famosos por no dar pie con bola cotidianamente afirman que sí. La presidenta Sheinbaum, la semana pasada, dijo con singular énfasis: “Nunca se ha tocado ese tema. Nunca. Ni en las reuniones del acuerdo, del entendimiento que se tuvo con Estados Unidos, al que les damos seguimiento cada mes… nunca se ha tocado ese tema, ni en las llamadas por teléfono, ni en las reuniones. No ha habido tema con eso”. Y, hasta donde se sabe, nuestra Jefa del Estado no ha sido desmentida por de manera formal por el gobierno estadunidense…

Desde los cuatro puntos cardinales y todo el arco ideológico alrededor del mundo le han llovido críticas a María Corina Machado por haberle regalado a Trump la medalla de su Premio Nobel de la Paz. En Noruega los medios consideraron el gesto “patético”, “insólito” y “ridículo”. En México, los corinistas se quedaron mudos. Bien visto el asunto, hay que agradecerle a la venezolana. Con su actitud rastrera probó que en la carrera por el Nobel el pederasta y mandatario gringo perdió aplastado por el No; mereció solo un voto. Uno y nada más.

Mueven a risa y a la vez la indignación los desnacionalizados que, sin el más leve disimulo, piden que ahora sí México sea como Venezuela. Que a nuestros lares entren los matones del Nobel patito y se lleven a quien quieran.

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

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