CONTRAFUEGO || Schererzada, las mil y cinco noches

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Aurelio Ramos Méndez

Julio Scherer Ibarra pasó mil cinco noches como Consejero Jurídico de la presidencia y de esa experiencia inmersiva en el cogollo del poder acaba de coproducir un libro colmado de infidencias, inculpaciones, resentimientos, intrigas, conjeturas y hasta insinuaciones de asesinatos, que real o supuestamente develan entresijos de la 4T.

Ni venganza ni perdón, es el título de la colección de historias que ciertamente no constituye una compilación de chismes, porque tiene el mérito de hacer señalamientos con nombres y apellidos, lo cual deja a los afectados en aptitud de defenderse y a los autores frente al riesgo de exhibir su perversidad y atenerse a la punibilidad. 

A juzgar por los adelantos y filtraciones, o narraciones y glosas de quienes han culminado la lectura, puede afirmarse que la obra difícilmente causará un cataclismo en el gobierno y su partido, a despecho de quienes la consideran una bomba de varios megatones.

Ha dotado, eso sí, de un arsenal inagotable a los voceros mediáticos de los adversarios del régimen, cuya estridencia ha resultado inocua porque la gente ahora los conoce y sabe que los motiva el dinero.

En todo caso, acabará por probar la sabiduría del dicho según el cual la calumnia, cuando no mancha, tizna, tan citado por quien fue amigo, jefe, hermano y valedor político de Scherer, el expresidente López Obrador. Rara noción de la fraternidad y la gratitud.

Las “revelaciones” ya eran someramente conocidas por la opinión pública, gracias a filtraciones de prensa ejecutadas, entre otros (adivine el improbable lector por quién o quiénes), ¡por los firmantes del volumen de Planeta, en modo periodista!

Scherer, abogado de profesión y según su perfil público también escritor, ¿necesitaba amanuense para decir lo que dijo y exponerse a la mofa de “el escritor ya tiene quién le escriba”? ¿De quién es responsabilidad cada volada contenida en el libro a cuatro manos?

Entre lo más escabroso del texto, con graves implicaciones jurídicas, está la acusación de encuentros del exvocero presidencial y actual coordinador de asesores de la Presidencia, Jesús Ramírez Cuevas, con huachicoleros luego asesinados o echados como testigos protegidos en brazos del gobierno estadunidense.

Y la absurda afirmación de que con una bolsa de 27 mil millones de pesos –¿del erario, del huachicol, de su peculio?—Ramírez Cuevas operó el otorgamiento de pensiones a “esquiroles” del SME comandados por Rosendo Flores y al servicio de Felipe Calderón Hinojosa.

Montaña de dinero que, además, habría servido para comprar boots, periodistas y yutuberos, y para inyectarles recursos a campañas electorales de gobernadores que –debe entenderse– son menos morenistas que calderonistas. 

Este desopilante sinsentido, repetido hasta la náusea por los voceros mediáticos, lo único que devela es el odio cerval de los autores y los más pesados miembros de la comentocracia deschayotizada a Ramírez Cuevas, el funcionario a quien consideran culpable de su ya largo ayuno crematístico.

Las narraciones, genuino escopetazo cuya dispersión de perdigones ha alcanzado hasta a las mascotas de los líderes cuatroteístas, pinta a los gabinetes de AMLO y de la presidenta Sheinbaum como sacos de perros y gatos. No hay tal. 

En 29 capítulos y 344 páginas el libro rezuma bilis intensamente amarilla. De Manuel Bartlett dice que por error fue nombrado al frente de la CFE, pues desconocía el sector eléctrico e ignoraba lo que tenía que hacer.

De Alfonso Durazo, que fue designado en Seguridad Pública por el criterio de 90 por ciento de lealtad y 10 de conocimiento. Y Olga Sánchez Cordero en Gobernación porque el Presidente quería ahí a una mujer.

Y que Alejandro Gertz Manero llegó a la Fiscalía por olvido del Peje, nombrado a la carrera y a propuesta de Durazo y suya (de Scherer), en un estruendoso disparo por la culata.

Los cuentos de Las mil y cinco noches lo único que revelan es que a Scherer Ibarra el resentimiento lo carcome hasta la médula, y que ya no le importa arrastrar el apellido ni iniciar la demolición del pedestal de su progenitor, el periodista Julio Scherer García.

El ex Consejero Jurídico salió del gobierno entre gruesas acusaciones de corrupción y su protagonismo en la firma del libro de marras con el columnista Jorge Fernández Menéndez, traza curiosas semejanzas con pasajes… opacos, digamos, de la trayectoria profesional de su padre.

De Scherer García sus admiradores suelen omitir que, junto con Regino Díaz Redondo, su amigazo del alma y hasta compadre, y a quien el schererismo tiene por traidor y verdugo, pasaba la charola en la administración pública durante el gobierno de Luis Echeverría.

Por el despacho del secretario del Patrimonio Nacional, Horacio Flores de la Peña, por ejemplo, según narración de Vicente Leñero en Los Periodistas.

Hijo de un dirigente del Partido Comunista en su natal Argentina, Fernández Menéndez llegó a México en 1980 después de haber estado en Brasil y Suecia, huyendo –según ha contado– de la persecución de militares molestos por la fundación por él de un periódico universitario, Juventud Rebelde.

De este comunicador vale decir que pasó de una lista de sentenciados a muerte de la Triple A, la Alianza Anticomunista Argentina (AAA), a mediados de los 70, a una lista de speakers de la Conferencia de Acción Política Conservadora (CPAC), organización de ultraderecha financiada por Donald Trump.

A principios del presente mes, en Washington, Fernández Menéndez fue orador en ese foro y desembozado impulsor de las políticas gringas contra México.

Dijo por aquellos lares que el tráfico de fentanilo se sustenta en un trípode: China que provee los insumos, México que lo produce y EU que lo consume.

Que Los Chapitos se hicieron del mercado estadunidense de esta droga en 2019, mismo año en que AMLO “impuso la estrategia de abrazos no balazos con los traficantes” y comenzaban caravanas de migrantes hacia la potencia vecina.

“Se podía pensar que se trataba de una estrategia de pinzas: por una parte presionar con la venta de fentanilo y las muertes por sobredosis, por la otra con un enorme tráfico de migrantes, muchos de ellos enviados o expulsados de Venezuela, Nicaragua y Cuba.

“El empoderamiento criminal alcanzó niveles inauditos, obtuvieron enormes recursos, mientras gozaban de una actitud, por lo menos, ligera de las fuerzas de seguridad”. Así dijo el especialista en seguridad y el tema narco.

También podría decirse que pasó de defensor de la democracia gaucha a camarada de Felipe Calderón Hinojosa, considerado por la izquierda usurpador del poder, y quien en 2011 fue testigo de su boda civil, rumboso evento al que concurrió la crema de la crema del prianismo.

El vástago del líder comunista pasó también a empleado y promotor del presidenciable de ultraderecha, Ricardo Salinas Pliego, en cuyas televisoras ha laborado durante las últimas dos décadas. Triste destino, en clave de tango.

Desde 1985, como reportero de Unomásuno, el coautor de Ni venganza ni perdón empezó a dejar huella de su paso por gobiernos estatales, uno de estos el de Oaxaca.

En esa entidad formó parte, primero con Heladio Ramírez y después con Diódoro Carrasco Altamirano, de un nutrido grupo de periodistas, asesores, consultores y publicistas que la clase política local denominó “la legión extranjera”.

Los autores del polémico libro ya han sido instados públicamente por el coordinador de asesores de la presidenta Sheinbaum a probar sus dichos. La pelota está en la cancha de ambos escritores.

BRASAS

El pasado miércoles (11) el gobierno gringo se espantó con un globo de cantoya que supuso un dron de narcos y ordenó el cierre por diez días de su espacio aéreo, entre Texas y Nuevo México, lapso que terminó reducido a sólo cuatro horas.

El asunto no sería para descostillarse de la risa, si no fuera porque en esa zona, en teoría, la extrema vigilancia de la principal potencia hemisférica no deja pasar ni el aire. 

Allí se hallan –según voceros oficiosos del Departamento de Estado– la tercera base militar más grande de EU, Fort Bliss, y un Centro de Inteligencia de la DEA donde se recoge y analiza información de 21 agencias policiacas y de fisgoneo.

La Administración Federal de Aviación adujo que no era seguro para naves comerciales y civiles volar a menos de 18 mil pies y el secretario de Transporte aseguró que el Departamento de Guerra habían neutralizado drones de cárteles mexicanos. 

Secundó tal patraña la fiscal Pam Bondi, pero fueron todos desmentidos por legisladores, líneas aéreas y el alcalde de El Paso, Renard Johnson, quienes aseguraron que no había amenaza alguna de narco-drones.

El tema de los drones en la frontera, a decir de los enterados, inquieta a EU desde hace poco más de un año, cuando la administración de Joe Biden manifestó preocupación por la expansión tecnológica de China en México.

El cierre chambón no afectó el espacio aéreo de nuestro país, pero en honor a la verdad el Tio Sam tampoco andaba errado.

Tras el cierre del cielo texano y el relampagueante levantamiento de la medida, quedaron revoloteando dudas acerca de qué fue exactamente lo que ocurrió.

Al final salió el peine. Se impuso la versión de que la potencia hemisférica destruyó un globo aerostático armado con bambú, hilo, pegamento, parafina y ¡papel de china de última generación!

RESCOLDOS

La Fiscalía General de la República ya tiene a su alcance al exgobernador de Michoacán Silvano Aureoles, prófugo desde febrero de 2025. Está acusado junto con un pelotón de sus excolaboradores, de peculado, asociación delictuosa y lavado de dinero. Desvió tres mil millones de pesos en la construcción de cuarteles policiacos. La FGR acaba de formalizar una petición de extradición en contra de dos compinches del exmandatario: Guillermo Loaiza Gómez, ubicado en Argentina, e Israel Patrón Reyes, en Estados Unidos. Otros andan a salto de mata y otros más ya están en encarcelados…

aurelio.contrafuego@gmail.com

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad del autor y no reflejan necesariamente la postura o el pensamiento de “Al Margen”. La empresa periodística se deslinda de cualquier comentario o punto de vista emitido en este texto, ya que estos corresponden al criterio personal del articulista. 

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